Gabriel Día 2

2392 Palabras
La ansiedad me ponía mal, mi mente me rogaba que actuara, pero no sabía cómo hacerlo.  Tenía que hacer algo para animar a los chicos, nunca había escuchado a Sofia tan desanimada, o visto a un niño tranquilo. Parecían tristes, y mi misión personal el día de hoy era hacerlos felices. Sofi se había relajado después que volví de la farmacia, pero seguía desanimada. Podía notara que su ánimo no era el de siempre y no sabía muy bien por qué. Ella me aseguro que no tenía nada que ver con su familia, que era algo que quería olvidar y superar, pero ¿Cómo superas que tu padre golpeara a tu hijo? ¿Es algo que se puede superar y olvidar? ¿O en realidad es otra cosa la que hace que ni sea mi Sofi de siempre? — ¿Segura que estas bien? — Le pregunté preocupado. — Si. — Anoche... — Lo de anoche no paso — Me interrumpió —. Es lo mejor, olvidemos lo que hice... por favor. Asiento, porque sus palabras me dejan mudo, y entiendo que ahora mismo es lo que ella necesite, que este de su lado y no la contradiga. Pero yo jamás podré olvidar lo que paso anoche. Lo que hicimos, por más que ella insista en que el error fue de ella, no lo fue. Primero que nada, nunca creeré que lo que hicimos fue un error, y segundo, no se puede hacer el amor solo. Ambos estuvimos de acuerdo en continuar, fui yo quien fue a buscar el condón y dio luz verde a lo que paso anoche. Me sirvo una taza de café pensando en lo que paso. Cuando toco a mi puerta nunca pensé que fuera para que folláramos, escuche la puerta e inmediatamente creí que algo le había pasado a Sebas. Sofia se veía tan inocente y joven con su pijama, en cuanto la vi quise sentir la suavidad del algodón en mis manos, y en cómo sería quitarlo. Y ahora que tenía esa experiencia podía afirmar que era como tocar el jodido cielo. Ella es tan delicada para hacer todo, tan femenina en sus movimientos cotidianos, que no me esperaba su ferocidad al momento de follar. Me la había imaginado un montón de veces y siempre en había sido en un ambiente romántico, pausado, suave y tierno. ¿Quién diría que la chica me monto con tanta fuerza que me hizo perder la razón? Me sentí como un cerdo al sentarme en la mesa. Los ojos de Sebastián me miraban atentos, y por un momento creí que él sabía que yo estaba pensando en lo placentero que había sido sentir las caderas de su madre estrellarse rápido y fuerte contra las mías... Si, era incómodo. Agradecí cuando el niño volvió a fijar la mirada en su IPad, hasta que... Mierda, era sábado. ¿Qué hacía un niño de 5 años un sábado pegado a una pantalla? Teníamos que hacer algo entretenido, ya me estaba asustando que fuera tan callado y quieto, ni yo en mis peores días puedo estar tanto tiempo quieto. — ¿Qué les parece si vamos al parque? —solté de pronto. Sofi me miro como si tuviera otra cabeza, mientras que los ojos de Sebas parecía que se iban a salir. Ella aun ni aceptaba y el niño ya se estaba moviendo inquieto en la silla, agitando las piernas, y sonriendo como no lo había visto hacer desde que llegaron conmigo. — No lo sé... —comenzó, haciendo que la sonrisa del niño despareciera en un segundo — Cariño, no me mires así, la semana pasada estuviste resfriado... — Yo lo veo bien —dije, ganándome una mirada de "cállate imbécil" de parte de Sofi. — Mami... El labio de Sebas comenzó a curvarse, haciendo que se me rompiera el corazón. Fue una mala idea sugerirlo frente al niño, ahora lo sé. Si le hubiera dicho a Sofi a solas y ella decía que no, no pasaba nada, pero ahora el niño quería ir y estaba triste por no poder. Cuando los ojos de él comenzaron a brillar, me quise golpear por ser tan estúpido. Si el niño llora Sofia mi va a matar. — Oye hombrecito —Llamo su atención — No pasa nada, podemos hacer otras cosas acá. Haremos palomitas y veremos la película que tú quieras... o podemos pedir algo... ¿Qué te gustaría comer? Él negó con su pequeña cabecita y volvió a encentre la pantalla del estúpido IPad. — ¿Quieres seguir jugando a eso? — Quizá lo pueda convencer de jugar a otra cosa, tiene un montón de Legos y cosas para dibujar. Él me mira con ojos demasiado inteligentes para un niño de 5 años, lo piensa y después asiente. No, en realidad no quiere seguir con el IPad, pero no sabe que