Melisa Cierro la puerta del refrigerador y encuentro nuevamente frente a mí la imagen de mi cuerpo, con dos talles de más que en la actualidad y hasta el rostro deformado por los kilos que excedían. Miro la barra de cereal que había tomado y vuelvo a dejarla en el mismo sitio donde estaba. Frustrada camino hacia el paquete de frutos secos y tomo solo un pequeño puñado que sé muy bien que no llegará a saciarme. Me acuesto en la cama, pensando en qué podré mirar en la televisión, cuando escucho el sonido de mi móvil avisando de una llamada entrante. -¿Quién podrá ser? –pregunto a la nada mientras me estiro para alcanzar a ver la pantalla, donde figura un número desconocido. -¿Hola? –saludo algo intrigada. -Hola. Perón por llamar sin anunciarme, pero me parece que sería muy bueno que

