Capítulo 5

1235 Palabras
Víctor se quedó mirándome, hasta que sonrió.  —Vaya, vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí? —Comenzó acercándose a mí.  No contesté nada, me limité a alejarme hasta chocarme contra un árbol.  —Eres preciosa. ¿Lo sabias? —Siguió amarrándome del cuello. Empezaba a odiar por primera vez en mi vida ser tan admirada.  —Suéltame —pedí apartado mi mirada de él.  —Hueles tan bien, ¿sabes lo difícil que es controlarse para no morderte y chuparte toda la sangre? —Advirtió acariciándome el cuello.  —¡Suéltame! —Repetí.  —¿Qué te parece si pruebo un poco? —Dijo sacando sus colmillos. En aquel momento comenzó a llover y nos caló en pocos minutos. Moví la mano por el suelo intentando coger algo, entonces agarré un palo y le golpeé en la cabeza. Este calló al suelo y aproveché para levantarme y huir. Por mala suerte, al no darle suficientemente fuerte, me agarró del pie haciendo que me cayera al suelo. Intenté darle patadas, pero no sirvió, se colocó encima de mí y me sujetó de los brazos. Agachó su cabeza y me chupó el cuello. Sentí como aquellos colmillos agujereaban mi cuello y de pronto una fuerza mayor alejó a Víctor de mí. Pensé en escapar, pero no sabía quién se había llevado a Víctor, por lo que no sabía si era mejor huir o quedarme en silencio sin moverme. Pronto comenzaron a moverse los arbustos y mi corazón comenzó a latir tan rápido que apenas podía respirar y, entonces, la silueta apareció delante de mí. Al principio no conseguí verle la cara con la oscuridad de la noche, hasta que se agachó y se colocó a unos centímetros de mí. Así su rostro se aclaró y no me costó reconocerle, ya que aquellos ojos eran inolvidables e impenetrables. Aquel muchacho que lucía una sonrisa torcida era Harry. —¿Qué haces aquí? —Me preguntó agachándose. —Intentaba volver cuando ha aparecido él —dije manteniéndome firme. Alargó su mano y me acarició el cuello justo por donde me había mordido Víctor. —Sobrevivirás —afirmó poco después—. Te estas calando, toma mi sudadera. Harry se quitó su prenda y me ayudo a ponérmela. —Gracias —le agradecí colocándome el gorro. —No me lo agradezcas, si te enfermas nos tocara cuidarte y no hay nada que más odie. Me levanté intentando ignorar eso último, entonces me di cuenta de que la sudadera de Harry me quedaba, literalmente, enorme. —Tienes que comer más —se burló Harry. —¿Para que luego me comáis? —Bromeé, aunque tenía parte de verdad. —No somos de los que comen personas, nos alimentamos de restos de animales para no matar a personas... Aunque sí que de vez en cuando bebemos su sangre hasta matarles, pero no nos los comemos. —Oh, vaya, ya me has dejado mucho más tranquila —seguí empezando a andar. —Aparte ya lo has oído, no podemos matarte hasta que nuestro padre venga. Lia —me llamó. Le ignoré y seguí caminando. —Lia —repitió. —¿Qué? —contesté al fin. —Por ahí no se vuelve a la casa, es por aquí —dijo señalando al lado contrario por el que iba. —Lo sé —respondí y este me miró dudándolo—. Vale, no lo sabía, pero no estoy volviendo a casa. —¿Entonces? —Busco a Víctor, necesito mi móvil. —Víctor ya estará en su casa. —¿No lo has matado? —Claro que no, no mato vampiros y menos a mi grupo. —Muy bien, pero necesito mi móvil— Me quejé sentándome en el suelo. —¿Cuál? ¿Esta cosa? —Dudó sujetando con dos dedos mi móvil. —¡Sí! ¡Dámelo! —Pedí acercándome a él. Alzó la mano hacia arriba para no dejarme cogerlo. —¿Para qué lo quieres? —Se interesó, sonriendo. —Ahí tengo fotografías de mi familia y mensajes y toda mi vida. —¿Por qué no intentas escapar? —Preguntó devolviéndome el móvil. —Porque no tengo ninguna posibilidad. ¿No es así? —Eres más lista que las otras. —Gracias —dije molesta. —Es algo bueno. —¿Es algo bueno que me compares con otras a las que has matado? Se quedó pensativo, plateándose lo mal que sonaba.  —Está bien, Lia, tú ganas —sonrió—. Ahora volvamos a casa, te enseñaré el camino, tu sígueme. Comenzamos a caminar y pronto llegamos a la mansión, donde esperaban el resto del grupo. Empezaron a hablar entre ellos y yo aproveché para escaquearme y volver a mi cuarto, donde se suponía que nadie me molestaría. Puse el PIN en el móvil y observé las fotos, un rato después me quedé dormida y el celular calló por las sabanas. Eran las tres de la madrugada cuando un ruido me desveló, más bien, eran pasos, muchos pasos, caminaban por la casa, casi parecía que corrían. —Me alegro de que estés despierta —Dijo una voz detrás de mí. Era Arthur. —¿Qué ocurre? —Dudé sentándome en la cama. —Es hora de ir a clase —informo Lewis sentándose en la silla que estaba en frente de la ventana. —¿Ir a clase? ¡Son las tres de la mañana! —Sí, pero como técnicamente estas muerta no puedes volver a tu antiguo instituto ni a ninguno normal— Explicó Arthur, sentándose al lado de mí. —¿Iré a una escuela vampírica? —Bueno, es una escuela pequeña donde dan clases a un grupo pequeño de vampiros —corrigió Arthur. —¿Qué diferencia hay? —Las escuelas vampíricas no existen, los vampiros o no van a la escuela, o van a escuelas públicas —siguió Lewis.  —Te dejo aquí el uniforme que tendrás que ponerte —avisó Nicole—. Cámbiate, te esperaremos abajo. Vamos chicos. Ellos salieron del cuarto y que quedé sola. Me daba cosa cambiarme allí después de comprobar que cuando querían podían aparecer dentro. Miré cada esquina del cuarto y entonces comencé a desabrocharme el vestido cuando escuché un ruido fuera y me di la vuelta observando la puerta durante unos segundos. —No te preocupes, nadie quiere verte sin ropa —comenzó a decir Harry sentado en la silla y mirando al techo—. Quiero decir que hemos visto a muchas, no nos preocupa verte a ti también. —¿Entonces que hacer aquí? Creo recordar que tu abuela dijo que no podíais entrar sin mi permiso —recordé. —He venido a por mí sudadera, sino recuerdo mal te la presté, no te la regalé. —Está en la estufa —respondí molesta. Harry la agarró y se acercó a la puerta, pero por el camino se paró al lado de mí. —Con tu permiso, me voy por la puerta, como una persona normal. —Me parece bien. —Si quieres más intimidad entra en el baño, así no tendrás problemas para cambiarte. En cuanto acabó de hablar cerró la puerta y la habitación se quedó en silencio. Observé el uniforme y comencé a desabrocharme de nuevo el vestido, pero antes de retirarlo miré la habitación. Después de dar un par de vueltas agarré el uniforme, suspiré y me metí en el baño.  
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