Narra Clara Desperté en la habitación en la que crecí. Tardé unos segundos en entender dónde estaba. El techo blanco, la lámpara antigua, las cortinas claras que mi madre jamás quiso cambiar porque decía que ahí entraba la luz más bonita de la casa. Todo seguía igual… y, al mismo tiempo, yo era completamente distinta. Me quedé mirando el techo, respirando despacio, con esa sensación extraña de haber vuelto a un lugar seguro con el corazón hecho pedazos. Separarse también es un duelo, aunque nadie te lo diga. Aunque tú misma lo hayas decidido. Giré la cabeza y mis ojos se detuvieron en el escritorio, el mismo que había usado durante mis años de universidad. Me incorporé despacio y caminé hacia él, como si temiera despertar recuerdos que aún no sabía si estaba lista para enfrentar. Ab

