Leonardo Pongo mis manos en el volante y lo aprieto una vez más, está ira que crece en mí, no se va a pagar así de fácil, no al menos hasta acabar a Ricardo con mis propias manos. Tan pronto llegó al club de Ricardo tomó mi arma en las manos y quitó el seguro, está vez no voy a dudarlo, está vez lo voy a matar con mis propias manos, el mato a nuestro padre, se metió con mi mujer al intentar matarla, y no contentó con eso mato a mi hijo, el fruto del amor entre Ana y yo. —¡Ricardo!, ¡Ricardo! —grito tan pronto me bajo del auto. —¡Ricardo!, ¡baja, baja y da la cara, maldito cobarde! —hablo mientras mis pasos se hacen más pesados y mi corazón empieza a latir con más fuerza, nunca pensé en decir esto, pero maldigo ser hermano de Ricardo. Dos hombres al ver que gritó al frente del club se

