El eco de aquel encuentro en el mercado seguía resonando en la mente de Selene mientras caminaba junto a Lion por las calles estrechas y mal iluminadas de La Marca de Medianoche. La figura de la mujer que había desafiado a un vampiro con pura magia no dejaba de atormentarla. ¿Quién era? ¿Y qué vínculo tenía con su propio destino?
El viento frío se colaba por las rendijas de las viejas casas, llevando consigo el olor a humedad, sangre y cenizas. Selene se abrazó a sí misma, intentando encontrar calor en un mundo que parecía decidido a devorarla.
Lion rompió el silencio con una voz grave y firme:
—Ese no era un encuentro casual, Selene. La mujer que viste es más importante de lo que imaginas.
Ella levantó la mirada, enfrentando por primera vez el peso de sus ojos rojos.
—¿Qué quieres decir? —preguntó, temblando por la mezcla de frío y emoción.
—Es una guardiana de la vieja magia —respondió Lion—. Hace siglos que mantiene un equilibrio entre nuestro mundo y el de los humanos. Pero está en peligro, y su lucha está ligada a la tuya.
Selene sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La realidad que había comenzado a descubrir era mucho más compleja y peligrosa de lo que había imaginado.
De repente, Lion se detuvo y la miró fijamente.
—Debemos ir a la mansión. Hay alguien que necesitas conocer. Alguien que puede ayudarte a entender quién eres realmente.
Selene sintió una mezcla de miedo y esperanza. La mansión era un lugar prohibido para los humanos, un refugio oscuro donde los vampiros más poderosos se ocultaban y tramaban sus planes.
Mientras caminaban, Selene trataba de ordenar sus pensamientos, pero voces del pasado comenzaban a invadir su mente. Fragmentos de recuerdos, imágenes y sensaciones que parecían no pertenecerle, pero que no podía ignorar.
Escuchó una voz suave, como un susurro entre la bruma:
“Selene… recuerda quién eres. No permitas que la oscuridad borre tu luz.”
Sacudió la cabeza, intentando deshacerse de esa sensación inquietante. ¿Era una advertencia? ¿Un mensaje? No podía saberlo, pero sabía que no podía ignorarlo.
Al llegar a la mansión, una imponente estructura gótica se alzaba frente a ellos, sus torres rozando un cielo plagado de nubes pesadas. Las ventanas parecían ojos que vigilaban en la penumbra.
Lion abrió las pesadas puertas de madera y la invitó a entrar.
—Prepárate. No será fácil.
Dentro, el aire estaba cargado de una energía densa, casi palpable. Sombras danzaban en las paredes, y el eco de sus pasos resonaba como un presagio.
En un gran salón iluminado por candelabros, una figura femenina los esperaba. Su piel era pálida, sus ojos centelleaban con un poder ancestral y una sonrisa enigmática adornaba su rostro.
—Selene, bienvenida —dijo con voz melodiosa—. Soy Morgana, la última guardiana de la vieja magia. Y tú, querida niña, eres la clave para que esta oscuridad no destruya todo lo que conocemos.
Selene se quedó sin aliento. ¿Cómo podía ser que alguien tan misterioso supiera de ella?
—¿Por qué yo? —preguntó con la voz quebrada—. Solo soy una humana… una chica normal.
Morgana avanzó unos pasos, extendiendo una mano para tocar suavemente el rostro de Selene.
—No eres tan normal como crees —susurró—. Dentro de ti corre una sangre antigua, una mezcla de luz y sombra que puede cambiar el destino de nuestro mundo. Pero para despertar ese poder, primero debes enfrentar tus propios demonios.
Selene sintió una oleada de emociones: miedo, confusión, pero también una extraña fuerza que parecía crecer dentro de ella.
Lion, que hasta entonces había permanecido en silencio, habló:
—No estás sola. Estaremos contigo en cada paso. Pero debes decidir si estás dispuesta a luchar por lo que eres.
Un ruido sordo resonó en la mansión, como si las paredes mismas respiraran con ansiedad.
Morgana frunció el ceño y se dirigió a una puerta oculta tras un tapiz.
—Es hora de que veas lo que está oculto. Pero ten cuidado, Selene. Algunas verdades pueden ser más dolorosas que la oscuridad misma.
La puerta se abrió lentamente, revelando una escalera que descendía hacia las entrañas de la mansión.
Con un último vistazo a Lion, Selene respiró profundo y siguió a Morgana hacia lo desconocido.
La escalera descendía en espiral, cada peldaño crujía bajo sus pies como si la propia mansión protestara por la intrusión. El aire se volvió más frío y pesado, cargado de una energía antigua y casi palpable que hacía que la piel de Selene se erizara.
Al llegar al final, Morgana abrió una puerta de hierro forjado que chirrió al abrirse, revelando una cámara oculta, iluminada por antorchas cuyos reflejos bailaban en paredes cubiertas de símbolos arcanos y retratos desgastados por el tiempo.
Selene avanzó con cautela, sus ojos recorriendo cada detalle. Había un altar de piedra en el centro, sobre el cual descansaba un libro antiguo, encuadernado en cuero n***o y adornado con runas doradas que parecían brillar con luz propia.
—Ese es el Libro de las Sombras —dijo Morgana con respeto—. Contiene los secretos y la historia de nuestra sangre, de los que hemos protegido la línea entre luz y oscuridad durante siglos.
Selene extendió la mano, pero antes de tocarlo, una imagen apareció frente a ella, como un holograma etéreo: una joven mujer de cabellos oscuros y ojos intensos que luchaba contra un ejército de criaturas sombrías, mientras un niño pequeño observaba escondido.
—Esa mujer es tu antepasada —continuó Morgana—. Su sacrificio permitió que la luz siguiera viva. Pero también dejó heridas profundas en nuestra familia.
Selene sintió una mezcla de orgullo y tristeza que la dejó sin aliento.
—¿Y el niño? —preguntó, tratando de entender qué tenía que ver con ella.
—Era su hermano —respondió Morgana—. Fue separado para protegerlo, pero perdió el camino. Y esa sombra que viste en el mercado… es parte de ese legado perdido, una amenaza que ahora vuelve a buscarte.
Lion se acercó y apoyó una mano firme en el hombro de Selene.
—Por eso no podemos permitir que caigas en sus manos. No solo estás en juego tú, sino todo lo que esta marca representa.
De repente, la imagen holográfica cambió a un símbolo que Selene reconoció: el tatuaje en su muñeca que siempre había sentido como un misterio.
—¿Esto? —preguntó, mostrando el símbolo a Morgana.
—Esa marca es la llave para despertar el poder que llevas dentro —explicó Morgana—. Pero también es un faro para quienes quieren controlarte o destruirte.
Selene sintió cómo un nudo se formaba en su estómago. La vida que creía tener se desmoronaba en pedazos.
—¿Cómo puedo confiar en alguien? —dijo con voz quebrada—. No sé en quién creer.
—La confianza se construye —respondió Lion—, y nosotros hemos elegido protegerte porque creemos en ti. Pero la oscuridad siempre acecha, y cada paso que das es una batalla.
Un ruido extraño irrumpió en la habitación, como un susurro lejano que se transformó en un grito desgarrador. Selene dio un paso atrás, la respiración agitada.
—Eso… ¿qué fue? —preguntó.
Morgana cerró el libro con un golpe seco.
—Es la Marca de Medianoche recordándonos que el tiempo se agota. Tus enemigos se acercan, y las voces del pasado no solo te guían, también te advierten.
Un estremecimiento recorrió la mansión, y por un instante, Selene sintió que las paredes mismas susurraban secretos olvidados.
—Debes prepararte —dijo Morgana con urgencia—. No solo lucharás contra lo que ves, sino contra aquello que acecha en la oscuridad de tu alma.
Selene apretó los puños, decidida a no dejarse vencer.
—No permitiré que la oscuridad gane.
Lion asintió, y juntos, los tres comenzaron a trazar el camino que los llevaría a un destino incierto, lleno de peligros y revelaciones que cambiarían para siempre la Marca de Medianoche.
Pero en lo profundo de la mansión, una sombra silenciosa observaba, sonriendo con malicia.
—La niña ya ha llegado —susurró una voz fría y cruel—. Es hora de que el juego comience de verdad.