Román Desde que había ido a la oficina de Mandy, no había tenido oportunidad de verla ni de hablar con ella. Cuando iba a casa de mi hermana, solamente llegaba, saludaba y se retiraba a su recámara. No quería ser descubierto; me moría por estar cerca de ella. Cuando Mandy me habló y me citó en la cafetería, me hizo mucha ilusión pensar que podía perdonarme, pero aún fue más maravillosa la noticia que me dio. Jamás pasó por mi mente que podría ser papá. Dios, eso fue maravilloso. Pero aun así, ella estaba decidida a no continuar con nuestra relación. Yo acepté, ya que no quiero que se preocupe ni se estrese; le puede hacer daño en su embarazo. Cuando llego a mi oficina, Karen ya me está esperando. Dios, esta mujer es mi pesadilla. —Buenas tardes, Karen. ¿Estás cómoda? —Realmente no. Cre

