CAPÍTULO TREINTA Lucas esperaba con toda la paciencia que había aprendido a los pies del Oficial Ko a que la audiencia en la Asamblea de los Nobles terminara. Sabía que Sofía tenía que hacerlo: para poder gobernar y para responder a las mil y una preocupaciones que podrían surgir tras su victoria. A decir verdad, pensaba que estaba haciendo un buen trabajo. Sospechaba que él no hubiera sido capaz de apaciguar las preocupaciones de la ciudad de una forma tan efectiva, que no hubiera sido capaz de perdonar a antiguos enemigos y ganarse el apoyo de la gente. Cuando la gente que había allí la aclamaron, Lucas vio nobles entre ellos y plebeyos, el pueblo del Hogar de Piedra y el de Ishjemme, todos unidos como uno por su hermana. Él no podría haberlo hecho. Aun así, se hacía difícil esperar.
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