—Buenos días, señora Kenner. La mirada confundida de mi madre se transformó en una mezcla extraña de sentimientos en cuanto reparó en mi presencia. —Buenos días —respondió suave, de todas formas—. ¿Quién es usted? El hombre sonrió amplio, mostrando una dentadura casi tan perfecta como su pulcro traje azul marino, y le extendió la mano con cordialidad. —Un gusto conocerla —dijo sacudiendo la mano de mi madre, quien parecía estar viendo alienígenas frente a ella. Reprimí una risa—. Soy Matthew Archer, el abogado de la señorita Jayde Kenner. —¿Abogado? —repitió, mirándome al fin con la repulsión que había logrado esconder en un inicio. Mi estómago se revolvió, pero opté por sonreír con inocencia. —Así es, su abogado —confirmó, con una confianza avasalladora—. Estamos aquí principalmen