más hacer, no quiere molestar a su madre. Entiendo esa sensación, a pesar de tener una buena infancia, recuerdo ese pensamiento claramente. Mamá trabajaba mucho, así que no le podía dar problemas, porque solo éramos nosotros dos, y si yo le daba problemas significaba que su familia le daba problemas... Ella no tenía tiempo para problemas. Recordar tan claramente a mi madre me sentó mal y quien ahora tenía los ojos brillantes era yo. Podía sentir la presión angustiante en mi garganta, la pena contenida y la impotencia en el pecho de no haber podido hacer nada. Me voy a mi cuarto en silencio, ahora no soy una buena compañía para ellos. No se cuento tiempo pasa hasta que escucho unos golpes en el puerta de mi habitación, no respondo, aun así, la cabeza de Sofi se asoma a los pocos segundos. — He preparado el almuerzo... — Gracias, pero no tengo hambre, coman si mi — Soy un poco cortante, pero no quiero meterla bajo mi nube negra. — ¿Te sientes mal? Te puedo preparar otra cosa... — No te preocupes. No dice nada antes de irse. Creo que me duermo, no estoy seguro, quizá solo he cerrado los ojos y el tiempo paso. Escucho la puerta abrirse muy despacio y yo estoy igual o más candado que antes. — Gabi — Mi madre era la única que me llamaba así, se escuchaba raro que ahora saliera de los labios de un niño pequeño — Mami dice que podemos ir... cuando despierte... ¿Estas despierto? — ¿Que? — Entre la somnolencia y las palabras cortadas del niño con entiendo de que me hable. — Parque —dice tirando de mi camiseta —. Vamos. Al parecer al final los ojitos de Sebas habían convencido a Sofia. Y por supuesto que lo hicieron conmigo también. En la sala Sofi estaba metiendo un montón de cosas en una mochila. — Vamos al parte que no de acampada —dije. — Se nota que nunca has ido con un niño... ¿Te despertó? — pregunto, dando una mirada reprobatoria a Sebas. — No, ya estaba despierto hace rato — Lo cubrí, para que no lo fueran a regañar. Caminamos los tres a un parque cercano. Sebas mira todo como si nunca lo hubiera hecho, señalando cosas para que miremos. Se ve divertido dando pequeños saltitos, va con una gran sonrisa, aunque no la puedo ver, si noto lo noto en sus ojos. Sebas está en la edad que deben usar mascarillas en los lugares públicos, son especiales para niños, es azul claro con un montón del koalas. Se ve adorable. El parque esta casi vacío, hay un par de parejas al otro lado y un par de personas solitarias haciendo ejercicio. No hay otros niños, así que los juegos son solo para Sebas. — Mami, columpios — El niño pide que los suban. Creí que Sofi se pondría atrás de él para darle impulso, pero él sabe hacerlo solo y se sostiene firmemente. Sofi se sienta en que está a su lado y se impulsa rápidamente, riendo cuando Sebas le pide que pare que se va a caer. El buen humor de Sofi, me pone de buen humor a mí. Verla disfrutar de los juegos con su hijo, me hace querer hacerlo también. No me montare en un columpio o la resbaladilla, pero a unos metros hay unas barras que recuerdo muy bien, hace más de un año que no las uso, pero son algo que no se olvida. La calistenia era uno de mis ejercicios preferidos, sobre todo al aire libre. No fue hasta que comencé a calentar en las barras que me di cuenta lo mucho que lo extrañaba. Creo que vendré más seguido, sobre todo aprovechando que se puede estar más tiempo afuera para hacer deporte. — Mami — Escucho como Sebas llama a Sofia mis espaldas — Mami, yo. Escuchas la melodiosa risa de Sofi es suficiente para que me gire, quiero verla mientras lo hace, y es todo un espectáculo. Ella es tan hermosa cuando ríe. — Si esperas que yo te suba a esa cosa, eres muy optimistas... Apenas si te puedo cargar. La decepción del niño duro poco vio mis brazos extendidos en su dirección y no dudo en correr a ellos para que yo lo subiera a las barras. Sus manitas se aferraron al metal y sus brazos colgaron sobre su cuerpo. Ría a carcajadas al sentir mis manos sujetándolo, le hacía cosquillas, y su risa era contagiosa, haciendo que todos riéramos. — ¿Estas listo? — Le pregunté. — Si —gritó feliz, pero se arrepintió en cuanto mis manos soltaron su cuerpo. Gritó aterrado y por supuesto volví a sujetarlo. Le cuesta confiar nuevamente, sin embargo, cuando