Narra el autor... Luego del incidente en la calle, Amelia, llega a el teatro donde trabaja y ensaya un poco agitada. — Amelia, ¿Estás bien? Vienes un poco sofocada. — Pregunta Esther, su amiga, mientras se quita la bufanda y la cuelga en el perchero. Amelia apenas logra forzar una sonrisa, intentando procesar lo que acaba de suceder. El encuentro con ese hombre en la calle, ese tipo altanero y prepotente, había dejado una huella más profunda de lo que quería admitir. Ella le había gritado, casi instintivamente, pero eso no aliviaba el nudo en su estómago. ¿Cómo había acabado en esa situación? Primero, casi la mata un coche, y luego había tenido que enfrentarse a alguien que, a pesar de ser increíblemente guapo, la había humillado sin dudarlo. — Estoy bien, solo... bueno, tuve un en

