El sol comenzaba a traspasar los orillos del ventanal del camarote de Jean Pierre, la luz se colaba y empezaba a incomodar el rostro de Aitana, la misma que yacía en brazos de un profundo Jean Pierre. Repentinamente, Aitana abrió sus ojos y pronto recordó donde estaba y que debía de prepararse para el paseo en yate de esa mañana. Tenía una gran oportunidad esa mañana de comenzar a encaminar las cosas de su parte, si había una oportunidad de triunfar sobre su esposo era ahora. Esto era un juego por ver quien se quedaba con la mayor parte y ella no estaba nada dispuesta a doblar su brazo. La guerra aun no comenzaba, pero se avecinaba, y ella debería de estar lista para actuar antes que Jordi. Sus ánimos estaban por las nubes, aquella noche con Jean Pierre

