—Lo siento abue, te prometo que te traeré una sorpresa y me lo agradecerás. —No me digas que me comprarás un teléfono para comunicarme con Katia por Telegram o w******p. Resiste Ekatenina, nada de esto hubiese pasado si no te hubieses escapado. —No tardaré abue y mejor ve a tu habitación, ya que la novela empezará. —No, mejor me pondré a cocinar y a hornear galletas. —Aaaahhh…. —suelto un grito. —¿Qué pasa? —viene mi abue hacia mí. —He engordado abue, ya no me quedan los pantalones, sabes la frustración que tengo de ya no ser tan sexi… ¡Abue, me veo fea y gorda! —me quejo tras intentar subirme el pantalón, pero las enormes llantas de carne que me cargo hacen que me vea demasiada tripuda… Ay, voy a llorar. —Niña —me suelta una palmada en el hombro—, eres una completa loca, entiende

