CAPITULO 27 AMELIA Llego al parqueadero de la propiedad de Albert, abro mi carro, me siento en la silla del conductor, cierro la puerta, y me relajo unos segundos respirando profundo. No acceder a su petición de que me quedara disfrutando de un polvo mañanero, ha sido un esfuerzo extrahumano, ya que lo deseo demasiado. Menos mal he encontrado las llaves del McLaren en el piso de la habitación, mientras recogía mi ropa, no me quiero imaginar si me hubiese devuelto a pedírselas, en que posición me tendría ahora. llego a la central, a mi habitación, me ducho, disfrutando del agua que recorre mi cuerpo bajando un poco mi calentura. Me pongo mi uniforme, me maquillo, ¡ajusto mis botas y lista! No sé porque el he

