Narra Elmer. Catalina pasa las siguientes cinco noches conmigo, le ha dicho excusas a su abuelo para poder quedarse. Duermo mejor que desde los primeros días de mi jodido matrimonio con Jessica, antes de descubrir que su codicia era más profunda que su buena apariencia. Me duermo con Catalina en mis brazos, su cuerpo suave, húmedo de sudor, acurrucado contra el mío, y la despierto todas las mañanas. Con mi lengua o mis dedos o mi polla. Ella está obsesionada con los tres, y yo estoy jodidamente enamorado de ella. Pienso en ella en los peores momentos. Cuando estoy en una reunión de la junta. Cuando salgo a jugar al golf con los inversionistas, los compadezco por sus esposas cazafortunas que los engañan con las manos extendidas. Es irónico porque el dinero había traído a Catalina a mi vida

