-Prologo-
—Prologo-
James Kambe.
La vida siempre ha sido dura conmigo, siempre tuve que arreglármelas solo. Todo el tiempo fui subestimado por ser un niño adinerado, que era mimado, sin cerebro, arrogante, chico de pocos amigos, misterioso y frío.
En algo tenían razón…
Si era frío, gracias a los insultos constantes de mi padre me llevo a esforzarme más que a mis dos hermanos mayores que estaban en el ejército. Día y noche con disciplina que me impartía mi padre estudiaba todo el tiempo.
El idiota de mi padre siempre quiso que fuera al ejército al igual que mis hermanos, pero me le alce, decidí estudiar criminología, lo cual él bufó y objetó que nunca podía ser de la familia a la cual estaba destinado a destruir; sin embargo, me ofreció quedarme del “otro lado”, como lo llamaba él… La mafia.
Lo pensé por días, pero estaba claro que nunca iba a ser el camino para mí. Me mudé de la lujosa mansión de mis padres, a la Universidad de Toronto para estudiar lo que le había propuesto a mi padre anteriormente.
Sin descanso llegue hasta mis límites y los sobrepase, llegue a graduarme con honores de esa Universidad, no obstante, no estaba satisfecho con la educación que había recibido en ese lugar.
Entre mis investigaciones llegué a la conclusión que en la capital de j***n, se daba mejor la investigación y la detección de criminales. Sin creerlo mucho tome un boleto hacia allá, sin preocuparme de nada, comencé mi búsqueda de un maestro o Sensei como lo llaman los japoneses.
Busque tenazmente, estudios poco ortodoxos en las calles de Tokio, entre tanto me adentraba, más confuso era para mí entender lo que los policiales o detectives aplicaban.
Hasta que conocí a Makoto Haebaru, en cuanto entre en contacto con él me di cuenta de que era un tipo relajado, a simple vista, se ve que no es japonés, por lo que le pregunte y su repuesta fue que era Americano, pero se fue a vivir a j***n por amor.
Por algunas líneas de expresión en su rostro se deduce fácilmente que tiene cuarenta y cinco años, de un 1, 78 cm, tez blanquecina, las primeras veces que recibí consejo de su parte eran cosas inútiles, sobre la vida y como jugarla.
No hace falta decir que con el tiempo aprendí de él, lentamente fui mejorando en el camino de las investigaciones poco ortodoxas y al cabo de cuatro años, ya lo sabía absolutamente todo, orgulloso al fin me fui de j***n.
Regrese a Toronto, sin perder el tiempo, conseguí que me contrataran en el Grupo de Trabajo de Prevención de Crimen Moderno o GTPCM. Es decir, la organización más reconocida de toda Norteamérica, específicamente quedé en el Departamento de policía Metropolitana-División detectives.
En palabras más digeribles, Soy el f*****g Jefe del Departamento; sin embargo, si sigo trabajando de forma disciplinada, en un lapso de cuatro meses escalaré y me convertiré en uno de los socios de la Organización.
Todo iba marchando a la perfección hasta que… En mi oficina llegó Víctor, todo sulfurado y explicó que el caso que llevaba en las manos era de suma importancia, que nadie, en el transcurso de cinco años, ningún detective ha podido resolver.
Llegando hasta a mí; me he creado la fama de no fallar ni un caso que se me ha confinado, no obstante, este caso está fuera de lo ordinario y me daría muchos problemas…
Talía D´amelio Pucci.
Mi formación para convertirme en una D´amelio, se basó en como asesinar, como negociar, como convencer. En pocas palabras me enseñaron a convertirme en una mafiosa.
Por sangre, soy la siguiente heredera del imperio mafioso italiano, el cual no hace faltar decir que querían a un varón para heredar todo este clandestino mundo, sin embargo, mi padre se interpuso ante muchas personas de poder que me querían matar para evitar eso, pacto un trato con la sociedad mafiosa.
Tenía que entrenar desde que dijera mi primera palabra para así asegurar que el mundo de la mafia italiana estuviera seguro en mis manos, por consecuente no sé equivocaron.
Mientras crecía, varias personas muy reconocidas de la mafia venían y me imponían pruebas. Si yo las pasaba era un paso menos para tener lo que es mío por derecho y si no moría.
Lo cual no sucedió, de tanto llevar golpes, asaltos, pruebas, las cuales tenía que matar a personas inocentes, de robar y negociar cargamentos. Por fin me otorgaron el título de “La reina italiana”, por supuesto, teniendo ese título en mis manos frías, tenía más responsabilidad y reconocimiento.
Al cabo de dos meses, ya de ser nombrada reina, vino a mí, mi padre, con la cara descompuesta, triste, le miré al hacerlo me dijo que tenía una misión para mí, la cual me llevaría cinco años.
Tenía que matar a una de las familias más poderosas de toda Norteamérica… Los Jackson.
Sin dudarlo me puse en marcha, teniendo la bendición de todos los jefes mafiosos, viaje hacia Boston con suma cautela, investigue a todos los integrantes de la familia y empecé a asecharlos, sabía cada paso que daban, cada rutina que tomaban, lo sabía todo.
Después de 2 años de investigación me sentía totalmente preparada para empezar a asesinar, comencé por los miembros más antiguos que vendrían siendo los abuelos de los ahora jefes de las empresas American-Jak´S.
Nadie se lo veía venir, sin dejar rastro tenía que esperar varios meses para volver a atacar, no quería cometer errores, ahora comprendiendo mejor lo que dijo mi padre, espere.
Pasaron como 9 meses para volver atacar; sin embargo, estuve muy cerca de ser descubierta, mate a los padres, muertes rápidas, indoloras, no quería que sufrieran mucho.
Así que con un simple golpe en el lomo, los desmaye a ambos, y con disparos en la cabeza murieron. Fue por eso que casi me descubren por mi buena voluntad de todas maneras, yo soy la mejor y a mí nadie me atrapa.
Obviamente, los empresarios no se iban a quedar así, sabía que ellos tenían contactos con la policía, me buscaban en Boston, por decisiones apresuradas me mude a Toronto, ya que allí, residían mis últimas víctimas.
No obstante, como ya dije, eran decisiones apresuradas y no contaba que los detectives de Toronto, fueran… Por así decirlo, fastidiosos y exasperantes, no había conocido a nadie así… Hasta que me tope contigo…