El sábado llegó rápido. Abrí mi armario y observé la ropa que guardaba. No sabía que escoger, quería ir bien, pero, a la vez, no demasiado, que no pareciera que aquel chico me interesaba. Hacía una buena noche, por lo cual podía ir con ropa fresca.
Le pregunté, por vía de un mensaje, a Jade que se iba a poner. No tardó en contestarme. Llevaría un vestido corto y ajustado n***o.
Miré de nuevo mi armario y decidí ponerme una falda con una camiseta ancha, más unas sandalias con tacones.
Levanté mi mano para observar el reloj, eran las diez menos cuarto, no había quedado con Jade hasta las diez, por lo cual me tiré en la cama. Contemplé el techo donde tenía una foto con mi hermana pequeña, otra con Jade y al lado una de mis padres. Respiré profundamente y cerré los ojos.
A las diez y tres el timbre sonó haciendo que me despertara alterada. Me retoqué el maquillaje rápidamente y bajé. Jade había quedado con su prima Mindy para acudir y ha está la llevaban dos amigos llamados Gabriel y Dave.
—Lia —me llamó mi padre.
—Papá, están ya fuera —intenté escaquearme.
—Solo quiero despedirme —aseguró dándome un beso en la frente—. Pásatelo bien, y no vuelvas muy tarde, ni bebas.
—Vale —afirmé sonriendo y abriendo la puerta.
—Lia —repitió, le miré poniendo los ojos en blanco—. Ten cuidado, ese bosque... es muy peligroso.
—Está bien papá, no te preocupes, hoy no es luna llena, los hombres lobo no salen —bromeé devolviéndole el beso—. Adiós.
—Te quiero —me dijo sujetando la puerta.
—Y yo —respondí entrando en el coche.
Desde luego que, si hubiera sabido que no iba a volverle a ver, aquella conversación hubiese sido muy distinta; de hecho, me hubiera quedado con él, disfrutando del momento. Pero era una adolescente viviendo un sábado noche mas, solo iba una fiesta. No tenía ni idea de dónde me iba a meter y lo peor era que no me importaba.
Por el camino Dave sacó unas botellas que guardaba entre sus piernas, era alcohol. Las abrió y comenzamos a beber, parecían buenos chicos, por lo cual nos dejamos llevar. La casa se encontraba a veinte minutos del pueblo, el camino estaba lleno de curvas y baches. Por lo que, Gabriel, que era el que conducía, debía conducir con cuidado. Sin embargo, todos estábamos tan emocionado que nos dejamos llevar y Mindy le pasó la bebida al conductor.
Esto causó que en una de las curvas el coche se saliera dando un par de vueltas. Todos gritaban. Traté de mantener la calma, pero solo podía ver las botellas de cristal chocándose con todo. El líquido nos mojó enteros y una ola de pensamientos negativos acechó mi mente.
Es curioso como en un segundo todo puede cambiar, todo por una tontería.
Pronto perdí el conocimiento.
Cuando volví en mí todos estaban inconscientes, y recé para que nadie estuviera muerto. Les miré para comprobarlo, cuando me di cuenta de que en el coche solo había tres cuerpos contando el mío; es decir, faltaban dos personas.
Salí esperando encontrarles cerca, llamando a la policía o al hospital. Sin embargo, no se escuchaba nada. En aquel momento sentí que mis manos se humedecían, por lo cual levanté una. Mi sorpresa fue aterradora cuando me di cuenta de que estaba manchada de sangre. Observé el suelo sin poder moverme, había dos rastros de sangre que se perdían por la oscuridad de la noche en dirección al bosque. Agarré el móvil y llamé al hospital, dando las pocas coordenadas que me sabía. Después dejé caer el aparato y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Estaba mareada y no era capaz de pensar con lógica. Actuaba sintiendo que solo podía controlar mis pasos. Me levanté y comencé a anda. Seguí el rastro de sangre hasta un pequeño hueco en el cual no había ningún árbol. Me encontré con un grupo de chicos, compuesto por cuatro personas, que estaban rodeando los dos cuerpos de los amigos que faltaban.
