Cinco.

1504 Palabras
Cinco. Abro mi boca, tratando de obtener algún tipo de alivio y toso un par de veces, solo para descubrir que no hay nada dentro de esta, que me impida respirar. Parpadeo un par de veces, acostumbrándome de nuevo a la luz brillante sobre mí y noto el entorno desconocido. El peso de una mano entrelazada con la mía me hace ser consciente de que no me encuentro sola. Lo primero que veo, es la cabellera oscura de Wes. De alguna forma, el saberlo allí, me tranquiliza más que el hecho de haber despertado de aquel espantoso sueño. Debió haber sido un sueño, porque es imposible que heridas de aquella magnitud, se curen en tan poco tiempo. O eso espero. —¿Dónde estoy? —grazno, mi voz sintiéndose un poco resentida. Casi como sí hubiera estado gritando lo suficiente para lastimar mis cuerdas vocales. Trato de incorporarme y eso parece traer de regreso a Weasley del mundo de los sueños. Sus ojos avellana parpadean en mi dirección, antes de apoyar su mano libre en mi hombro para evitar que siga moviéndome. —Calma —insta, apretando ligeramente su agarre—. Estás en la enfermería de la feria. —¿Qué sucedió? —inquiero, con la persistente sensación de que algo importante está sucediendo frente a mis ojos, pero no puedo darle sentido a aquel pensamiento, porque nada parece cambiar. —Te desmayaste antes de que el paseo empezara —explica, con la preocupación tiñendo sus palabras. Hago una mueca molesta, debido a lo poco verosímil que aquella declaración parece ser. ¿Desmayarme antes de subir a una de mis atracciones favoritas? Muy poco probable. En todo caso, Weasley sería más propenso a aquello. —¿De verdad? —insisto, entrecerrando mis ojos en sospecha. No hay ningún indicio en la postura de Wes que indique que está mintiendo, pero poco se sabe acerca de hasta donde es capaz de llegar para jugarme alguna de sus bromas. —Si —asiente de manera solemne y decido darle el beneficio de la duda. No es tan buen actor, para lograr aquella expresión de genuina preocupación de todas maneras. Entonces, siento como la mano que toma la mía, suelta esta y pellizca mi costado con algo de fuerza. —Ouch, ¿y eso por qué? —siseo, retorciéndome un poco para alejarme de él. —¡Me asustaste, tonta! ¿Tienes idea de lo mortificado que estuve al verte desvanecerte? —me reprende, zarandeándome un poco brusco. Este es Wesley dramático, en su máxima expresión. —No seas exagerado, Wes —logro apartar sus manos de mi cuerpo, notando recién la vía intravenosa conectada en mi brazo derecho. Ugh, malditas agujas. Weasley me mira sin darle crédito a mis palabras. —No viste lo que yo vi —finalmente me estrecha en sus brazos con fuerza, murmurando las siguientes palabras directamente en mi oído—. ¿Qué será de mí sí algo te sucede? No me da tiempo de responderle, porque alguien entra en la pequeña habitación, cortando el extraño momento. —Oh, ya despertaste —una mujer con un estetoscopio colgando de su cuello y una bata blanca cubriendo su torso, se interna en la habitación, hablando con un tono sosegado—. Te revisaré una última vez y luego podrás irte a casa, ¿te parece bien? —Uh, si. No hay problema —contesto con un asentimiento algo contrito, sin tener idea de sí esa "revisión" incluye inyecciones. La doctora mira algo en el monitor a mi lado y anota un par de cosas en el historial que se había encontrado a los pies de la camilla. Su expresión es inescrutable, así que poco puedo deducir de lo que está ocurriendo. Hasta que una sonrisa tranquilizadora se extiende en su rostro redondo y lleno de adorables pecas, a juego con su cabello colorado. —Todo parece estar en orden, así que probablemente tu desmayo se debió a alguna emoción fuerte. ¿Era tu primera vez en una montaña rusa? —cuestiona, deteniéndose a los pies de la camilla para poder tener un vistazo completo de mí. Weasley se mantiene extrañamente en silencio, atento a las palabras del médico. —No. De hecho, es una de mis atracciones favoritas —afirmo y eso parece no ser lo que ella estaba esperando escuchar. Su semblante cambia a uno más cauteloso. Probablemente cree que demandaré a la feria o algo. —¿Te has alimentado bien últimamente? —su interrogatorio