¡DIOS MÍO!

3816 Palabras
NARRA SANDY Sentir calor extremo en mi cuerpo, mi vejiga que me gritaba la necesidad de ir hasta el baño y un dolor horrible de cabeza fue más que suficiente para que abriera los ojos. Al hacerlo me quedé de piedra cuando sentí la respiración de alguien detrás de mi oreja. Unos enormes brazos me rodeaban, maldije mentalmente porque era más que obvio lo que había hecho con David. Comencé a mover sus brazos lentamente hasta que logré separarme de él y cambiar de lugar con una almohada. Me senté con cuidado, David se había encargado de que cada parte de mi cuerpo recordara lo que hicimos. No quise despertarlo, era mejor así. Yo no iba a perdonarlo. “Lo harás, no llevas ni 48 horas aquí y ya tuviste una noche loca con él. Sabes muy bien que la disfrutaste, así que no te hagas”. Me grita mi mente traicionera. No debí beber tanto y dejar que mi cuerpo cediera a mis emociones. Miré un pequeño paquete de notas adhesivas y tomé un lápiz del lapicero. Cuando ya había escrito lo que quería poner en la nota. La pegué en el espejo a un lado del escritorio. Terminé de recoger mis cosas y me cambié antes de salir de la habitación. Miré a David debatiendo en sí esta es la mejor manera de hacer las cosas. Puede ser infantil que me vaya sin darle la cara después de habernos entregado durante toda la noche, pero la verdad es que no podría. Estoy segura de que caeré redondita en su predicamento, así que mejor evito verlo. Abro la puerta de la habitación la cual agradezco que no haga ningún ruido. La cerré con mucho cuidado y me erguí, me di la vuelta y lo que veo fue a Liz y a Phil viéndome con burla. Liz estaba acomodándose la bata de seda en su cuerpo. Hago el mismo gesto que ellos, pero los ignoro y comienzo a caminar lentamente a lo que mi cuerpo me permita. —Te llamaré dulzura. Ahora, tengo que irme. — le dice tomando el rostro de Liz para luego besarla apasionadamente. —Esperaré su llamada señor Farré. — le dice ella besando sus labios una última vez. Phil llega hasta mí y me ayuda a bajar las escaleras de la casa. —¿Todo bien? — nos pregunta una voz detrás de nosotros. —Señor Iván, buenos días. — saludé y él miró a Phil con enojo. —Buenos días, Sandy ¿Podría tener un momento contigo? — le dijo a Phil con bastante seriedad. ¿Será que sabe lo que pasó entre ellos dos? Es lo más seguro, ¿no? Phil asiente y camina con el señor Iván hasta el patio donde están comenzando a recoger las sillas y mesas. Yo aproveché a caminar hasta el auto, no quiero que David despierte y me encuentre todavía aquí. Entre en el auto y minutos después apareció Phil con una enorme sonrisa. —¿Qué pasó? ¿Por qué vienes tan feliz? — le pregunté y él negó. —Un caballero, jamás revela sus intimidades y menos cuando estas incluyen a una hermosa y angelical dama. — dice sin quitar la sonrisa de rostro. —Está más que claro lo que pasó entre Liz y tú. Lo pregunto por el señor Iván, tú casi suegro. ¿Qué quería? — pregunté, posiblemente no estaba interesada en saber más de esta historia, pero sí en lo que le dijo el señor Iván. —No me dijo nada fuera de lo normal. Solo me advirtió que no le hiciera daño a mi dulzura. Que ella es una mujer muy sensible y que si me estaba acercando a ella solo para tener un beneficio físico me alejaría de ella. — concluyó para luego encender el auto y ponerlo en marcha. —Por lo que veo tu noche no terminó como la mía. ¿Qué harás ahora? — me pregunta después de un incómodo silencio que se instaló en el camino a casa de Ángel y Clara. —Regresaré a Filadelfia ahora mismo. No tiene caso quedarme aquí en este momento. — comento y él niega. —Creo que estás siendo un poco egoísta. Ayer estabas tomando mucho y un día anterior yo los interrumpí. No te has dado la oportunidad de escucharlo, de que te explique lo que pasó. Liz me comentó muchas cosas, las cuales no voy a decirte por qué no me corresponde a mí, pero lo único que sí puedo decirte es que no pudo volver a ti porque lo secuestraron y golpearon. Los días después a lo que salió todo en los medios. — fijó su mirada en el camino y ninguno habló más hasta que llegamos a la casa. Sus palabras, junto con las que escuché de la conversación entre Ángel y Clara, se instalan en mi mente. Ahora me lastima haberlo dejado, el recuerdo de lo que mencionó de su hermano Alan me inundó también y en cómo se debe de sentir por eso. Entramos a la casa y nos ganamos una mirada algo extraña de parte de Clara. —Por favor, díganme que no se acostaron entre ustedes. — fue lo primero que dijo Clara en lugar de buenos días. —No, Sandy es hermosa y la quiero mucho como una amiga, pero no. — dijo Phil en su defensa. Clara asiente y siguió su camino junto con uno de sus