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Secuestrada por vampiros (SpV#1)

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Descripción

Esta es la historia de una chica, Lia, que acaba secuestrada por un grupo de vampiros que desean beber su sangre.

¿Qué ocurrirá si descubre que hay algo más?

¿Qué pasara si se enamora de alguno?

¿Y si intentan matar a los vampiros?

¿Qué ocurrirá cuando descubra su pasado?

Adéntrate en un mundo en el cual lo imposible es lo más posible.

Todos los derechos reservados

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Caítulo 1
Era la primera hora, acababa de tocar el timbre y me dirigía a mi clase. Mientras, paseaba por aquellos estrechos y oscuros pasillos, cuales solo estaban iluminados por unas pocas bombillas, que podías contar con los dedos de una sola mano. Estos tintineaban sin cesar, cuando escuché una voz conocida que procedía de la habitación contigua. Estaban hablando dos personas, me acerqué y me asomé cuidadosamente. Dos de mis compañeros de clase se escondían tras una máscara de humo que causaba el cigarro que tenía uno de los emisores. —Ya no queda nada, será perfecto, pero debemos llevar a más víctimas. —Tenían que ser seis vírgenes, mínimo ¿verdad? —Seis vírgenes, dos impuras y tres chicos. —Por ahora tenemos cuatro vírgenes, un chico y dos impuras. —Eso es. Nos faltan dos chicos y dos vírgenes— apuntó. —¿De verdad tenemos que hacerlo? —¿Tú que crees? Mañana es luna llena, nos quedaremos sin fuerzas y esa es la única manera de que no nos afecte. En aquel preciso momento a mi amiga, Jade, se le cayó un libro en mitad del pasillo. —Ups, perdonar —se disculpó por el susto. Era la típica chica rubia, nunca he creído en los estereotipos, pero en este caso la describía muy bien. Guapa, con un cuerpazo, tímida, inocente, de esas que harían cualquier cosa que le pidas y, sobremodo, amable y cariñosa. Desde pequeña había sido mi amiga, por lo cual, nos conocíamos muy bien y eso había causado que nos convirtiésemos en mejores amigas. Jade siguió el camino y yo dirigí la mirada de nuevo a la habitación donde estaban los muchachos, pero no había nadie. —¿Qué hace fuera de clase señorita Hernández? —Quiso saber mi profesor de física—. ¿No ha escuchado el timbre? —¿Qué? Eh... yo... yo solo... —Vaya a clase ahora mismo —ordenó subiendo las escaleras. —Sí. Corrí para poder llegar antes que él, al llegar coloqué mi mochila en la mesa y observé a los dos muchachos que habían estado hablando. Estos estaban mirando a cada alumno, estudiándonos bien. Con tan mala suerte que se encontraron con mi mirada y se acercaron. —Oye Lia... ¿Este sábado tienes algún plan? — Me preguntó uno de ellos. Eran dos hermanos que provenían de una familia rica llena de misterios, se llamaban Caleb y Lance. —Aún no lo sé. ¿Por qué? —Vamos a montar una fiesta en la casa abandonada que está en el bosque. Te apuntarás, ¿verdad? —Interpeló Lance. —Yo voy a ir, ven conmigo por favor —me pidió mi mejor amiga. —Supongo que iré. —Bien, y esto... ¿Tú eras virgen, verdad? —Dudó Caleb. Lance le dio un golpe en el brazo. Los observé en silencio durante unos instantes, cuando recordé lo que habían estado hablando y un mal presagió inundo mi mente. —Sí... — Afirmé confusa—. Pero ahora que lo recuerdo... tengo que ir al partido de mi hermana. Era mentira. —¿Este sábado juega tu hermana? —Se interesó Jade. —Así es, tú me acompañaras, ¿no? —Claro, ya sabes que tu hermana es lo primero. —Perfecto. Los chicos se alteraron. —¿Qué? ¡No! Tenéis que venir, va a ser la fiesta del año —persuadió Caleb. —Ya lo siento chicos, pero primero va la familia. —¿Estas segura? —Quiso confirmar Lance. —Ajam —Respondí intentando finalizar la conversación. Me senté en mi asiento y saqué el cuaderno con los deberes. —Señorita Hernández, como me ha demostrado que hoy no tiene muchas ganas de dar física, vaya usted a por la tiza —me pidió el profesor recordando la escena anterior. —Claro —Afirmé avergonzada. Salí de clase y me adentré por los pasillos, cuales estaban completamente vacíos. Podía escuchar a los profesores dando clase, desde matemáticas hasta los alumnos que estaban en gimnasia fuera. Hacía un buen día, por lo cual llevaba el uniforme de verano que se componía por una falda azul de cuadros, una camiseta blanca y una corbata del mismo color que la falda. Bajé las escaleras hasta llegar a dirección, pero no había nadie. Seguí aquel pasillo esperando encontrarme con algún profesor que me pudiera dar una simple tiza blanca. Pero parecía que todos se habían quedado dormidos, normalmente aquel pasillo estaba repleto de profesores, padres y alumnos quejándose. En cambio, esta vez, ni tan siquiera, estaba la luz dada. De pronto escuché un ruido detrás y me di la vuelta rápidamente. Pero no me encontré a nadie. Aunque, seguía sintiéndome observada. Subí las escaleras muy deprisa, saltándome dos o tres en cada paso que daba, hasta llegar al piso en el cual estaba mi clase. Allí todo era normal, profesores hablando, niños gritando, ruidos de mesas y sillas moviéndose... Comencé a caminar hacia mi clase cuando me volví a sentir observada y me di la vuelta inquieta. Esta vez no estaba sola, dos muchachos hablaban al final