Aitana, al apenas escuchar aquella voz masculina tan conocida, volteó sonriente hacia él, si algo esperaba ella ese día, era que Jean Pierre viniera con ellas y él no la defraudó. Cloe observó con detalle a Jean Pierre, apuesto y atractivo también, pero no sabía quién era este tipo. — No lo sé, ¿Qué dices Rachell hay un lugar para tu amigo? —Respondió Aitana disimuladamente, mientras le daba una fugaz mirada a Rachell llena de complicidad, ella bajó sus gafas un poco y sus ojos hablaron por sí solos. No quería que Cloe se enterara de quien era Jean Pierre en realidad, aun no era el momento, esa mirada a Rachell rápidamente la captó. — Al fin llegas, nos íbamos a ir sin ti cariño. Oh, Cloe, te presento a un querido amigo mío, el señor Leblanc.

