Rápidamente, aquellos cigarrillos dejaban a su paso solo cenizas. Ambas mujeres guardaban silencio, mientras fumaban y bebían del vino rosa de sus copas, parecían disfrutar el silencio y el sonido del mar golpeando la costa, al igual que disfrutaban cada una de su cigarrillo. Aquello calmaba sus ansias por intentar conseguir solución a todo y dejar atrás algunos cuantos problemas, aunque ese era el deseo, no era tan fácil como simplemente sonaba, todo conllevaba un gran proceso, sobre todo para Aitana, la cual sufría los constantes golpes de la vida hacia ella. Su cigarrillo pasó como pasa un instante entre dos personas que se gustan en el vagón del tren, pero alguno de los dos debe bajar en la próxima parada, fueron más las ganas por hablarse, que lo que estos dura

