Las dos palabras se escuchan suaves, dulces y sinceras en mi oído. Te quiero. No dice nada más, sólo esas dos palabras que de alguna manera me hacen sonreír. Astaroth Románov acaba de decir que me quiere, no es que le esté dando un significado exorbitante pero la frase me ha golpeado. Me quedo unos segundos entre su cuello, en silencio sin responder a lo que ha dicho y él no exige ninguna respuesta. Lo siento dentro de mi aún endurecido y resoplo, este hombre no tiene un punto de satisfacción que conozca. —Estamos en un coche, deberías de salir de mi. —digo cambiando olímpicamente el tema. Sus manos pasan a mi trasero apretándolos, doy un respingo levantándome y golpeándome la cabeza con el techo del coche. —Auch. —gruñó. Astaroth se ríe y yo le vuelvo a ver mal. Su sonrisa es

