—No me mates, hice todo lo que se me ha ordenado, te saqué la bala y eso que no fue fácil porque no estoy certificada, ¡podrías morir!, por favor no me mates, te lo suplico, no me mates —dice entre lágrimas.
No, no te quiero matar.
—Qué raro, hace un momento tenías agallas de enfrentarme, hasta pude entender que deseabas morir ante que matar a ese infeliz —siseo entre dientes al recordar a ese puto de mierda—, porque el cambio radical, ¿crees que esa mierda te protegerá de mí?—doy un paso a delante y ella retrocede—, te puedo enseñar mi lado oscuro, ja, ¿crees que este es mi lado oscuro? Enfermera… enfermera… enfermera, detesto que me desafíen, detesto que me engañen de esta manera.
—Lo siento, pero es que él no tiene por qué morir, mi abue y él no tienen que morir por mi culpa, lo siento, no fue mi intención hacerle pasar un mal momento —sisea, baja la mirada.
—No sé cómo confiar en ti, intento averiguar cómo podría darte un voto de confianza, pero es que me la dejas difícil.
—Prometo que no le diré a nadie y mi abuela no dirá nada, sabe que aquí estoy yo y ella no permitirá que me suceda algo —dice en un hilo de voz—, lo siento de verdad.
—Mmm…
—Sí, lo siento por no servirte el desayuno, por no ser completamente servicial —dice tras retroceder.
Yo avanzo hasta estar a unos centímetros de ella, la empujo contra la puerta. Le sujeto la cara entre mis manos, retengo su cuerpo con mi peso, aunque sienta un gran dolor en la herida. Acerco mi nariz a su suave cabello, aspiro fuertemente mientras la rabia y el deseo se combinaban en un coctel embriagador y explosivo. Sin pensarlo atrapo sus labios con los míos y nuestros dientes chocan, pero yo consigo profundizarlo más.
Mentalmente doy un grito de triunfo al sentir que sus brazos trascienden entrelazándolo en mi cabello. Gruñe sobre mi boca, lo que me permite penetrar más hasta el fondo.
Ella se desata y entrelaza su lengua con la mía. Me encanta. Su voracidad es inesperada. El deseo prende fuego a mi cuerpo lastimado, como incendio. Qué raro, siento que la deseo y ella también lo desea.
De un impulso de dominación lanzo un gruñido, la sujeto con la una mano por su cuello mientras nos besamos. Con la mano que me queda libre viajo descendiendo por su cuerpo, descubriendo sus curvas; sus pechos, su cintura, su culo. Sentir su cuerpo.
Resulta embriagador, y la deseo como jamás la he deseado. Gime, ese sonido embriagador hace que me pierda y que mi pene me palpite hasta sentir un fuerte dolor.
Nooo… Me tengo que tranquilizar, tengo que alejarme de ella, todo esto es un arranque del que no soy consciente.
—No trates de ocultar lo que sientes y de lo que yo provoco en ti —gruño, y me esfuerzo por alejarme de ella mientras me tranquilizo.
Ella se queda perpleja, luego de asimilar lo que acaba de suceder se dobla sobre sí misma, apoyando las manos en sus rodillas, e intentando volver a respirar con normalidad.
—No comprendo lo que acaba de suceder aquí —dice en un hilo de voz—. ¿Qué es lo que te sucede? ¿Por qué lo hiciste?—ahora se siente ofendida y abusada.
Llevo mi mano a la herida de bala, me está doliendo, me quejo del dolor. Esto me pasa por pasarme de listo sin recordar que tengo una herida de puntos y que cualquier movimiento puede causar que los puntos se abran.
Ella viene hacia mí con mucha preocupación, me pregunta cómo estoy, y yo me quedo sin palabras. ¿Qué es lo que hice? ¿Por qué me comporté como un completo imbécil?
—Gracias por salvarme la vida, no te haré daño, pero tú también no me provoques y menos mientas —mascullo con voz ronca—, no me delatarás porque sabes que te encontraré hasta debajo de las piedras, no soy un simple mafioso enfermerita, soy más que eso y es mejor que seas mía, que de otro.
—De qué estás hablando, te he prometido que no diré nada.
—Volveré, y recuerda estas palabras, no te quiero ver con el gay, eres mi enfermera y de nadie más —mis palabras crecen en su cabeza, no sé lo que digo, ya que esta vez dejo que hable la otra persona que está dentro de mí.
Ella no puede ser mi tipo, pero no negaré que ella tiene un toque del que deseo tener a mi lado, ese carisma, esa fuerza de voluntad y las ganas de proteger lo que es suyo.
—Yo…
—Ssshhh… Adiós, espero que te portes bien —llevo mi dedo índice hacia su boca.
Alzo la voz y llamo a cobra para que entre por mí y mientras tanto me quedo viendo el rostro anonadado de la enfermera, no sé si mis palabras le afectaron, pero debería de sentirse afortunada que ahora mi interés crece y crece.
Cobra entra por mí y me dice que mi herida está sangrando e inmediatamente para no ser ningún escándalo le digo que es tiempo de irnos, ya que nuestra enfermera recalcó que un médico me tiene que ver con mucha emergencia. Debo obedecer, ya que es por mi salud.
—Jefe, pasa algo —pregunta cobra tras salir de la casa de la enfermera—, es que…
—Quiero que la tengas vigilada, necesito saber todo de ella y lo esencial, cuantas veces ve al gay del vecino, ya que no me creo ese cuento de que su novio es el vecino —bufo, sin quitar mi mano en mi abdomen camino hacia la camioneta que me espera y mientras camino mis ojos examinan el lugar donde estoy.
¿Dónde es que vive el vecino?
Este vecindario es como un residencial para pobres, humilde, pero no es de mi estilo.
Solo recuerdo como cobra y yo tuvimos que huir con el enfrentamiento de mi tío, ese maldito traidor. No me comportaré como un niño del que va a ponerle quejas a su padre, yo me encargaré de todo, ya que todo esto se convirtió en algo personal.