++++
Estoy hecha pedazos, hace un par de horas me desperté con la sorpresa de que mi padre se ha ido, ¡se ha ido sin decirme adiós!
Salí de la habitación con una enorme sonrisa, desesperada en buscar a mi padre, no obstante me llevé la mirada fría de ese hombre, diciéndome que ya se había ido.
En ese momento no me solté a llorar y menos ahora, me he contenido demasiado porque no quiero que él vea en mí lo débil que soy.
¡Me he quedado a solas con un completo desconocido!
Estupefacta me siento sobre el sillón, quedando frente a él.
Nooooo, no quiero verlo con otros ojos, él es y será el amigo de mi padre.
Ash, no voy a negar que el maldito es grande, musculoso. Un escalofrío recorre mi espina
dorsal ante la sensación, mi cuerpo se calienta por todas partes.
¡Maldición, tengo que controlarme! No puedo sentir nada por él.
—Bueno, qué es lo que prosigue, no quiero esperar más, me puedes decir cuáles son las reglas y cuándo vendrá mi padre —me muerdo la lengua, de solo recordar que mi padre se ha ido se me hace un nudo en la garganta.
—No llamar la atención, puedes hacer lo que quieras dentro del apartamento, pero no fuera, si llegas a salir tiene que ser con mi supervisión y también hay un horario establecido, ¿me entiendes?
Tranquila… Tranquila, no puedes decir nada, acepta sus condiciones.
—Entiendo a la perfección y aceptaré tus condiciones, se lo prometí a mi padre, además es mejor esto a casarme con un rabo verde.
—Me retiro, no tienes permiso de salir —dice en tono cortante.
—¿Disculpa?
—No sabes de quién están huyendo —se levanta abruptamente del sillón—, no le tengo miedo si eso es lo que piensas, el detalle de esto es que tengo que seguir manteniendo esta imagen y tú también lo tienes que hacer porque en un fallo, ellos vendrán por ti.
Mi respiración se acelera de nuevo, mi pulso se acelera incontrolablemente.
—Estoy preocupada por mi padre, por favor, haré todo lo que quieras, pero dime que él estará bien.
Gavrel me mira, sus ojos duros pero no crueles, y suspira antes de responder.
—Él es un hombre fuerte, sí, él sabía en lo que se metía y cómo salir de ello, lo que te queda es confiar en que él hará lo necesario para volver por ti.
Las palabras de Gavrel no son exactamente lo que quería escuchar, pero me brindan un poco de consuelo. Respiro hondo, tratando de calmar mis nervios. Tengo que ser fuerte, por mí y por mi padre.
—Está bien —suelto un fuerte suspiro—, haré lo que me pidas, solo quiero asegurarme de que esté a salvo.
—Y lo estará, siempre y cuando sigamos las reglas y nos mantengamos en perfil bajo —responde Gavrel, volviendo a sentarse, esta vez con una expresión menos tensa—. ¿Necesitas algo? ¿Comida? ¿Ropa?
Me doy cuenta de que no he comido nada desde que llegamos y mi estómago gruñe en respuesta.
—Sí, un poco de comida estaría bien, gracias —digo, un poco más suavemente.
Gavrel asiente y se levanta, dirigiéndose a la cocina. Lo observo mientras prepara algo rápido, sus movimientos seguros y precisos. Es evidente que está acostumbrado a manejar situaciones difíciles. Me pregunto cuántas veces ha ayudado a personas en problemas antes de mí.
Mientras espero, me dejo caer en el sofá, intentando procesar todo lo que ha sucedido en las últimas horas. Mi vida ha cambiado radicalmente en un abrir y cerrar de ojos, y tengo que adaptarme rápidamente a esta nueva realidad.
—Aquí tienes —dice Gavrel, entregándome un plato con un sándwich y una manzana—. No es gran cosa, pero es lo que hay por ahora.
—Gracias —digo, tomando el plato y empezando a comer. La comida es simple, pero en este momento, sabe a gloria.
—Tendré que salir por un rato más tarde —dice Gavrel, sentándose frente a mí de nuevo—. No te preocupes, no será por mucho tiempo, pero mientras estoy fuera, quédate aquí y no abras la puerta a nadie, ¿de acuerdo?
Asiento, con la boca llena de sándwich. No tengo intención de salir de este apartamento, especialmente con el peligro que acecha fuera.
—Una cosa más —añade Gavrel, mirándome seriamente—. No intentes ponerte en contacto con nadie, ni amigos, ni familiares, cuantas menos personas sepan, dónde estamos, mejor.
—Entendido —respondo, tragando mi bocado—. No me arriesgaré.
Gavrel parece satisfecho con mi respuesta y se relaja un poco. Hay un breve silencio, durante el cual termino mi comida. Me siento un poco mejor, más centrada, lista para enfrentar lo que venga.
—Emma —dice finalmente Gavrel, rompiendo el silencio—. Sé que esto es difícil para ti, no voy a mentirte, la situación es complicada, pero haré todo lo posible para mantenerte a salvo hasta que tu padre pueda regresar.
—Gracias —respondo sinceramente.
Gavrel asiente y se levanta, llevándose mi plato vacío a la cocina. Me quedo sentada, pensando en cómo mi vida ha cambiado tan drásticamente en tan poco tiempo. No tengo ni idea de lo que el futuro me depara, pero sé que tengo que ser fuerte y mantenerme firme. Por mí, por mi padre.