continúa, mientras ella trata de llegar a un diagnóstico acertado. Muerdo mi labio inferior, pensando en una respuesta adecuada, a lo que Weasley bufa a mi lado, sabiendo cuan desordenados son mis hábitos alimenticios. —Defina bien. —Es una escritora, sus horarios son irregulares. —Wes interfiere por fin, siendo un poco más consciente de aquella situación que yo—. Puede pasar días enteros frente a su ordenador, sin molestarse en alimentarse a sí misma. —Eso cambia un poco el panorama —musita la doctora más para sí misma, que para nosotros—. Lo mejor será que se haga un par de estudios para descartar un posible cuadro de anemia por desnutrición. Weasley y yo nos tensamos a unísono. —¿Desnutrición? Nada de eso. Fue sólo algo aislado— protesto de inmediato, negándome siquiera a esa posibilidad. Eso solo significaría más agujas y definitivamente no estoy dispuesta a permitir que mi cuerpo sea pinchado por esas cosas. No sí puedo evitarlo. —Me encargaré de que lo haga —ofrece Weasley y aquello me irrita. ¿Por qué demonios toma decisiones acerca de mí salud sin tener en cuenta mi opinión? —Entonces pueden irse —la doctora firma la orden de salida, junto con una receta médica y los formularios para aquellos exámenes que no pienso hacerme. Weasley toma los papeles por mí y los hojea, mientras soy liberada del gotero en mi brazo—. Y no le aconsejo subir a otra atracción en lo que resta de la jornada. La recomendación final nos hace reír a ambos, mientras Weasley me ayuda a ponerme mis sandalias. —Muchas gracias —la doctora y yo estrechamos nuestras manos a modo de despedida y nos alejamos de la enfermería en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Sin embargo, una vez ambos estamos instalados de regreso en el auto de Wesley, soy la primera que rompe el silencio, recordando aquello que había estado molestándome antes. —No quiero estudios. Sabes que odio las agujas. —Cobarde —se burla, a la par que conduce fuera del estacionamiento, con más cuidado del habitual—. Y lo harás por el bien de mi paz mental. Pongo los ojos en blanco por la última parte. —¿Y eso qué tiene que ver conmigo? —Sí yo enloquezco, ¿quién va a alimentarte en tus jornadas extenuantes? —apunta, trayendo a colación un punto muy importante a su favor. Mierda. —Tienes razón —cedo, de manera reticente. Y entonces, el recuerdo previo a mi colapso me asalta y sonrío de manera divertida por las jugarretas de mi mente—. Ah, mientras estaba dormida, tuve el sueño más raro de todos. —¿Sí? ¿De qué iba? —no se molesta en ocultar lo curioso que se siente ante este hecho, porque si bien comparto con él gran parte de las cosas que me suceden, los sueños son un terreno que muy poco tocamos. —Pues, verás... Le cuento todo acerca de la pesadilla recurrente, durante el resto de nuestro viaje de regreso y Weasley se dedica a plantear teorías—cada una más descabellada que la anterior—, acerca de las posibles causas de ello. Al llegar a mi edificio, bajo del auto y lo despacho antes de que pueda negarse, alegándole que todo lo que haría sería dormir, puesto que me sentía agotada. Él parece dudar, pero al final acepta, haciéndome prometerle que le llamaría una vez despertara. Le concedo aquello y observo como su auto se pierde en la distancia, permitiéndome a mí misma respirar por primera vez desde que dejamos la feria. Esta ha sido una jornada bastante espeluznante, decido. En mi camino de regreso a mi apartamento, reviso el correo en mi buzón, encontrando un par de facturas y un sobre blanco sin ningún remitente en él. Okay... Abro el enigmático paquete primero, descubriendo que dentro de este solo hay un pequeño trozo de papel con una nota garabateada en una caligrafía descuidada. Segundo aviso, Dinna. Arregla todo lo que jodiste o iremos por ti. Y eso no será nada lindo. —¿Acaso estos lectores nunca van a cansarse? Dioses, son solo libros —mascullo en voz alta, a nadie en particular y arrugo la hoja de papel, para luego lanzarla al contenedor de la basura junto al ascensor, sin darle un segundo pensamiento a la amenaza vedada escrita en esta. Y ese... Ese fue mi primer error.
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