Aquella dura noche encerrada en una celda para lo único que sirvió fue para dejar adolorido el cuerpo de Elena, quien tuvo que ir a trabajar a la mañana siguiente, dando bostezos y tropezones de por medio.
Porque realmente estaba agotada y no podía más ni con su propia alma.
Todo era extrañamente gracioso, la manera en que las circunstancias se prestan para hacerla pasar un mal momento lleno de bochorno y desesperación -Más de la que se podía percibir en el ambiente que ella misma creó- Lejos de parecer una damisela en busca del amor de su vida pareció un loca necesitada y urgida por conseguirse un marido.
Y entre esa y la Elena actual no había mucha diferencia.
Y cuéntanos, mariposilla — Y de nuevo con los apodos, ¿Acaso la gente no se sabía su nombre que tenía que ponerle molestos sobrenombres que ella no pedía? — ¿Qué tal te fue con tu ''CDC''?
— ¿CDC? — Preguntó más confundida por la pregunta que por el hecho de que aquella mujer de cabello teñido de rojo conocida por ser tan egocéntrica y narcisista le hablase.
Ella solamente rodó los ojos mientras una burlesca sonrisa se asomaba en su boca — Caza de citas, o debería ser Caza de marido. — ¿Cómo se había enterado ella de eso? — Hay que ver que para las mujeres como tú ni los milagros son suficientes.
No sé de qué hablas, Kim — Contestó, volteando la cabeza para volver a centrarse en limpiar la mesa.
— No te hagas, Elena. Liz te vio ligando con un hombre casado. Es que no puedes estar en tu peor forma — Y allí ella detuvo su limpiar, para encarar a aquella mujer tan molesta. — Pero bueno, mi turno recién termina. Y como Christian es un amor me llevará a mi casa, y quien sabe... — Se acerca a susurrar — Tal vez consiga que se quede conmigo.
— Sí, claro — Con lo mal que habla Christian de ella y su séquito Elena realmente lo dudaba. Pero como el mundo da mil vueltas, no podría apostar aquello.
— ¿De verdad crees que me desperdiciará por ti? Te crees demasiado.
— Como digas, suerte con el Caire*.
— ¿Caire? Oh sí, seguramente y me va mucho mejor que a ti.
Pero Elena sabía que ella no había entendido qué significaba.
Se lavó la cara múltiples veces, respiró hondo y se tomó un Té para calmar la ansiedad por ir corriendo a golpear a aquella mujer tan maligna. ¡Siempre era así!
Cuando Elena se iba a casar, allí estaba diciendo ella: ''Se va a casar porque de seguro la embarazaron'' cuando su prometido la dejó ella estaba allí para decirle: ''Te dejaron por mosca muerta'' y la gota que colmó el vaso fue el hecho de que gracias a ella todos la conocían como ''La solterona cuyo único chance de conseguir marido se fue''
¿Y si sabía lo del reto?
¡No podría soportarlo!
— Llevas pensando tanto tiempo que me preocupas, ¿Tienes fiebre?
— Ja, muy gracioso— Achinó los ojos y arrugó la boca haciendo una mueca de fastidio en cuanto el rubio y sus narices se asomaron por la puerta del cuarto de descanso para los empleados. — ¿No deberías estar llevando a Kim a su casa? Me dijo que te lo pediría.
— En primer lugar: Sabes lo que opino de la silicona en exceso y en segundo: ¡Hey! yo no te obligué a decirles al trío de brujas que anduviste ligando por el parque y que te fue tan mal que paraste en la cárcel.
— ¡Yo no les dije nada! Me vieron... — Allí quiso encogerse y desaparecer instantáneamente, Chris no hiso más que estallar en risas y eso el hiso avergonzarse aún más.
— Es que de verdad traes mala suerte — Se secó una lagrima que brotó de su ojo derecho de tanto reír y respiró, tratando de conservar la calma. — Venga, no fue para tanto.
— Tus intentos de hacerme sentir mejor no ayudarán, los dos sabemos que si fue malo. Y en exceso. ¡Quedé como la más grande imbécil de todo el mundo!
— Aquí no se desmiente a nadie — Él levantó ambas manos en señal de paz.
— Te Odio.
— Me quieres.
— Bajo tierra.
— Auch. — Se llevó la mano al pecho y fingió que le dolió de una manera bastante dramática, Elena soltó una risilla — Aún te quedan 28 días, seguro encontrarás a algún necesitado que se conforme contigo.
— ¡Cállate idiota! — Y entre risas Elena le lanzó su zapatilla de trabajo, la cual fue perfectamente esquivada por él. Pero aún había algo que le incomodaba y debía preguntarlo — Oye Chris... Cuando me llevaste al parque, estabas molesto... ¿Por qué?
