Capítulo 9

1009 Palabras

—Jefe, debe olvidar a… —Ella es mía cobra, desde que apareció en mi vida y no para joderla, apareció para salvarme —me detengo en seco—, no me contradigas. —Sí, entendido jefe —asiente. —Ahora vamos porque tengo que ver esta puta herida que me está doliendo hasta el culo —le señalo y él y los demás hombres se apresuran a abrir la puerta trasera de la camioneta.  En algo no se confundieron esas mujeres y es que yo estoy más tiempo en Moscú, pero ahora me quedaré por más tiempo en esta ciudad de San Petersburgo.  Ekatenina.  Bandido… Maldito ladrón de besos. ¡Nooo…!   Caigo al suelo, me quedo perpleja, llevo mi mano hacia mis labios, ¿qué es lo que acaba de pasar? ¿Qué es lo que dijo? ¡Que soy su enfermera!  Aaaahhh… Ahora papá Dios, que es lo que acaba de pasar, me diste la oportuni

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