Román Había pasado una noche increíble, a pesar del mal trago que tuve que pasar con Marisa. Mi día había finalizado como al menos lo esperé, y aquí estaba ella, acostada a mi lado. De verdad, es la mujer más hermosa que he visto en mi vida, y no me importa haber esperado tanto tiempo para haberla encontrado, porque vaya que Dios me recompensó. Sé que vendrán problemas, pues en la vida no todo es color de rosa, pero también estoy seguro de que sabremos sobrellevarlo, o al menos eso espero. Delineo su rostro y ella comienza a moverse. Escucho que suena de nuevo su celular, pero realmente no me atrevo a contestar, así que trato de despertarla. — Mandy, amor, levántate, tu celular no ha dejado de sonar. Ella de pronto abre los ojos como platos y sale corriendo de la cama. — ¡Mierda! Ayer

