CAPITULO 32 AMELIA Las manos del sujeto, viajan a mis senos acariciándolos por encima de la tela. En medio de mi alto grado de embriagues, pero con mi consiente intacto, gracias al entrenamiento que me ha dado mi profesión, abro mis ojos, y no veo a Tefi por ningún lado, me volteo rápidamente, y el camino de mi acción tomo la mano del sujeto y en una maniobra, tuerzo su brazo, lastimándolo, para quedar frente al atrevido que ha querido pasarse conmigo. Su colonia llega a mis fosas nasales, identificando su aroma, nuestras miradas se conectan, y me toma de la cintura con la mano libre, pegándome a él, mientras su cara muestra el dolor que le causo. -He tenido razón cuando le dije a mi hermano que es de las m

