El mercado sangriento

1119 Palabras
El camino hacia el mercado sangriento estaba impregnado de un olor metálico que se pegaba a la garganta. No era solo la sangre… había algo más, como un rastro de podredumbre y humo viejo que parecía salir de las propias piedras del sendero. Los pasos de Selene resonaban entre la multitud que, sin mirarla directamente, sabía muy bien a dónde iba. Algunos comerciantes humanos la observaban con lástima; otros, con un brillo de codicia en los ojos. Ella no quería levantar la vista. El consejo de su madre todavía martillaba en su mente: “No llames la atención. Y si puedes, no hables”. Al cruzar el arco de hierro forjado que marcaba la entrada, el mundo cambió. Los colores eran más oscuros, las voces más bajas y las miradas más afiladas. Puestos improvisados se alineaban a los costados del callejón central: jaulas con barrotes oxidados, frascos con líquidos rojos y densos, y pieles humanas curtidas como si fueran trofeos. Cada respiración se volvía más pesada. Los vampiros caminaban con paso elegante y tranquilo, como depredadores que saben que nada ni nadie puede amenazarlos. Sus ojos recorrían cada rincón, deteniéndose en las chicas humanas que eran exhibidas como ganado. Algunas estaban de pie, otras arrodilladas, con cadenas alrededor del cuello. Selene intentaba no mirar, pero un grito la obligó a voltear. Una joven, quizá de su misma edad, estaba siendo arrastrada por el cabello hasta una mesa donde un vampiro alto y delgado la olfateaba como si fuera un animal exótico. Selene sintió un nudo en el estómago y apretó los puños para contener la rabia. Avanzó con pasos rápidos, intentando atravesar la multitud sin llamar la atención. Pero no era tan sencillo. En cuanto la luz tenue de las lámparas alcanzó su rostro, notó cómo varias miradas se clavaban en ella. Una de ellas, particularmente fría, la hizo detenerse. No era la de Lion, lo sabía. Era un vampiro de cabello gris, vestido con un abrigo de cuero oscuro, que sonrió con una lentitud inquietante al verla. —No te había visto por aquí antes —dijo, acercándose—. Y créeme, yo nunca olvido un rostro. Selene tragó saliva y se apartó, pero él la siguió. El aire entre ellos se volvió más denso. —Déjame pasar —murmuró, con una firmeza que no sentía. —Oh, claro… —dijo el vampiro, extendiendo una mano para apartarse—, pero quizá quieras quedarte. No todos sobreviven a la primera visita. Ella no respondió. Continuó caminando, ignorando los murmullos y las risas que dejaba atrás. Su único objetivo era cruzar el mercado lo antes posible, encontrar la salida y volver a casa. Pero cada puesto parecía más perturbador que el anterior. Vio frascos con dientes humanos, cuencos llenos de corazones palpitantes y collares ensangrentados que algunos vampiros se probaban como adornos. El murmullo de la gente fue cambiando. Empezó a escuchar su nombre en labios desconocidos, como si alguien estuviera esparciendo rumores sobre ella. Selene… la hija de la bruja… Cada vez que oía esas palabras, sentía un escalofrío recorrerle la espalda. Un grupo de vampiros jóvenes la rodeó antes de que pudiera reaccionar. Sus sonrisas eran afiladas, casi divertidas. —No todos los días tenemos a alguien como tú aquí —dijo uno, acercándose lo suficiente como para que ella sintiera el frío de su piel—. Apostaría que tu sangre sabe diferente. Selene retrocedió, pero sus talones chocaron con una pila de jaulas vacías. Uno de los vampiros le bloqueó la salida, y otro tomó un mechón de su cabello, oliéndolo como si fuera un ramo de flores. La tensión aumentó. Ella pensó en gritar, pero sabía que sería inútil. Nadie aquí se atrevería a enfrentar a un grupo de vampiros… a menos que fuera otro vampiro. Y entonces, entre las sombras del callejón lateral, una silueta alta comenzó a avanzar. El silencio se extendió en el callejón al instante en que Lion apareció, como si la misma noche hubiera contenido la respiración. Su figura imponente avanzaba con la seguridad de quien es dueño absoluto del lugar. Los vampiros que rodeaban a Selene se apartaron sin mediar palabra, dejando que el aire volviera a circular con lentitud. Lion tenía la mirada fija en Selene, sus ojos rojos brillando con intensidad bajo la capucha de su capa negra. Sin decir una sola palabra, estiró una mano y apartó suavemente el mechón que uno de los vampiros había agarrado. Su toque fue frío pero firme. —¿Crees que alguien puede tocarla sin mi permiso? —su voz era un susurro letal, cargado de amenaza y poder. Los vampiros jóvenes retrocedieron, murmurando excusas que se perdían entre el ruido del mercado. Lion volvió su atención a Selene, y por primera vez, ella pudo ver algo más allá de su implacable frialdad: una chispa de protección que hizo que su pecho doliera. —Vamos —le ordenó—. No deberías estar aquí. Selene dudó, pero la seguridad que emanaba Lion era demasiado fuerte para resistirse. Juntos comenzaron a caminar por el mercado, esquivando puestos y sombras. —¿Por qué estás aquí? —preguntó Lion, en voz baja—. No es seguro para ti. Ella no sabía qué decir. ¿Decir que quería entender? ¿Que sentía que su destino estaba atado a este lugar maldito? En vez de eso, sólo suspiró y mantuvo la vista en el suelo. —Estoy cansada de tener miedo —respondió finalmente—. Quiero saber qué es lo que realmente me espera. Lion la miró por un momento, como si evaluara su alma, y luego asintió con gravedad. —Entonces tendrás que aprender rápido —dijo—. Porque en este mundo, la curiosidad no solo mata al gato… también puede matar a una humana. De repente, un grito desgarrador rompió el silencio. Desde un rincón oscuro, una figura cayó al suelo, rodeada por una sombra amenazante. Sin pensarlo, Lion se lanzó hacia la escena, y Selene corrió tras él. Al llegar, vio algo que no olvidaría jamás: un vampiro estaba sujetando a una mujer contra la pared, y sus ojos brillaban con una locura descontrolada. Pero antes de que pudieran intervenir, la mujer alzó la mano y una luz tenue surgió de ella, obligando al vampiro a retroceder. Selene reconoció ese resplandor. Era magia. —¡Corre! —le gritó Lion, arrastrándola lejos—. Aquí no es seguro. Mientras huían, Selene sintió que el mundo se tambaleaba. Todo lo que había creído conocer sobre su destino estaba cambiando en cuestión de segundos. Y en su mente, una pregunta terrible comenzó a formarse: ¿Quién era realmente esa mujer con poder suficiente para enfrentarse a un vampiro?
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