Román Después de toda esta conversación, Marcelo se pone de pie y empieza a caminar de un lado para otro. De pronto se para, me mira, limpia sus lágrimas y vuelve a caminar. Sé que no es fácil enterarse así de todo lo que pasó con ella y realmente creo que todos somos responsables de algún modo, pues ella también era nuestra amiga y nunca nos dimos cuenta de todo lo que le estaba pasando. Él sigue caminando y yo me tomo mi whisky. De pronto se para enfrente de mí y suspira, limpia su cara con frustración. — ¿Por qué nunca me lo dijiste? Yo me encojo de hombros. Pues vaya que lo intenté. —Traté, Marcelo, traté tantas veces de decírtelo. ¿Y qué hacías tú? Apenas mencionábamos su nombre o algo relacionado al pasado y te ibas, te marchabas. —Pues debiste insistir, Dios mío, Román. No s