lo hace no hay quien lo pare. Ya no se quiere bajar, aunque Sofia le dice que ya es suficiente, que en unos minutos nos tenemos que ir. Yo no tengo corazón para decirle que se suelte, Sofia se acerca y por un momento pienso que lo bajara de un tirón, pero en cambio le hace cosquillas hasta que no puede más y cae en mis brazos por completo. Sofi es una madre extraña, pero efectiva. A todo le busca una solución sin tener que gritar o amenazar, y en realidad no es mucho lo que tenga que hacer, el niño se porta increíble. Y ahora que se mueve y ríe no da miedo. — Mami tengo sed — No me extraña su petición después de todo lo que jugó. — Vamos a sentarnos por ahí, y te paso un jugo —dijo ella señalando una parte de parque con un hermoso pasto. Estábamos en esos meses en donde a una hora hace frio, y la siguiente hay un hermoso sol. Por suerte era una de las horas soleadas, perfecta para los planes de Sofi, porque ella tenía planes. Abre la mochila que preparo en casa y parece el bolso de Dora la exploradora, saca una manta de dinosaurios y la extiende sobre el pasto. Yo no sabía muy bien que hacer, para ellos parecía res algo normal, él se acomodó en la manta, ella saco jugos y galletas. Todo parecía algo tan natural para ellos que me sentí como un intruso, hasta que me miraron confundidos, preguntándose porque un no me sentaba con ellos. La manta parecía haber sido suficiente para ellos dos todos estos años, pero se sentía ridículamente pequeña ahora que intentaba acomodarme con ellos. Aun así, ni muerto me perdía de esto. Me senté en una de las esquinas y acomodé a Sofi entre mis piernas, dejando que su espalda casi tocara mi pecho. Al principio se tensó y miro a Sebas preocupada, pero el niño estaba más interesado en abrir el paquete de galletas que en su madre siendo abrazada por un hombre. Los minutos pasaron, nosotros permanecimos en silencio, mientras Sebas nos hacía un resumen de todo lo que había hecho en el día, sin importarle que hubiéramos estado presente cuando paso todo. Ella poco a poco se fue relajando, hasta que termino recostada perezosamente en contra mi pecho. Sentí como si ganara un batalla y ella fuera el premio... ella siempre sería el premio mayor. — Sé lo que estás haciendo —dijo cuando comencé a acariciar su brazo con un solo dedo. — No tengo idea de que estas hablando —fingí inocencia. — No volverá a pasar... solo te uso de almohada... eres cómodo. — Y así comienza mi plan... primero soy una almohada y después la cama completa... — Gabriel — Me regaño golpeando mi brazo juguetonamente. Aun así, me arriesgue a besarla en el cuello rápidamente. Sentí como su cuerpo se estremeció ese segundo y agradecí que estuviera entre mis piernas, porque cubría algo que sería realmente vergonzoso mostrar en público. Me impresionaba lo rápido y fácil que esta chica me la ponía así de dura... era peligroso... y excitante... y publico... mierda. — Juguito —indica Sebas con una mueca al no poder sacar la bombilla de su empaque. Sofi extiende su mano para ayudarle, pero él niega y me entrega la dichosa cajita a mí. Sofi se sorprende y eso me causa aún más gracias. Pero el más sorprendido era yo, al notar lo rápido que me acostumbraba a esto, y lo mucho que me gustaba. — Gracias —dijo sonriendo. Yo resolví el problema, pero el abrazo se lo llevo Sofi... que injusto. Pero bueno, si la vida te da limones... Ni siquiera espere que Sebas estuviera distraído, pero si aproveche que ella estaba volando bajo y la bese en los labios. — Tú te robaste mi abrazo y yo te robo un beso... estamos a mano. — Claro que no — dijo seria, pero notaba en sus ojos y la comisura de sus labios que se quería reír. — Tienes razón, ese fue un abrazo muy bueno... aun me debes... No me pago con el beso que yo quería, aun así, su sonrisa y buen humor fueron suficientes... por ahora. De la nada comenzó a correr un viento frio, tanto que cuando Sofi sugirió volver a casa Sebas acepto gustosos. Al llegar a casa estoy de un humor increíble, y más feliz de lo que he sido en todo este año junto. Sé que todo se lo debo a las dos personitas que están a mi lado, y puede que sea egoísta o precipitado, pero no quiero que se vayan nunca. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR