bc

Ciudad en Penumbras

book_age0+
detail_authorizedAUTORIZADO
21
SEGUIR
1K
LEER
like
intro-logo
Descripción

Cruzando por la carretera CT Treco ubicada al Oeste del Gran Buenos Aires puede llegar a toparse con una misteriosa ciudad envuelta en un velo de situaciones inexplicables capaces de sumir a sus visitantes en la locura, mas no se encuentra deshabitada pues aun hoy esta habitada por ciudadanos quienes ignoran la naturaleza del suelo sobre el cual caminan. Un lugar donde el odio cobra forma y despierta para saciar su sed de sangre su sed de venganza, sin importar en quienes recaigan las fuerzas devastadoras de la ira pues solamente pueden movilizarse ciegos entre la vastedad de la nada. En esa ciudad nadie se encuentra a salvo ya que vivir en ese sitio es solamente sobrevivir.

chap-preview
Vista previa gratis
Chapter 1
Ciudad en Penumbras Johnn A. Escobar Rose B. I Copyright © 2018 Johnn A. Escobar All rights reserved. No sé muy bien como comenzar a narrar estos sucesos, supongo que es preciso presentarme más que nada, bien mi nombre es Miguel Fernández y hace tres meses me hallaba recorriendo la carretera CT Treco situada al Oeste del Gran Buenos Aires en mi vieja Chevy una herencia de mi padre; era un día caluroso de verano por demás insoportable en especial la terrible humedad que parecía emanar sin piedad por cada recodo de mi viejo automóvil que carecía de aire acondicionado. Cansado y totalmente sediento luego de haber conducido por más de tres horas consecutivas decidí orillarme unos segundos para pensar mejor qué hacer, al cabo de unos segundos sintiendo el ahogo creciendo con locura demencial terminé emprendiendo la marcha pues aún me faltaban tres horas más para arribar a Penumbras City. Pronto una terrible tormenta se desató sin previo aviso, eso no era extraño ya que como había mencionado era verano; el repentino torrente de agua helada cayendo sin piedad sobre el techo de mi vieja Chevy lejos de provocar el ansiado alivio provocaría que el calor acumulado en el techo bajara elevando aun más la temperatura interna. Aquello significó, sin exagerar, una condena para mí, decidiendo entonces parar en la primer oportunidad que se me presentara, cerca de dos kilómetros más adelante divisé un edificación no muy grande se trataba de un bar de carretera, recuerdo que al verlo lo primero en que pensé fue que aquel lugar parecía salido de una película de suspenso, alejando mi mente de ello, que a mi parecer significaba un oasis en medio del desierto. Estacioné mi automóvil junto a la carretera donde una motocicleta y una camioneta también reposaban, dentro no distaba del típico bar, la amplia barra a un lado de la entrada provista de todos los tipos de bebidas posibles, del lado opuesto estaban situadas las mesas y las sillas, el ambiente resultó hogareño, el aire interno fue un auténtico alivio pues estaba provisto de aire acondicionado, el dueño del local resultó ser el cocinero, la barra estaba siendo atendida por una joven no muy agraciada de tez morena y cabello hirsuto, esa mujer estaba armada con un horrible gesto desagradable en el rostro, algo tosca y de mal carácter tomó mi orden y en veinte minutos trajeron mi hamburguesa y un refresco de cola; tres hombres que pasaban los sesenta y cinco años de edad charlaban sentados a una mesa, parecían tan compenetrados en su charla que no posaron los ojos en mí. El tiempo volaba observé la hora en mi teléfono celular y pasaban de las cuatro de la tarde, fuera la terrible tormenta continuaba sin descanso y parecía que no pararía pronto. El cielo estaba totalmente n***o y francamente asumí no podría partir; pasaron los segundos, los minutos y finalmente las horas, resignado vi que ya eran las ocho de la noche. El bar iba a cerrar o eso creí luego de ver partir a la joven quien resultó ser la dueña de la motocicleta, se había despedido del dueño siendo efusiva en contraposición con la manera apática en que se manejó conmigo, oyéndola prometer al dueño que conduciría con cuidado. El dueño entonces viendo mi situación me propinó unas palabras de alivio al decirme: “Tranquilo joven, no tiene por qué irse, si lo desea puede acompañarnos a nuestro juego de cartas de los viernes hasta que la tormenta se detenga”. Así dimos comienzo al juego no sin antes llevar una de las mesas hacia el centro del local donde el dueño del establecimiento cuyo nombre era Esteban Giménez procedió a