A William nunca le agradó nada acerca de los menesteres de la dirección de ninguna dirección o de algún estamento público, por más lucrativo o remunerativo que éste pareciera ser. Por eso su abuelo Jerome terminó por desestimarlo como futuro rey, ya que no mostró en ningún momento afinidad con las administraciones o cosa afín. Sin embargo, su padre lo obligó a dirigir los negocios de la familia, ya que él era el hijo mayor, y como las chicas no estaban interesadas más que en gastar y en cuidar a su familia sin preocuparse de los asuntos económicos, alguien tenía que hacerse cargo del patrimonio familiar. — Papá, sabes que no me gusta la administración, por favor. — Se quejaba William. — A ti lo que no te gusta es esforzarte como es debido, muchacho vago. Mira que tu abuelo estaba dis

