Ricardo Maldigo una y otra vez, las instrucciones fueron claras. Sin embargo, fueron incompetentes. Fue clara mi instrucción tenían que acabar con Ana y con Sofía al tiempo, era tan fácil, era matar dos pájaros de un solo tiro. —Jefe —me llama uno de mis hombres me giro hacia él y lanzo la copa al suelo haciendo que se rompa en mil pedazos—. Llegó la persona que estaba esperando. —Dile que siga y por favor no quiero que nadie intervenga ¿Está claro? —aquel hombre afirma con su cabeza y luego se retira. La verdad la rabia me carcome por todo el cuerpo, pensar que puedo tener todo y al tiempo perderlo tan fácil es algo que no puedo soportar y mucho menos tolerar tan fácilmente que las cosas se me escapen de las manos. —Señor, vine tan pronto me lo pidió. Lamento mucho que… No dejé