Christian solo suspiró, realmente ella había notado su manera de actuar. La cual fue bastante errada — Por tu culpa.
— ¡¿Eh?! ¿Ahora qué hice?
— Me hiciste elegir entre la muñeca que tenía por cita o irte a llevar al parque para satisfacer uno de tus tantos caprichos de niña malcriada atrapada en el cuerpo de una mujer vieja — Se llevó las manos a la cabeza y desordenó su ondulado cabello mientras recargaba su espalda de la pared.
— ¿Y por qué me elegiste? Pudiste haberme dicho y me hubiera ido caminando al parque, sabes que no me hubiera enojado.
Aprovechando el silencio que se terminaba de crear, él se acercó a ella y la tomó de la barbilla. Haciendo que esta levantase la mirada y le observara a los ojos, prestándole atención — No mientas, Elena — Habló, por fin — Sí te habrías enojado, te hubieras enfadado tanto que me borrarías de tus contactos y empezarías a ignorarme por haberte abandonado cuando prometí llevarte, te hubieras aparecido en mi casa a media noche con unas tijeras para amenazarme con ''Dejarme sin hijos'' si lo vuelvo a hacer mientras me haces prometer que nunca volveré a faltar a una promesa.
Elena no podía negar que la conocía bien — Entonces... ¿Lo hiciste porque me tienes miedo?
— Lo hice porque no quiero que me ignores. — Y la soltó, dejándola con unas muy sonrojadas mejillas. Luego de darle un pequeño zape para que volviera a la realidad, Chris añadió — Ahora deja de holgazanear, tonta.
Aún con las mejillas coloradas Elena apretó los puños — ¡No me digas qué hacer Bicho raro! ¡Y no me digas Tonta! — y él simplemente rió.
Ya no limpiaba mesas, ahora estaba en la caja registradora con una radiante sonrisa — Aquella conversación con Chris le había levantado lo ánimos — El local estaba abarrotado de personas por ser medio día, más que todo los que visitaban eran familias grandes.
Tras atender lo que fue su último cliente antes del cambio de turno que tenía, se había sentado en una silla y descansó los pies —Cansados de estar soportando su peso por lo que fue hora y media — Entretanto no pensaba en nada.
Eso hasta que su teléfono celular sonó.
Y realmente no se esperaba que la llamada fuese por parte de su mejor amiga — La persona con la que hizo la apuesta — ¿Que debía hacer? ¿Y Si contesta? Ella le preguntará por avances ¿Si no contesta? Ella dará por hecho el que no había avanzado nada.
Y a pesar de que era la verdad, Elena no podía permitir aquello.
Y contestó:
'' ¡Elena! Ya empezaba a dudar sobre si cargabas el teléfono celular encima o te habías deshecho de él para evitar mis llamadas '' — Y por esa manera en que su amiga la saludó, Elena decidió que haga lo que haga o diga lo que diga, igual no le haría caso.
'' No, ya sabes que trabajo y no tenía el móvil conmigo '' — Mintió.
'' Mujer, tu solamente trabajas y trabajas. Así nunca conseguirás que tu pretendiente se case contigo''
¿Acaso había escuchado bien?
''Carla, ¿Acaso dijiste 'Mi pretendiente'? ''
''Claro niña, me imagino que ya tienes varios ¿A que sí? ''
''Ajá ''— Fue todo lo que dijo, atónita.
''Bueno, me alegro porque deberás llevarlo para conocerlo el día de mi boda. Sabes que será dentro de poco tiempo'' — A Elena se le desencajó la mandíbula — '' ¿O acaso me estás mintiendo, Elena?''
‘‘¡Claro que no!'' — Volvió a mentir — ‘‘¡De seguro a él le encantará ir a tu boda en...! ¿Cuántos días exactamente? ''
''Diez''— Contestó su amiga.
'' ¡En diez días! OK. ‘‘— Y colgó la llamada.
Ahora sí la había liado horrible.
Suspiró, en un acto veloz sintió como alguien le derramaba un vaso de agua con hielo encima. — ¡No! — Pensó que había sido su contrincante, Kim. Pero al bajar la mirada solo notó a un pequeño niño de cabello castaño claro, quien la sacó la lengua y le pateó en la pierna. — ¡ESE NIÑO ENGENDRO DEL…! — No podía gritar, así que fue más como un murmullo alto sobándose la pierna, esperando a que se le pasase el dolor.
— ¿Se encuentra bien?
— Es la pregunta más estúpida que me han hecho desde que me caí y me preguntaron: ‘‘¿Te caíste?'' ¿Acaso no ve que un mocoso me empapó de agua y sabrá Dios que otras cosas y luego me pateó...? — Y se vio obligada a callar cuando vio a la persona que se acercó a preguntarle por su bienestar.
Era un hombre, le calculaba unos 34 años de edad. Alto de cabello castaño, quien la ayudó a recobrar la compostura y le extendió un pañuelo para que se secara.
— Mil disculpas, no sé por qué mi hijo ha actuado así... Lo siento muchísimo.
— ¿Hijo? — ''Alerta de hombre casado'' Elena se alarmó — Ah... Estoy bien, ahora con su permiso — Para evitar problemas con esposas enfurecidas — Yo me iré.
Pero él la detuvo — ¡Espera! Déjame invitarte a cenar como disculpa.
— Perdone pero, ¿Y su esposa? No creo que le agrade que me invite a cenar... — Y no sabía por qué. Pero Elena estaba rogando que él insistiera.
Pero debía hacerse la dura, almenos un poco para no aparentar demasiado desespero.
— Soy Viudo.
''Aleluya, los milagros existen''
— ¿Entonces cenarás conmigo?
— No lo sé...
— ¡Por favor!
No se pudo resistir a los ojos de cachorro que le puso — Está bien...
Se veía un buen sujeto, capaz y sea un candidato a pretendiente,
Pero con lo sucedido en el parque, Elena sabía que no debía esperanzarse demasiado.
Al terminar de darle la dirección de su casa para que ''La pasara buscando'' a Elena se le pasó un mal presentimiento por la cabeza.
Pero como todo inicio tiene un final.
Con que el de ella se adelantara no importa.
En su casa se arreglaba lo mejor que podía, ya no era aquella adolescente que pasaba horas y siglos enteros arreglándose para verse bonita delante del chico que le gustaba.
Ah, aquellos días.
Cuando Elena tenía la juventud a flor de piel solía ser una jovencita enérgica y llena de alegría, esparciendo su brillo ante el mundo entero y no le importaba lo que los demás opinaran de ella, tenía toda una vida por delante para descubrir lo que quería hacer y con quien deseaba hacer su vida.
Pero ahora solo era los escombros que aquella joven dejó al crecer.
Porque a pesar de no querer verlo así, a pesar de saber que veía la vida con los ojos inadecuados, Elena sabía que no todo era felicidad y amor.
Ella creía en que su amor verdadero nunca la abandonaría, y ya ven. La dejó a la primera oportunidad que le salió y ahora ¿Qué tenía? Sin chances de casarse, sin casa propia y desesperada por cazar esposo gracias a una apuesta que hizo por estar embriagada en un mal momento.
— ¡Llevas más de una hora allí, me hartas! — Ah, había olvidado la presencia de Chris en su casa. Ahora estaba tocando incesantes veces la puerta y estaba comenzando a fastidiarle. — ¿Gustas salir?
— Ah, ya salgo. — Contestó. Sin tener ni la más miserable idea sobre cómo fue él a parar en su casa.
Fue algo tipo: ''Aquí estoy, ábreme la puerta o me veré obligado a entrar sin permiso''
Chris bufó repetidas veces y se adentró a la habitación como siempre hacía. Ya era costumbre por parte de él.
Su historia se remontaba hacía más de ocho años, ambos eran jóvenes que cursaban sus estudios en la preparatoria. Como caso curioso se odiaban a muerte y se hacían la vida en el colegio un infierno inminente y aterrador para los demás que se veían involucrados en sus pesadas jugarretas.
Más allá de la amistad Elena y Chris siempre se vieron como hermanos de diferente madre, porque a pesar de todas sus diferencias y sus peleas por cosas absurdas y estúpidas. Ambos se protegían como si fueran familia.
Él siempre cuidó que no le hicieran daño, eso y que las pelotas de fútbol o de cualquier otro deporte se le estamparan en la cara, es decir, esa chica parece tener un campo de atracción con las pelotas.
Y ella cuidaba que no jugaran con él, aunque siempre era Christian el que estaba jugando con las mujeres.
En las buenas y en las malas, esa era el único motivo por el cual Elena soportaba las burlas constantes del rubio y sus pesadas bromas.
¿De verdad vas a ir a esa cita? — Jugó con aquellas figurillas de cerámica con forma de mujer campesina y otra que era más un hombre de ciudad, como siempre hacía cuando la visitaba. — No pensé que estuvieras tan loca como para aceptar ir a la casa de un extraño, bueno... Si lo pensaba pero no te creía capaz, con lo cobarde que eres.
Pero Elena rió — Si, estoy demente.
Arregló su cabello y se sentó en el sofá dónde Chris estaba ojeando una revista — Que él mismo había dejado con anterioridad, pero ese era un detalle que no necesitaba recordar —
— El fin de semana hay fiesta en casa de Kim y me pidió que te invitara — Elena ni le observó, extrañada y confundida por lo que le comentó de pronto y como si nada — A mí también me extrañó, pero quizás se trate de querer ser mejor persona.
— Ya veo... — Uno, dos, tres segundos pasados.
Y ambos estallaron en risas.
¿Kim buena persona? era más probable que un cerdito volara mientras carga una vaca en el lomo a que eso sucediese.
A fin de cuentas ya estaba lista, arreglada. Le dio la dirección al hombre que la invitó a salir para que supuestamente la pasara buscando -Cabe destacar que existía el riesgo de que no fuera o que la mandase a robar a mano armada, que en su mayoría, era peor- Pero había muchas cosas en riesgo, y no encontraría otra cita en quien sabe cuánto tiempo más.
— Creo que tu caballero te dejó plantada — Chris la observó de reojo con una sonrisa ladina — Dejó a su cenicienta con el vestido puesto y ropa interior de seda, pero aunque la mona se vista de seda….
Ya cállate — La castaña suspiró y se observaba una y otra vez en el espejo — No andes pensando nada raro, que solo me arreglé un poco. Ni que fuera a cenar con alguien tan galante como él vestida como una pordiosera — Chris se encogió de hombros — Que buen apoyo eres.
Nótese el sarcasmo.
Pero, en cierto modo cargaba razón. El hombre debía llegar a las 4 y ya pasaban las 6:00pm.
¿Será que le dejó plantada de verdad? ¿Después de la odisea que pasó con su hijo y después de tomarse la molestia de invitarla a cenar a quien sabe cuál lugar?
Elena no creía eso, le habían dicho con anterioridad lo confianzuda que era, sin embargo, ella nunca prestaba atención a aquellas cosas. Y no lo haría ahora.
Se quitó los zapatos — Bueno, mi caballero de brillante armadura no se apareció en ningún mom... — Cerró la boca, escuchó algo afuera. Como el claxon de un auto, ¿Era para ella? No lo creía.
Sin embargo, la única razón por la que salió fue porque el claxon de aquel vehículo no paraba de sonar y ya le atormentaba, no tenía nada que perder, si no era para ella preguntaría a quien iba a recoger y se haría cargo de buscarle, para evitar el molesto ruido que fácilmente conseguiría hacer que sus tímpanos se rompiesen en miles de pedacitos.
Claro, hiperbólicamente hablando.
— ¿Señor? —Y de nuevo, atraída por aquellos engatusadores ojos que le pedían disculpas por parte de aquel hombre, quien para su conveniencia, era el dueño del auto.
Y vaya auto. Su primera impresión fue contraria a la que esperaba.
Si conseguía atraparle y casarse con él lo primero que haría al divorciarse sería pedirle el carro.
''El candidato con dinero''
— ¿Qué esperas? Sube. — La invitó con una blanquecina sonrisa ladeada que la hizo derretirse y perder la cordura por unos cuantos segundos de nada.
Hasta que ALGUIEN tuvo que romper su burbuja.
— ¿Cuáles son tus intenciones con mi niña? — Por más que Elena trató de empujarlo y quitarlo del medio, Christian se le había adelantado.
— Las mejores.
— ¿Dónde vives?
— En el centro de la ciudad.
— Vaya, un hombre rico... Que buen ojo Elena — Se aseguró de gritar lo último para que la susodicha le escuchase. — ¿Eres casado?
— Viudo.
— ¿Qué edad tienes? ¿Alguna enfermedad? ¿Cuánto te mide?
— ¡Christian basta!
Christian ni le miró — Solo quiero averiguar con quien vas a salir, digo, para dar información a la policía cuando encuentren tu c*****r encerrado en el maletero del vehículo encendido en llamas.
— No le pienso hacer nada malo — El contrario rió por lo bajo.
— Por ahora.
— No te montes espectáculos como si nada, niño.
— ¿Niño? ¿Me estás diciendo niño? ¡No soy un niño!
— ¡Basta! — Detuvo Elena un potencial a pelea callejera que terminaría mal — Christian, ya debes regresarte a tu casa que es tarde, seguro hay una chica esperándote y tú aquí perdiendo el tiempo.
— Si estuviera alguna, no estaría aquí haciéndole un interrogatorio a un millonario solamente por hacer perder el tiempo.
— No tienes remedio —Y de un beso en la mejilla, se despidió de su compañero.
— ¡Espera! — ¿Y ahora qué? — ¿A dónde llevan a mi niña?
— ¿Es enserio, Alex? ¿Tú también? — La figura casi escultural del azabache se apareció agitada después de correr para alcanzar al grupo.
— ¿Yo también?
Y allí se encararon, los ojos de Christian y los de Alex. Como si de una batalla se tratase, ambos supieron una cosa:
Se caían mal.
La tensión del momento era sumamente incómoda, porque nadie hablaba. Se miraban entre los cuatro a la espera de que alguien dijese algo y rompiera con el momento desagradable.
— Bueno, ya me voy. Así que lárgate tú — Señaló a Chris — Tú también — Señaló a Alex, para luego dirigirse a Michael — Y si tú te llegas a ir me encargaré de...
Detuvo su amenaza en proceso, ¡Debía comportarse como la señorita que era!
Al menos eso le habían enseñado desde que era pequeña.
— ¿Ya podemos irnos? — Se irritó aquel hombre, luego de que Elena se quedara en silencio subió al vehículo y se marcharon. — Tus amigos son algo... ¿Protectores?
— Demasiado — Rieron — No sé, siempre ha sido así... Nunca puedo tratar de salir con alguien porque allí estarán ellos y otros más para arruinarme la cita y espantarme al chico, mucho duraste. Me sorprendes, señor.
Sí, ella no sabía el nombre de aquel desconocido.
— Michael, me llamo Michael — Se presentó — Y según tu identificación inscrita en tu uniforme te llamas Elena — Ella asintió — Entonces, Elena... ¿No has tratado de decirles que dejen de hacer eso?
— No me escuchan.
— No es cuestión de que te escuchen, es cuestión de que te hagan caso. Como señorita que eres puedes hacer lo que quieras y salir con quien quieras. O eso opino yo.
Y a Elena le parecía que tenía razón.
Al fin encontró a alguien que podía entenderla. Y no solo era eso, él desprendía un aura tan encantadora. Lo que ella necesitaba en su vida.
¿Acaso era alguna señal divina que le gritaba que él era el hombre con quien se casará? ¡No podía perderlo!
Pero, notó algo que le llamó la atención — No es por ser inquieta ni nada de eso pero, ¿A dónde vamos a cenar?
Se sonrojó y su corazón latió con velocidad cuando él dejó su mano derecha sobre la cabeza de ella y la despeinó un poco, en un gesto amable mientras sonreía — A mi casa, claro.
— ¡¿Qué?!
No sabía por qué, pero en ese momento se acordó de Chris, Alex y su mejor amiga.
Porque era tal y como ellos decían siempre:
''Elena, estás loca''
Si aquello era una casa cualquiera... Elena vivía en una pocilga.
Porque en definitiva aquello no era una casa, almenos no una común y corriente.
Ahora estaba la pregunta que no dejaba a Elena ni a sol ni a sombra: '¿Cenarían con aquel molesto niño que resultó ser hijo de su caballero de brillante armadura y flamante auto?' ¿Acaso aquel hombre era mafioso? Porque ni con el cuádruple del salario que ella ganaba al mes le alcanzaría para un lugar así, ni siquiera con vender su alma.
Aunque nadie iba a querer comprarla.
— Elena... No te vayas a sentir incómoda ni te vayas a enojar — La chica se preparó mentalmente para escuchar un ''Te llevaré a tu casa de vuelta, no puedo seguir con la cena'' aunque no quería ni remotamente escuchar aquello — Es que me hizo la vida de cuadritos durante todo el día — Esperen, ¿Acaso iba a decir lo que ella creía? — Cenaremos con Gabriel.
Suspiró aliviada — Uno más, uno menos... No importa realmente — Y tal vez si no funcionaba con Michael podría funcionar bien con Gabriel, nunca se sabía a decir verdad.
— Gabriel es mi hijo.
La mandíbula de Elena no podía estar más desencajada, se sintió fuera de órbita durante un par de segundos y luego reaccionó de golpe, ¿De verdad aquel hombre iba a hacerla cenar junto a su hijo, el cual hasta le había tirado un vaso de agua encima?
Eso sí que no.
Y se aseguraría de hacerle saber su inconformidad y descontento con eso... Después de la cena, no se perdería de explorar tan lujosa mansión por dentro. Obviamente.
Allí estaba ella, hecha un manojo de nervios a medida se acercaban ambos a la puerta principal, ya le empezaban a estorbar las pinzas que usó para peinarse y los zapatos eran una talla menos que la suya para hacer parecer que sus pies eran un poco más pequeños.
Sin contar que el vestido se alzaba a la mínima brisa.
¡Ay no! ¿Y si terminaba levantándosele el vestido? Mostraría las panties de ositos que se puso, ¿Eso no era sensual? ¡Ella no tiene idea de lo que es ser sensual!
Y su mamá nunca la dejó comprar ropa íntima con encaje.
Genial, ahora caminaba como un pingüino por estar sujetándose el vestido para que el viento no soplara en su contra y a favor de aquel hombre.
