—Felicidades —dice mientras me siento—. Necesitamos hacer otra cita. Se la dejaré en cuatro semanas—ella perjura que tengo intenciones de regresar y mientas me observa la enfermera viene hacia mí y me quita el catéter, parece que ya estoy estable—. En este momento podemos determinar las semanas exactas de su bebé y establecer una fecha de parto probable. Puede vestirse. ¡Qué fácil! Es una noticia que aún no puedo procesar y sin tapujos me dice que debemos hablar sobre el parto. ¡No! No estoy segura de lo que haré y de lo que pasará en mi vida. —Gracias —me levanto y me visto a toda prisa. Tengo un pequeño bebé dentro de mí. Cuando termino de vestirme, la enfermera nuevamente me lleva a la cama, aunque no quiero acostarme en estos momentos, ya que lo único que quiero es irme a encerrar