Retrocedí asustada, con tan mala suerte que pisé una rama. Está sonó haciendo que los jóvenes se dieran la vuelta. Les miré fijamente a la cara y ellos me miraban como si hubiera cometido mi mayor error. Sus miradas eran espeluznantes, no parecían humanos.
Entre la oscuridad y lo asustada que estaba no me fijé en reconocerlos . Intenté pronunciar algo, no obstante, en cuanto vi sus ojos brillando, un mal presentimiento recorrió mi cuerpo, provocándo que saliera corriendo.
—¡Atrapadla! —aulló uno de ellos.
Me perdí entre la niebla que formaba el bosque esperando que todo fuera un sueño, esperando que alguien me despertara cuanto antes.
Podía escuchar cómo me seguían, mi única esperanza era que apareciese alguien para salvarme o encontrar algún refugio.
Sin embargo, ocurrió la primera, me choqué contra algo o alguien haciendo que me cayera al suelo. Miré desorientada aquella silueta, no conocía a aquel chico, pero parecía agradable.
—¿Estas bien? —me preguntó agachándose para mirarme fijamente.
—Sí, gracias —respondí sonriendo.
—Me llamo Zack —se presentó.
—Lia.
—¿Has tenido un accidente, Lia? —cuestionó, mirando mis heridas.
—Así es —en aquel momento escuche pasos—. Pero ahora debemos irnos, me están siguiendo.
—¿Te están siguiendo? —Asentí con la cabeza—. No te preocupes, yo me encargo.
Por un momento me sentí segura, como si hubiera acabado todo. Pronto aparecieron los cuatro jóvenes que me seguían, esta vez pude verles la cara y me llevé una gran sorpresa.
Dos de ellos eran Lance y Caleb.
—Chicos... ¿Estos son los que te seguían? —Quiso saber Zack.
—Sí —afirmé asustada.
—Ella nos ha visto —informó uno de los que no conocía, aunque si le había visto en el instituto.
—¿Estás seguro, Mathias? —dudó.
—Estúpidos —insultó un chico que acababa de llegar.
—Pero Leo... nosotros solo... —intentó explicar el cuarto chico.
—¿No os dais cuenta, Arthur? —Comenzó a explicar Leo—. Con la oscuridad no os habrá visto la cara, en cambio, ahora sí que sabe quiénes sois.
Miraba a todos ellos sin entender nada, preguntándome si podía salir corriendo.
—Leo, déjales, no se han dado cuenta —persuadió uno de los dos que acababan de llegar.
—Nolan, debemos enseñarles —continúo el otro.
—Lo sé, Lewis, pero ya no pueden hacer nada.
No obstante, aún quedaba un último chico, uno que yo conocía algo y había fijado su mirada en mi desde detrás de los cuatro chicos que me perseguían. Le miré horrorizada, no podía estar metido en esto, él no. Este permaneció en silencio, analizando todo.
Era Harry.
—¿Y ahora qué hacemos con ella? —dudó Lance.
—¿Qué has visto? —Preguntó Leo.
—Nada —respondí sin comprender a donde querían llegar.
—Tienes que haber visto algo, tienes que saber lo que somos —aseguró Caleb.
—No, yo no sé —Comencé a decir intentando levantarme y dejando al descubierto una herida que aún sangraba—. Nada...
Al terminar de decir esto, los ojos de todos brillaron con un tono rojizo. Estaban observando mi herida, sin apartar su mirada de la sangre.
—Vampiros —susurré al verles los ojos.
Fijé mi mirada en Harry, quien decidió alejarse de nosotros y adentrarse en el bosque.
—Te llamas Lia ¿verdad? —Me preguntó Nolan.
—Sí... —dije temiendo por mi vida.
—Cierra los ojos, duele menos —aconsejó Nolan.
—¿Qué vais a hacer? —Quise saber intentando evitar que las lágrimas resbalaran por mi rostro.
—No vamos a matarte, si es lo que temes —tranquilizó Lance.
—Cierra los ojos —ordenó, dulcemente, Nolan.
Sentí como pasaba sus dedos por debajo de mis ojos para limpiarme las lágrimas. Poco después sentí un pinchazo que me hizo retorcerme y a continuación me desmayé