— ¿Te encuentras bien? — Realmente no, pero Elena asintió como si no estuviera tratando de ocultar nada — Adelante.
Quedó estupefacta, afuera era inmensa y por dentro... ¿Qué clase de órgano valía tanto como para conseguir aquella mansión? La idea de que aquel hombre fuese un mafioso no dejaba de rondar en su cabeza y sentía miedo. Respiró hondo, aún le quedaba mucho que aguantar y que descubrir.
— Ponte cómoda, iré a preparar las cosas — Anunció Michael desabotonando las mangas de su traje, sí, todos vestían formalmente.
¿Cómo ponerse cómoda? No podía ni moverse.
Se sentía tan pequeña que pensaba que con cualquier movimiento torpe e innecesario terminaría rompiendo algo y quedaría más pobre de lo que ya era.
Sin embargo, el repicar de su teléfono la distrajo y la sorprendió porque no esperaba llamada de nada, en esas perdió el equilibrio durante un par de segundos y tuvo que hacerse hacia atrás para recuperarlo, pese a que no contestaría la llamada telefónica. Puesto que sabía que solo era para molestar.
Entró en pánico.
En el momento en que escuchó que algo se quebró justo después de hacerse hacia atrás, al darse cuenta un jarrón de color azul eléctrico con dibujos en dorado y un mango dorado yacían en el piso, hecho añicos.
¡Esconde la evidencia! — Pensó. — De todas maneras el jarrón era bien feo.
Y aquel jarrón que no tenía pinta de barato fue a parar dentro de su bolso.
Apenas llegaba y ya había roto un jarrón, pero no podía costar tanto.
¿O sí?
— ¿Qué haces tú aquí? — Y la voz del niño la hizo detenerse, al darse vuelta estaba aquel chiquillo del demonio que le arrojó el vaso de agua, examinándola de pies a cabeza mostrando indiferencia y cinismo — Y así vestida.
— ¿Q-qué tiene de malo mi vestido? — Sí, no era caro. Es más, lo obtuvo gracias a las rebajas, pero a ella le gustaba.
— Tienes mal gusto para escogerte la ropa, el violeta no es tu color. Te ves gorda — Auch, un golpe más a su ya ausente autoestima. Qué niño más amable -Nótese el sarcasmo- — En fin, mi padre me pidió que te guiara hasta el comedor, ya está servida la cena.
Aunque si fuera por ti me dejarías afuera comiendo del plato del perro, chiquillo diabólico — Obviamente no dijo aquello, solo lo pensó.
Ya sabía que no le agradaba al hijo de su futuro esposo, no importaba, igual podría tener más hijos a los cuales agradarle.
Su teléfono volvió a sonar, la tercera vez en la noche. Pero no contestó.
Sentada en la mesa -Una muy grande y espaciosa- Una mesa que seguramente no entraría en su departamento. Repleta de tanta comida que saldría rodando como una pelota.
Una muy feliz pelota.
— ¿Por qué vino ella? — Preguntó por quincuagésima vez el niño castaño, pinchando un pedazo de carne asada picada en trocitos para él. — Es una desconocida.
En eso llevaba razón.
— Desconocida a la cual trataste mal, esto es una disculpa.
— ¿Una disculpa o una cita? — Y el ambiente se sumió en silencio, el cual fue interrumpido por el repique del celular de la fémina presente en la sala comedor.
''Por todos los cielos, ¿Dónde está?''
Y la cancioncita Baby de Justin Bieber no paraba de sonar de fondo, ¿Quién le cambió el tono a su móvil? CHRISTIAN.
‘Ese imbécil’
Y lo apagó en cuanto lo consiguió.
— Entonces... — Trató de empezar una conversación para romper el hielo — Michael, ¿A qué te dedicas?
¿Qué? Si iba a preguntar algo iba a ser eso, Elena quería asegurarse de no haber salido con un mafioso... -Pero es millonario- He ahí el dilema.
— Soy Dentista... — Respondió con una sonrisa — Pero apenas me gradué hace poco debido a algunos percances que tuve antes, es algo así como mi segunda carrera. — ¿Y cómo llegó a obtener aquella mansión? — Todo lo que tengo es heredado de mi familia, ellos han trabajado durante años en una empresa familiar dedicada a fabricar chocolates, por eso querían matarme cuando les dije que quería ser dentista. Pero al final la terminó heredando mi hermano menor. — No pudieron evitar el reírse, aquello era bastante irónico. — De hecho, uno de los mayores regalos que me hicieron fue un jarrón invaluable c***o. Único en su especie y carísimo.
— ¿Qué? — Escupió Elena su café sin querer — ¿E-era uno azul con detalles dorados? — Él asintió tras escuchar la pregunta —... No lo he visto.