del pasillo, dos jóvenes que, definitivamente, no eran de mi instituto, ya que os aseguró que me hubiera dado cuenta. De pronto los dos dirigieron la mirada hacia mi y se callaron, retrocedí tres pasos hasta escuchar un ruido detrás. —Lia ¿Qué haces aquí? ¡¿No te he pedido que vayas a por tizas?! —Preguntó, malhumorado, el profesor, que había salido al pasillo. —Sí, pero no había nadie y... —¿Qué no había nadie? Qué raro... espera  —siguió entrando en clase , cogiendo algo y volviendo a salir—. Está es la llave del armario donde están las tizas. Confío en que solo cogerás lo que te pido. —Por supuesto —aseguré firme. Caminé hacia las escaleras de nuevo, los dos chicos se habían multiplicado y ahora eran cuatro jóvenes que me observaban sin decir nada. Me sentía bastante incomoda, pero si tardaba un poco más el profesor me mataría, y apreciaba demasiado mi vida. Metí la llave en la cerradura y le di tres vueltas hasta que se abrió la puerta. Cogí dos tizas y volví a cerrarlo, cuando empecé a sentirme observada y miré hacia la oscuridad. Saqué la llave de la cerradura sin dejar de mirar, cuando una silueta salió como si nada. Mi corazón comenzó a latir más deprisa que nunca y retrocedí de nuevo. Otro chico salió, y este, hubiera jurado que tampoco era de mi instituto. —¿Está buscando algo? ¿O a alguien? —Cuestioné intentando ayudar, pero no contestó—. Yo puedo ayudarle. Parecía que me ignoraba y aprovechaba ese tiempo en acercarse a mi, poco a poco, lo cual me dio miedo. —Lo siento, debo irme, en breve vendrán los profesores —informé mientras que subía las escaleras velozmente. No le conocía, pero me aterraba. Me paré en el primer piso, ya que escuché la voz de mi hermana pequeña contestando a una pregunta del profesor. Me acerqué, por suerte la puerta estaba medio abierta, y sonreí al verla tan nerviosa haciendo el ejercicio en la pizarra, me recordaba a mí, cuando tenía su edad. —¿Puedo ayudarla? —Quiso saber un muchacho detrás de mí. Nuevamente, me giré y le observé, al verle pensé en qué podía estar ocurriendo para que el instituto se llenara de desconocidos, y encima aquel tipo de desconocidos. —Oh no, solo pasaba por aquí y me ha llamado la atención esta clase —no quise contarle que aquella niña era mi hermana, me parecía demasiada información para soltarle a un completo desconocido—. Pero... ¿Quién es usted? —¡Ah! Perdona mis modales, soy Harry, el hijo de la directora. —¿El hijo de la directora? —Repetí indecisa. —Así es, ¿y tú eres? Supuse que era cierto, ¿por qué iba a inventarse eso? Aunque me sonaba que la directora acababa de tener a su primera hija. —Lia, una alumna de este instituto. —Vaya, nunca pensé que hubiera chicas así en el instituto de mi madre. —¿Chicas así? —Dudé. —Oh no es nada malo, solo son... tonterías mías —pronunció mostrando una sonrisa torcida. —Esta bien... —miré mi mano y vi la tiza, entonces recordé que debía volver a clase— Debo irme. —Claro, tendrás que volver a tu aula. Afirmé con la cabeza y comencé a caminar. —Oye ¿Vas a ir a la fiesta de la casa abandonada? —preguntó el joven haciendo que me parase en seco y le dirigiera una mirada directa. —No lo creo ¿Por qué? —Para tener un motivo por el cual ir —respondió sonriendo y apoyándose contra la pared. —En ese caso quizá vaya —bromeé divertida. Que un chico así me insinuara esas cosas, me hacía sentir muy bien. —Espero verte, va a ser una gran fiesta. —Eso me han dicho —dije subiendo y dejándole atrás. —Hasta el sábado —se despidió acercándose a las escaleras. —No he dicho que vaya a ir —corregí, me encontraba en un cambio de sentido que había entre las dos escaleras que subían, mientras que él aguardaba debajo. —Tampoco lo has negado. Además, mi única esperanza es que vayas. —No estés tan seguro —concluí continuando mi camino y sonriéndole. Llegué al piso en el cual se encontraba mi clase y toqué la puerta ya que estaba cerrada. El profesor me abrió y cogió la tiza junto con las llaves. —Cierra la puerta y siéntate —ordenó. Agarré el manillar cuando vi al fondo del pasillo a los seis chicos con los que me había tropezado, juntos y observándome fijamente. Un escalofrió recorrió mi cuerpo e hizo que cerrara la puerta rápidamente. La clase estaba en silencio, el profesor había mandado que hicieran unos ejercicios. Me senté en mi sitio e intenté empezar los ejercicios, pero una duda apartaba todo tipo de pensamientos que no fueran ese, por lo cual, tuve que hacerlo. —Chicos —llamé a mis dos compañeros. —¿Si? —contestaron a la vez, no habían empezado a hacer nada, como siempre. —¿A que hora es la fiesta?  Lo pregunté por curiosidad, para tener la opción. Realmente temía ir, pero sabía que ese tal Harry iba, y, seguramente, todos los que estaban con él. Encima, habían dicho dos chicos y aquellos muchachos eran más del doble. Por lo cual, me convencí de que mis compañeros hablaban de otra cosa, de algo que no era peligroso para mí, ni para mi mejor amiga. Seguramente había sido un mal entendido. —A las diez y media —contestó Lance, sonriendo. —¿Y tu hermana? —susurró Jade, metiéndose en la conversación. —Podemos ir otro día, este no es un partido muy importante. —Bien, como quieras.

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