Llegando cerca de la cresta de mi cadera, sus largos dedos estaban por descender a mi zona intima, me cosquilleaba la sensación de sus yemas rozándome, era una sensación enloquecedora, me encantaba, tenerlo tan cerca y caliente, es embriagador, después de todo ahora estábamos casados, teníamos nuestro primer encuentro desde el nacimiento de ambos bebes. Entonces el ruido del cristal rompiéndose lleno el aire de la habitación. Aferre mis uñas a su piel, sintiendo mi cuerpo como una cuerda estirada de una guitarra, sentía como mis mejillas se cargaban de un fuerte rubor debido a la vergüenza, el sonido del cristal rompiéndose vino de nuestra espalda, no había otra explicación a que la persona que dejo caer el cristal, estuviera en la sala de estar, pero si era así, podría vernos. Nos habr