Ni tampoco había visto la evidencia rota dentro de su bolso.
Pero cuando quiso probar de la comida, sus ojos lloraron y se levantó bruscamente. — ¿Sucede algo? — Ella se cubría la boca y se retorcía, Michael observó a su único hijo — ¿Qué le pusiste a su comida, Gabriel?
— ¿Qué? ¿Acaso esto no es miel para los panqueques? — Mostró la botella vacía con cinismo.
— ¡Por Dios Gabriel si eso tiene escrito 'Salsa Picante' en mayúsculas! — Le quitó la botella de sopetón, la cual estaba vacía — ¡Toma agua Elena!
''No vale ¿Cómo crees? me voy a morir aquí picada '' — Pensó la castaña, que por más agua que tomaba seguía sin sentir satisfacción o alivio.
¿Así era como se iba a morir?
Tocía, se retorcía y se tapaba la boca ya sin poder respirar. Sus ojos llorosos estaban totalmente rojos mientras Michael buscaba algo con velocidad.
Y un vaso de leche gigantesco fue lo que la alivió.
— Dios... Voy a buscar más de Dios a partir de ahora — Elena respiraba con dificultad, hablaba con voz ronca y áspera, sentándose en la silla. Cada palabra quemaba dentro de su garganta. — Juro que le recé hasta al santo de mi difunta abuela para que no me llevaran con ellos virgen y soltera.
Michael rió al oír aquello — Tú sí que no pierdes el sentido del humor — Pero Elena no estaba bromeando — Me siento tan mal por esto... Gabriel, discúlpate con la señorita.
¡Eso era lo que necesitaba! Que el escuincle sufrie.... Que se disculpara.
— No quiero. — Respondió Toscamente el niño.
— Discúlpate con Elena, eso fue cruel.
— No me disculparé con esa anciana de mal gusto. — Otro golpe a la autoestima de Elena. — Ella está mal de la cabeza y no puede salir contigo.
— ¿Por qué siempre me haces esto? ¿Por qué no te puede agradar una sola mujer que traiga? — Elena solo pensó en la última pregunta: ¿Acaso se topó con un mujeriego?
— ¡Porque ella te está esperando! ¡No le puedes ser infiel! No a ella... — A Gabriel se le llenaron los ojos de lágrimas, sus ojos se veían tristes. Se notaba cansado y estresado.
— ¿Quién?
Volvió el ambiente pesado y molesto. Gabriel salió corriendo hacia afuera, dejando a Michael prácticamente con la palabra en la boca.
Sin saber que hacer o qué decir Elena se estaba incomodando — Lamento causar estas molestias — Se disculpó.
No tienes la culpa — Respondió él — Es que te pareces demasiado a ella.
— ¿A quién?
— Olvídalo.
Se sentía mal por todo lo que estaba pasando, de pronto la cena se había arruinado, pero no quería volver a casa sin hacer nada. Cruzándose de brazos de manera inútil.
Por eso salió a buscar al hijo de Michael, por más loco que sonara aquello y después del que menor le haya jugado tan mala broma.
Era de noche y hacia frio, a pesar de eso y la oscuridad inminente no le costó demasiado encontrar al hijo de Michael subido a la casa del árbol que tenían en lo que parecía ser el patio trasero o jardín, ¿Debía subir? Escuchaba los sollozos ¿Y si él no la quería y terminaba lanzándola? Esa era una posibilidad.
Pero optó por arriesgarse.
Gabriel —El niño levantó la mirada y al ver quien era, bufó y se secó las lágrimas de los ojos. — ¿Te encuentras bien? ¿Te has lastimado? — Se sentó junto a él, pero el niño no le hacía caso. Se mantenía en silencio y no dejaba ver su rostro — No necesitas ocultar tus lágrimas.
— Los niños no lloran. — La cortó y se sorbió la nariz — Es para débiles.
Ya Elena había escuchado eso muchísimas veces y sinceramente lo consideraba estúpido — Eso es mentira — Atrajo la atención del menor — Llorar te desahoga, te hace más fuerte y te permite avanzar sin importar los problemas que afrontes, llorar no te hace débil. No está ni estará mal, porque todos necesitamos llorar... Yo lo he hecho muchas veces y me hace sentir mejor.
— Es diferente, tú eres una cría sentimentalista y tonta.
— Pues almenos no tengo nariz de Pinocho — Mintió, tratando de hacerle sonreír. Para su desgracia solo consiguió que el niño empezara a llorar más — ¡No llores! ¡Es mentira! ¡Tienes una nariz muy bonita!
— Tonta, tonta, tonta, tonta. — Repetía llorando inconsolable — ¿P-por qué? ¿Por qué te tienes que parecer tanto a ella? Ella también me decía así... — Tartamudeaba llorando.