bebés y lo colocó en su silla para darle de desayunar. —Yo tengo que irme Clara, subiré al alistarme y luego me iré al aeropuerto. — dije caminando hacia ella. —No tomes decisiones apresuradas de las cuales después te puedes arrepentir. — me dice fríamente sin verme a la cara. —No quiero estar cerca de David, Clara. Lo siento, pero no. Quiero regresar hoy mismo. — dije, ella se giró a verme. —Claro, vete. Tú, y yo que te conozco, sabemos que no es que no quieras. Es que no puedes estar cerca de él sin que te gane el amor que sientes por él. Si, el té mintió, pero también lo hizo para no hacerte sufrir. David también sufrió al saber por adelantado que algo como esto pasaría a su relación, pero por su familia tomó este riesgo. No lo liberó de culpa, solo que es muy frustrante saber que los dos se quieren y por sus actitudes infantiles sufren. Estoy segura de que no lo has dejado hablar. Que fueron a tercera base sin antes haber pasado por la primera o segunda. No te detengo, si es lo que tú quieres está bien, eres mi amiga, te quiero y apoyo, pero si está muy mal el que te vayas sin haber hablado con él primero. — dice y yo asentí. —Te lo agradezco y entiendo. Me creí estar preparada para verlo, pero no lo estoy. No estoy lista ni para perdonarlo ni para irme. Solo necesito un tiempo más para pensar. — ella asintió y miró hacia Phil. —La puerta de la izquierda de la habitación que les asigné está desocupada, puedes usarla si gustas tomar un baño. ¿Tú te irás, también me imagino? — pregunta, pero para la sorpresa de ambas él niega. —No, yo me quedaré por los días que ya teníamos programados estar aquí. Quiero pasar más tiempo con mi novia. Lo que menos quiero es molestarlos, me iré a un hotel. Muchas gracias. — dice y abrí mis ojos, estaba completamente sorprendida. —¿Ya es tu novia? — pregunté sin poderlo creer lo que decía. —No estoy entendiendo nada. — dijo Clara y miró a Phil con la ceja alzada. —Mientras Phil te explica, yo me iré a dar un baño y a cambiarme, no tengo tiempo que perder. — dije mientras caminaba hacia la habitación con algo de rapidez. Subí las escaleras un poco lento, pues, sentía un dolor incómodo entre mis piernas al subir cada escalón. Me bañé y cambié a una velocidad sorprendente. Salí de la habitación con mi maleta y Phil estaba en el pasillo esperando por mí, con obvia evidencia que había hecho lo mismo que yo. Tomó mi maleta y me ayudó a llevar hasta el auto. —Sabes que puedes volver cuando tú quieras. Esta es tu casa también, no tardes mucho en hacerme saber de ti. La situación ahorita está muy difícil con el accidente de Alan. — dice ella. —¿Cómo está? — le pregunté y ella comenzó a explicarme el estado de Alan. Me sentí muy mal por la señora Cecilia, la cual la debe estar pasando muy mal. Sus hijos han tenido muchas situaciones difíciles en lo que va del año. Me despedí de todos y salí rumbo al aeropuerto. —Cuida de Liz, no la vayas a lastimar. — le digo y él asiente. —Aunque no lo creas, no solo sentí una conexión cósmica con ella a través de sus libros. También sentí que mi alma conectó con la persona que escribió esos libros, que en algún momento tomé como si fueran hacía y para mí. Sabes que detrás de todo hombre se oculta una historia y considero que tu misma puedes ver que soy un hombre bastante reservado con su vida privada. Los libros de Elizabeth son reconocidos a nivel mundial, pero que nadie sepa quién es la persona detrás de ellos lo hace muy emocionante para mí. Mantenme informado de cualquier situación en el hospital, volveré en 3 días más. — me dijo para luego darme un abrazo y un beso en la mejilla. Asentí y caminé hasta chequear mi maleta. Apreté varias veces el boleto de avión junto con el pasaporte que me llamaba Brooke. Me sentía como una delincuente al salir literalmente corriendo de David. “Eso hiciste, lo más seguro que cuando se despierte y vea la nota que le dejaste en vez de sentirse triste, se sentirá utilizado. Le dijiste que le darías una oportunidad y mírate donde estás. A punto de tomar un avión como gallina asustada porque te pesa más tu orgullo que darle la razón a David”. Gritó mi conciencia. Con toda la razón del mundo. El llamado a abordar mi vuelo me hizo salir de cualquier duda y pensamiento que me aquejaba. Ya no había vuelta atrás cuando hice la primera escala y posteriormente la segunda. Al llegar a mi departamento me dejé caer sobre la cama, estaba completamente muerta. Me sentía super cansada después de pasar casi todo el día volando. Lo único que hice fue tomar un poco de leche, tomar un baño y me recosté a dormir. La mañana siguiente llegó y aprovecharía esto para visitar a mi tía Pamela. Agarré las llaves de mi auto y me