presentarme a los demás presentes, siendo estos Edgardo Alvares, Alfonso Castro, Amadeo Sosa, tras esto estrechamos las manos y procedimos a sentarnos cómodamente en las sillas Edgardo procedió en repartir los naipes jugaríamos al truco, y dado éramos número impar no armamos equipos sino que jugamos uno contra el otro. Mientras continuábamos compenetrados en el juego comenzamos a charlar, aquellos hombres resultaron dueños de una amabilidad digna de mención y por sobre todo eran curiosos me preguntaron a qué me dedicaba, siempre es un placer conocer personas tan agradables y no dudé en responder que era dueño de un humilde pero próspero kiosco que había creado con los ahorros de mis empleos como albañil en una de las tantas edificaciones en capital federal. Entonces ellos me compartieron que actualmente estaban jubilados y pasaban los días en el bar, que por cierto era de los cuatro amigos, charlando hasta altas horas de la noche, Esteban también se había jubilado hacía años como profesor mas continuaba ejerciendo como cocinero en aquel agradable bar ya que prefería la labores al ocio. No habían transcurrido más de quince minutos cuando Alfonso notó que no sabían hacia donde me dirigía incurriendo en ello; yo por mi parte no dudé en hacer mención de mi destino, y la razón de mi viaje el cual era una herencia, según me habían comunicado un primo lejano me había legado su casa en mencionada ciudad; mas al oír a donde me dirigía las muecas en los rostros de mis compañeros de truco se tornaron en gestos de horror puro y un silencio incomodo nubló la habitación por breves instantes. Al cabo Amadeo habló diciendo en un tono calmo׃ “¡Miguel no conoces los sucesos que envuelven Penumbras City, porque de ser así jamás irías a un lugar tan único!”. Luego de decir eso yo noté que aquel énfasis en la palabra único no fue hecho con una buena impresión sino que denotaba un halo de oscuro secretismo y una terrible incomodidad surgió en mí, Esteban rompería el silencio comunicándome lo siguiente׃ “Bien, verás Miguel aquella ciudad no es un lugar seguro para nadie, los habitantes son seres buenos y bondadosos con algunas excepciones claro está. Pero hay algo más que lleva la tragedia y la desolación a todo aquel quien pise sus suelos y permanezca allí por un tiempo considerable. Mas no me es menester provocar en ti una molestia con historias de ancianos que sólo juegan a los naipes sin mayores cosas que hacer”. Siempre he estado abierto a todo tipo de relato sea creíble o no, pues desde mi punto de vista todo relato es digno de ser escuchado sin prejuicios y ya después uno mismo podrá sacar sus conclusiones, y envuelto en esta convicción me di de lleno a oír comunicando mi interés por saber con mayor profundidad qué cosas se decían de aquellos lugares fueran paranormales o no en verdad deseaba saber así que Alfonso acercó una jarra de sangría y unos vasos, en principio me negué a beber pero reconsideré mi idea pensando que de ser necesario podría posponer mi viaje unas horas en especial teniendo en cuenta la tormenta que no menguaba ni un segundo. Y así dio comienzo la primer narración por parte de Edgardo quien sin pelos en la lengua dijo: “Hace años ya cuando aun era joven tuve la fortuna o la desgracia, según como se vea, de arribar a Penumbras City; me había graduado como oficial de policía y tras una evaluación fui asignado a trabajar en el destacamento policial de tal ciudad. Durante mis primeros cinco años de carrera solamente estuve limitado a trabajar atendiendo las llamadas en la línea directa y pasar los informes correspondientes, en todo aquel período jamás vi nada fuera de lo usual y a decir verdad no tenía tiempo ya que cubría turnos de doce horas por lo mismo regresaba cansado a mi departamento. Mas al llegar el sexto año hubo una nueva incorporación de oficiales, como era costumbre los más jóvenes realizarían trabajo de oficina, debido a ello fui insertado entre los oficiales de patrulla y sería allí donde vería el primer suceso". La cabaña y el molino Marcelo Acevedo con veintinueve años de edad llevaba una vida relativamente cómoda junto a su esposa Julieta Martínez dos años menor que él, tal matrimonio contaba con dos hijos Fernando e Isabel hermanos gemelos de tres años de edad. El joven matrimonio contaba con una buena posición económica Marcelo poseía una fábrica de neumáticos con un buen pasar; tal familia convivía en un barrio privado