— No entiendo... ¿A quién me parezco?
—... A mi M-mamá. — Elena se quedó estática hasta que el menor se calmó un poco y prosiguió hablando — Me molesta que seas tan igual a ella, porque ella era única y especial... Yo la adoraba y mi padre también... Y tuvo que irse... Tuvo que dejarnos y ya no volverá, y justo cuando... Justo cuando empezábamos a superarla llegas tú y... Y — Comenzó a llorar de nuevo — Lo siento, lo siento mucho... Me porté terrible contigo... Lo siento.
¿Qué debía hacer ahora? Ella lloraba conmovida. Y lo abrazó, dejando que el pequeño se desahogase con ella.
— Gracias, pero no me toques. — Ella lo soltó de sobresalto mientras él se sorbía la nariz, estaba tan rojo e hinchado que se llegó a ver frágil — ¿Sabes? Hoy es mi cumpleaños... —Pausó — La razón por la que estábamos en aquel restaurant era por eso, pero papá no dejaba de mirarte y solo hablaba de tú, eso también me enojó, porque él solo tiene que tener ojos para mamá...
— ¿Cómo se llamaba tu mamá?
— Gina Miller... Ella murió hace mucho.
Ese nombre le llegó a sonar — Deberías volver a casa, yo tengo algo que hacer... — El pequeño asintió y ambos bajaron de la casa del árbol.
Pero Elena no entró de nuevo en la mansión, sino que salió corriendo.
Cansada, agitada, sudada y con el corazón a mil llegó a aquella mansión tras dar lo que fue el maratón de su vida. Tras la puerta estaba Michael, quien se sorprendió al verla -Sobre todo cuando la misma pasó sin decir nada y con una caja en las manos- Gabriel se veía más extrañado, pensó que no volvería tras salir corriendo.
— Toma, Gabriel — Elena se agachó para estar a la altura del menor y le extendió la caja. — No abras la caja hasta que estés afuera.
Menuda sorpresa se llevaron al salir.
¿En qué momento había hecho aquello?
Globos y serpentinas por todas partes.
Cuando Gabriel abrió la caja se encontró con un hermoso pastel perfectamente decorado que decía: ''Feliz cumpleaños, Gaby... Mamá te ama'' Junto con una pequeña carta:
'' ¡Feliz cumpleaños mi precioso Gaby! Ya son Diez años ¿Verdad? Tu padre y yo te amamos muchísimo y te deseamos que lo pases en grande.
Hijo mío, es probable que a estas alturas no esté contigo. Me han detectado un tumor maligno y aún no sé cómo decírselos a ustedes. No quiero que sufran por mí, pero ya no me queda tiempo en este mundo.
Pequeño Gaby, llenaste mi vida y la de tu padre de bendiciones desde muchísimo antes que nacieras. Estamos contentos de haberte tenido, ¿Sabes? mis ojos estarán cerrados, pero siempre los recordaré, porque los amo. No estén tristes porque me fui, porque solos nunca estarán. Siempre me tendrán viva en sus corazones, así como yo los tendré en el mío. Porque Las personas con las que compartes tu vida, te marcan y aunque ya no estén contigo una parte de ellos siempre permanecerá en tu corazón.
Pequeño Gaby.
Disfruta la vida, es corta y debes aprovecharla. Fallar no es para inútiles y llorar no es para débiles, esas son las cosas que te hacen fuerte.
Y algún día tú y tu padre mirarán al pasado, me recordarán con cariño y dirán: ''Que buenos tiempos compartimos'' Porque esa es la idea, tener viva la llama de los recuerdos para que las personas que alguna vez te importaron no se terminen quedando en el vacío y profundo abismo del olvido.
No lloren por mí, yo estaré bien.
Sigan con sus vidas y sean felices, ese es mi mayor deseo.
Con amor:
Mamá ♥''
Y al terminar de leer la carta, ambos chicos quebraron a llorar a mares.
— La señora Gina había encargado hacer un pastel para el cumpleaños número once de su único y amado hijo allá en el restaurant donde trabajo, pero al irse olvidó dar la dirección y nunca más volvió... El pastel estaba listo y se estuvo esperando a que alguien lo fuera a buscar en la mañana, pero nadie fue a hacerlo... Cuando Gabriel me mencionó el nombre de su madre supe enseguida quien era y salí corriendo a buscarlo. No podía dejarlo pasar.
— Elena, eres una bendición — Michael la abrazó junto a Gabriel, dándole millones de gracias por aquel gesto.
Michael Y Gabriel lloraban sin cesar, porque vieron en ella a la mamá y esposa que habían perdido y que ahora les hacía falta.