—Me puedes prestar tu móvil —le digo mientras caminamos, ella asiente. Sin detenernos saca su móvil de su cartera, me lo entrega y yo hago lo mismo, con temblor en mis manos logro marcar el número del teléfono que tiene la señora Katia. En el segundo repique ella contesta, sabe que este número es de Isabel, ya que lo he guardado por cualquier emergencia. Sin rodeos le digo que ahora que rizo no está en la casa que le diga a mi abue que prepare las maletas porque se tiene que ir de ahí, no es por asustarla y menos que alguien nos está siguiendo, solo que no puedo estar más tiempo con lo mismo, ya que ahora se me ha presentado algo sumamente importante y que no le ofrezco que se venga conmigo porque tengo presente que ella es leal a la persona que ha sido como su hijo. —Dame una razón par