dentro de Puerto Madero, mas no todo era un lecho de rosas entre ellos luego de cinco años Julieta sin motivo aparente le exigió el divorcio y en cuanto él pidió una respuesta ella argumentó con total descaro que había hallado un nuevo amor, ante semejante explicación él aceptó el divorcio sin emitir una sola palabra. Pese a todo ello Marcelo quería a sus hijos por lo que esperaba continuar en contacto con ellos mas debido a un hueco legal él quedó obligado a continuar pagando una pensión alimenticia por ambos niños sin ningún privilegio para verlos siquiera por lo cual terminado la tramitación de aquella separación Julieta en compañía de sus hijos partió marchando rumbo a Europa donde habría de reunirse con su amante sin siquiera dejar en claro a qué país Europeo arribaría; dejando a Marcelo totalmente devastado y sin consuelo no por la partida de su ex esposa ni siquiera por estar obligado a pagar una manutención por deposito bancario, pues él tan solo extrañaba con locura a sus dos pequeños hijos de quienes estaba seguro jamás volvería a ver. Viéndose sumido en una brutal depresión que lo abatió por casi un año sin descanso, luego de tres años y un tratamiento médico seguido al pie de la letra Marcelo se vio recuperado mas nunca podría olvidar a sus pequeños de los cuales no podía seguir el rastro por orden del juez. Por consejo médico, Marcelo supo que necesitaba un nuevo comienzo en su vida pero no deseando formar una nueva familia supuso que aquel inicio sería abandonando la casa donde convivió con su familia. Comenzó entonces a soñar con tener una granja donde criar animales y tal vez dedicarse de lleno a la siembra de maíz, alejándose para siempre de los ruidos molestos de automóviles a tempranas horas de la madrugada junto con sus bocinazos, del griterío constante de las personas, y por sobre todo dejar atrás aquella jungla de cemento que significó su cruel fortuna. Cierto día hizo partícipe a uno de sus amigos más cercanos de aquel sueño y ese hombre lejos de derribar los sueños de su amigo lo alentó y ya que éste último tenía unos asuntos que tratar en Penumbras City lugar que sabía de antemano que poseía grandes predios rurales le pidió a Marcelo lo acompañara. Una vez llegados a Penumbras City Marcelo se puso en contacto con una inmobiliaria local Luzbel SA, visitando diversas propiedades mas ninguna lograba cautivarlo hasta que finalmente quedó perdidamente enamorado de un enorme campo perfecto para la siembra el mismo disponía de una cabaña y un molino todo rodeado por un viejo cerco. La cabaña estaba desgastada por años de abandono así como el viejo molino que parecía pertenecer a un museo. Y aun viendo todo ello Marcelo estuvo decidido a comprar la propiedad sin vacilar siquiera un breve instante; cuando finalmente tuvo las llaves de la cabaña entre sus manos Marcelo sintió que las ilusiones perdidas hacía tanto tiempo retornaban a él llenándose con los vientos despejados de un día hermoso y despejado de primavera, ya se veía sentado a las puertas de su cabaña disfrutando de un merecido descanso luego de un arduo día de trabajo observando la caída del sol olvidando todo el dolor que alguna vez lo dominó por completo. Mas todo eso era un sueño y sabía muy bien que tenía un amplio trecho que salvar antes de cumplir esa nueva meta en su vida poniéndose en marcha. Lo primero que hizo fue ponerse en contacto con el dueño de la tienda local de productos agrícolas comprándole los suministros necesarios y pidiéndole intercediera para contratar a su nombre a trabajadores serios con la finalidad de refaccionar la granja y la cabaña, ofreciendo casa comida y una módica paga, dejando su dirección para que éste le escribiera un telegrama y así viajar lo más pronto para efectuar las entrevistas en persona con las hombres interesados ya que por lo pronto Marcelo debía de regresar a Capital Federal con la sola finalidad de concluir el cierre de la venta de su fábrica hacia los empleados.

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

La traición de mi compañero destinado y mi hermano

read
290.4K
bc

Casada con el Billionario Desalmado

read
26.5K
bc

Rechazada y Abandonada

read
8.8K
bc

Sobornando la Venganza del Billonario

read
14.7K
bc

La niñera del hijo del CEO.

read
2.2K
bc

Vuelve como multimillonaria

read
17.0K
bc

La Última Heredera de la Luna

read
244.6K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook