CAPITULO 28 ALBERT Detallo cada zona en la pantalla de la laptop, la cual me ofrece información detallada de cómo opera la producción de alucinógenos en la planta, que han instalado dentro del submarino. Al parecer el coreano, que se mueve de un lado a otro supervisando que todo marche bien en la planta, el único que observo que dentro del submarino trata con el conde, debe ser su mano derecha. Me regocijo por dentro, ¡saber que tengo todo para que demos un golpe fuerte!, y debo admitirlo, todo gracias a la jodido genio, que, por cierto, caigo en cuenta que mientras he estado concentrado revisando las zonas del submarino, no la he escuchado hablar como la parlanchina en que se convierte cuando estamos solos.

