Me faltó aire. Nuestros ojos se miraron con una mezcla de sentimientos inexplicables. Mientras la melodía de la música se volvía grave, nuestros pies seguían pasos duros. Sorprendentemente, mientras los otros socios cambiaban de pareja, permanecemos allí, con las manos unidas, mirándonos ferozmente el uno al otro.
No era un vals de dos enamorados, sino de un padre y una madre, que están en conflicto, buscando lo mejor para sus hijos. Él no quiere que yo conviva con los niños y yo desprecio totalmente sus razones.
El apretón de manos, no estaba ligado al practicar una danza ligera, al contrario. La huella era fuerte, con la intención de lastimarse recíprocamente, y tal vez eso reflejaba lo que pasaba en nuestro interior. Hasta que llegó en un momento en que nos soltamos. No sabía a ciencia cierta quién dio la iniciativa, lo principal era que ahora estábamos alejados.
— ¿Dónde estabas? - Diogo preguntó así que volví a tus brazos. En vez de seguir con las manos apoyadas en la suya, y con el cuerpo a dos pasos de distancia, dejé que mi emoción fluyera y lo agarré como una niña asustada. — Oye, todo está bien.
Él me cuidaba la espalda mientras yo aguantaba el llanto. Recordé la frase que su padre había dicho el otro día. Yo debía ser fuerte. Soportar las pruebas de esa vida, y eso incluía la mirada de desprecio del padre de mis hijos.
— ¿Quieres irte? - Susurró en mi oído.
Era todo lo que quería. Huir. Dejar de concentrarme en las miradas de quienes me juzgaban. Volver a la casa de mi amiga, tumbarme en el colchón y llorar toda la noche. No, eso no es lo que debería hacer. Primero, porque tengo que aprender a ser fuerte, si quiero ganarme el amor de mis hijos, y segundo, este evento es muy importante para Diogo, y no quiero que se dañe por mi culpa.
— No, nos quedamos.
— Pero estás a punto de llorar.
Dijo mientras levantaba mi mentón. Delicadamente, limpió mi mejilla, como un caballero. Miré atrás viendo a Sebastián. Volví mi mirada hacia Diogo.
— Tengo que enfrentar mi pasado.
Él estuvo de acuerdo, y seguimos bailando. A esa altura del evento, la fiesta ya había terminado para mí. Podría tomar mi bolso y simplemente salir. Pensé que nada más podría suceder. Era una pena que los acontecimientos recién comenzaban.
— Muy bien, parejas. - el locutor golpea tres veces el micrófono. — Ya basta de bailar. ¡Ahora es la hora de nuestra subasta de mujeres! Todo aquí es solo para el beneficio de una caridad. Todo el valor invertido será devuelto a la casa benéfica que ustedes mismos elegirán.
— Yo no voy a participar en eso. - le digo a Diogo. Él pide un minuto para contestar el teléfono y aún ocupado, él me responde rápidamente.
— Tienes que participar, escribí tu nombre.
Trato de abrir la boca, para evitar que salga, pero es demasiado tarde. No puedo creer que me escribió en una subasta que él mismo no asistirá. Furiosa, intento salir ligeramente para que yo no necesite interactuar en esa payasada. Infelizmente, uno de los colaboradores, interviene mi salida.
— ¡Yo no quiero participar! - prácticamente forzada, soy obligada a ponerse la máscara y a subir al escenario.
— Estas son las mujeres hermosas que están siendo subastadas. Al final, la persona que la conquistó, y la elegida, serán llevados para un cuarto Máster. Si no es su compañera, pueden irse en cualquier momento, si ella es, disfruten su estancia. ¡Maridos! ¡No se equivoquen! Pusimos a todas parecidas, justamente para probar el conocimiento de los hombres sobre sus mujeres. Si rematas a otra persona que no sea tu compañera. Bueno... - él sonríe. — Ustedes se resuelven en casa.
Para cada muchacha, él distribuye un valor inicial. Los hombres disputan como locos. Esto ya no representa un evento formal, sino un zoológico lleno de animales hambrientos por su presa. No me siento cómodo, pero me quedo en el lugar.
Las mujeres que fueron subastadas fueron a la habitación donde él había dicho, y no regresaron. En el mismo instante todos entendieron que eran sus eventuales esposas. Menos mal. Eso demuestra que nadie va a pelear en casa.
Al final, solo quedamos yo y otra mujer. Intenté descubrir quién era la muchacha, pero no supe. Realmente todas estaban idénticas. La organización del evento pensó en cada detalle. Desde el color del vestido, hasta las máscaras y turbantes idénticos.
— Bien. Como solo quedan dos mujeres, lo haremos diferente. Subastaré las dos al mismo tiempo. Quien pague más, se queda con la elegida, la otra será subastada nuevamente. - él toma la mano de mi concursante. — Esa mujer posee las curvas atractivas, postura esbelta, un metro y algo. Cuerpo curvilíneo, y aroma encantador.
Enrollo los ojos. El locutor suena más como un artista de circo. Luego viene a mí.
— Esa no tengo ni qué decir. Sus atributos son visibles. Cuerpo atractivo, diseñado con primor. Curvas hermosas. Una postura y seguridad en el salto, envidiable... ¡Que empiece el combate!
Los hombres comenzaron a subir las placas. Miré todos los rincones para ver si hallaba a Diogo, pero él realmente desapareció. Eso me dio un odio enorme. Él sabía que iba a participar, ¿Por qué no volvió para ganar el combate? Al menos con él, no tendría que enfrentar a una persona extraña.
— Están débiles. ¡Aumenten esos valores!
Estaba disputado, ellos querían a la otra mujer, pero yo era la más elegida. Hasta que una placa fue erguida dando el mayor tiro. Al ver al hombre que levantó el brazo, mi aire se fue. Sebastián estaba paralizado mirando mi cuerpo. La mujer que estaba a mi lado me miró automáticamente. Al mismo tiempo entendí que ella se trataba de Diana, y estaba cometiendo un error.
— ¿Quién da más?
La disputa no era fácil, los otros hombres también estaban levantando las tablas para mí, esto aumentaba aún más su ego de intentar arrebatarme. Me tragué en seco percibiendo su incontrolable voluntad de ganar. Entendí que estaba pensando que yo era Diana, por eso estaba como un animal feroz, listo para conquistar a su presa. Mientras tanto, la mujer a mi lado me miraba con más rabia.
— ¡Vendida a Sebastián Díaz!