Narra Catalina. Me empuja hacia él, me toma en sus brazos, su cálido aliento acaricia mi oreja. —Realmente debería ponerte sobre mis rodillas por lo que dijiste en el restaurante— él tira de mi pequeño arete de aro entre sus dientes. Extiendo mis dedos sobre su pecho y me sorprende que su corazón sea tan errático como el mío—.Hay tantas cosas que debería hacer porque eres tan exasperante, pero solo quiero estar dentro de ti. —Sí— jadeo cuando deja caer mi arete. Me besa, lanza un sendero caliente por mi cuello hasta mis pechos mientras sus manos tiran de mi cremallera. Deja que el vestido caiga alrededor de mis tobillos, da un paso atrás y presiona su puño contra su boca. La forma en que me mira, como si fuera la primera vez que me ve, levanta un muro a mi alrededor. Levanto mis brazos

