Una sola carne.

1905 Palabras

Aitana no pudo esperar más, se dio media vuelta y tomó entre sus suaves manos el rostro de Jean Pierre, y cerró sus ojos antes de que sus labios se encontraran. ‍‍‍‍‍ Tomándolo por sorpresa, a altas horas de la madrugada, Aitana besó apasionadamente a aquel hombre que la hacía perder la cordura, y si había algo que ella dejaba en claro esa noche, es que sería ella quien tomaría las riendas, deseaba estar con él a todo costo. ‍‍‍‍‍ No había nada que deseara más en ese momento, que estar entre sus sábanas, sintiendo su calor, mientras entraba en ella sin piedad. ‍‍‍‍‍ Jean Pierre solo era el afortunado ganador esa noche. ‍‍‍‍‍ Aitana se dejó llevar por sus más oscuros deseos y lo empujó para que su espalda cayera sobre la cama, Jean Pierre se acomodó apoyándose en sus codos para admirar

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