Este es solo el comienzo de una nueva etapa en mi vida, una que nunca hubiera imaginado. Pero estoy decidida a enfrentarla con la cabeza en alto y una sonrisa sarcástica en los labios. Después de todo, ¿qué otra opción tengo?
+
Después de desayunar, me siento en la sala del apartamento de Gavrel, mirando por la ventana. Los Alpes Suizos se alzan majestuosamente a lo lejos, una vista impresionante que, en otras circunstancias, me habría llenado de emoción. Pero ahora, solo me recuerda lo lejos que estoy de casa.
Gavrel se mueve por el apartamento con la eficiencia de alguien que ha vivido solo durante mucho tiempo. Me ha dicho que tiene que salir por unas horas, pero que no debo preocuparme. Su plan es ir al mercado y luego hacer unas gestiones para asegurarse de que estamos seguros. Me siento como una carga, pero no tengo otra opción.
—Recuerda, Emma —dice Gavrel mientras se prepara para salir—, no abras la puerta a nadie, si necesitas algo, mi número está en la mesa del comedor, solo tienes que llamarme.
—Lo sé —respondo, intentando sonar más confiada de lo que me siento.
Él me mira, sus ojos reflejando una mezcla de preocupación y determinación. Luego asiente y sale por la puerta, dejándome sola en el apartamento.
Suspiro y me dejo caer en el sofá. La sensación de estar atrapada empieza a apoderarse de mí, pero trato de mantenerme ocupada. Me levanto y decido explorar el apartamento un poco más. Es un lugar modesto, pero acogedor. Hay fotos enmarcadas en las paredes, momentos de la vida de Gavrel que no puedo evitar curiosear. Una de las fotos muestra a Gavrel con un grupo de amigos, todos sonriendo en una playa. Me pregunto qué habrá sido de esas personas.
Finalmente, me dirijo al pequeño escritorio en la esquina de la sala. Sobre él, hay un cuaderno y un bolígrafo. Decido sentarme y escribir. Siempre me ha gustado escribir, es una forma de aclarar mis pensamientos y encontrar un poco de paz en el caos.
Querido diario,
Nunca pensé que mi vida daría un giro tan radical. Hace unos días, estaba preocupada por los exámenes finales y ahora estoy huyendo de la mafia. Me siento como la protagonista de una novela de acción, pero sin la preparación adecuada. Papá siempre me dijo que debía ser fuerte, y estoy intentando serlo, pero a veces es tan difícil…
*
Interrumpo mi escritura al escuchar un ruido afuera. Mi corazón se acelera, y me levanto para asomarme por la ventana, pero no veo nada fuera de lo común. Aun así, el miedo de ser encontrada me hace sentir un escalofrío. Vuelvo al escritorio y trato de concentrarme en escribir, pero mi mente sigue volviendo a ese ruido.
El tiempo pasa lentamente y, eventualmente, escucho la puerta abrirse. Me preparo para cualquier cosa, pero es solo Gavrel, cargando con bolsas de la compra. La tensión en mis hombros se disipa un poco.
—Todo bien aquí —digo, tratando de sonar despreocupada—. ¿Necesitas ayuda con eso?
—Estoy bien, gracias —responde Gavrel, dejando las bolsas sobre la mesa—. ¿Cómo te sientes?
—Como una prisionera de lujo —respondo con una sonrisa sarcástica—. Pero supongo que estoy bien, considerando todo.
Gavrel suelta una risa suave, apreciando mi intento de humor.
—Lo sé, no es fácil, pero es necesario.
Asiento, entendiendo la gravedad de la situación, aunque me cueste aceptar esta nueva realidad. Mientras Gavrel guarda las compras, decido ser más útil.
—Voy a preparar algo de comer —digo, levantándome del sofá—. Considerando que seré tu roomie por un tiempo, lo mínimo que puedo hacer es ayudar en la cocina.
Gavrel me mira, sorprendido, pero luego asiente con una sonrisa.
—Eso suena bien. ¿Sabes cocinar?
—Bueno, no he quemado la cocina... todavía —respondo con un guiño, buscando aliviar un poco la tensión.
+
Paso el resto de la tarde en la cocina, preparando una sencilla pasta con lo que encontré en las bolsas de Gavrel. Es una tarea que me distrae y me hace sentir un poco más normal en medio de todo este caos. Mientras cocino, Gavrel se sienta a la mesa, observándome con una mezcla de curiosidad y aprobación.
—Huele bien —dice finalmente—. ¿Dónde aprendiste a cocinar?
—Mi nana me enseñó, no soy una chef profesional, pero puedo apañármelas.
Mentiras, una cosa es que ella me enseñara hacer la pasta por una tarea de clases y otra era que me gustará aprender a cocinar.
—Me sorprende.
—¿Por qué? Oh, no me mires así, creíste que soy una buena para nada por ser la princesa de papi.
Pues si lo soy, pero jamás pensé que fuese tan evidente.
—Sinceramente, sí.
—Eres un… Pues no, sé muchas cosas de las que te puedes sorprender.
Ash, cómo pude ser que a veces sea un maldi... engreído y otras sea comprensivo.