dispuse a hacer un viaje de casi 2 horas hasta llegar a Lancaster. No le había avisado a Pamela que iba a visitarla. Sería una sorpresa para ella. Ya había ido a su casa en una ocasión, fue muy breve, ya que solo pasamos a recoger un poco de su ropa que necesitaba para venir a visitarme por el fin de semana. Llegué a su casa pasadas las doce del mediodía. Pasé por una repostería de camino comprando un pastel de fresas, su favorito y el mío cuando estaba con ella. —¡Sandy! Qué sorpresa verte por aquí un día de semana. ¿Está todo bien? — me recibe con un abrazo. —Me encantaría decir que sí, pero mi corazón está hecho un lío y el de mi cabeza es peor, necesito de mi guía espiritual. — dije mientras entrábamos a la casa. —Pamela, están tocando la puerta. — escuché la voz de un hombre decir desde el otro lado de la pared donde estaba parada. —¿Estás ocupada? Puedo volver en otro momento. — mencioné, pues sé que vine de improvisto sin decirle y a lo mejor ya tenía planes. Ella se ve un poco preocupada y contrariada. —Espérame un minuto cariño. — dijo y caminó hacia la dirección donde se escuchó esa voz. Escuché que murmuraban entre ellos, la verdad no pude entender qué se estaban diciendo. Hasta que un hombre con cabello rubio, ojos color avellana como los míos, un poco de barba crecida, estaba frente a mí sentado en una silla de ruedas. La verdad es que es un hombre mayor, muy guapo. Su mirada es de asombro, tristeza, felicidad, refleja muchas emociones. Por alguna extraña razón yo también me siento extraña al verlo. Él me sonríe al mismo tiempo que una lágrima baja por su mejilla. —Mucho gusto, ¿Se encuentra bien? — pregunté al ver lo emocionado que estaba. Él asintió sin quitar esa sonrisa de su rostro. Elevo mi mirada y miro la misma emoción en los ojos de la tía Pamela. —Me están asustando, ¿Por qué me miran así? — pregunté y esta vez él se acerca y pide tomar mi mano. Lo dudé, pero no sé, él me inspiraba confianza. La tomé y movió su silla eléctrica hacia la sala de la casa, dejándome sentada. Mi mirada fue hacia Pamela, ella no decía nada, solo sonreía. —No tengas miedo, aquí nadie te hará daño. Todo lo contrario. — dijo él y los miré a ambos sin entender nada. —Primero que todo déjame presentarme, me llamo Wilson Castell, tengo 45 años. Pamela es mi hermana por parte de madre. Hace 25 años conocí a una hermosa joven de cabello rojizo. Ella estaba pidiendo dirección sobre a donde encontrar una farmacia. Se le veía realmente preocupada y ansiosa. Me ofrecí en ayudarla, caminé junto con ella hacia la farmacia más cercana. Le pregunté si podía ayudarle con algo, pero no supo decirme. Miré que tomaba su vientre y fui imprudente en preguntarle si tenía dolor o si tenía su periodo. Ella roja como un tomate me dijo que sí. Fui a buscar a una señora para que nos ayudara y ella se sintiera más en confianza. La señora le mostró lo que necesitaba. Ella me agradeció por lo que había hecho y cuando estaba por irse por su camino. Me ofrecí a invitarle un café, amablemente me dijo que no se sentía bien para eso en ese momento, pero que podría ser en unos días. Le pregunté si en cinco días estaba bien y ella aceptó. Quedamos de vernos en una cafetería que estaba al otro lado de la calle de la farmacia a las 3 de la tarde. Esperé ese día como no tienes idea. Esa joven se había vuelto el único pensamiento que tenía durante todo el día. Su mirada y su hermosa carita. Después de esa primera cita fue como comenzó un amor, el cual duró un poco más de 3 meses. Ella pertenecía a una comunidad Amish y tenía que volver de su tiempo de “Rumspringa”. Tú conoces ese concepto, pero es el periodo que le dan a los jóvenes Amish de ver el mundo antes de ser bautizados y pertenecer a la iglesia. Desde ese momento estuvimos juntos y no hubo ni un solo día que ella no la pasara conmigo y si, también hicimos cosas de pareja adolescente enamorada. Los días antes de volver ella se miraba más pálida y no comía bien porque la comida le provocaba mucho asco. En ese momento lo retribuimos a la ansiedad y nerviosismo de volver y posiblemente ya no volver a vernos. Un día antes de irse la seguí, para saber dónde exactamente estaba su comunidad y poder ver la manera de volver a verla o esperarla. Me enterraba en el bosque por horas con tal de verla. Un día le compartí lo que me preocupaba a Pamela, ella me metió en la cabeza la posibilidad de que ella se hubiera ido embarazada y no podría tolerar estar lejos de ella y de mi hijo. Unas semanas después volví a entrar a la comunidad, pero esta vez no fue tan fácil. Habían puesto trampas para osos y mi pie fue víctima de uno de ellos. No pude evitar gritar y varios de sus miembros llegaron, un hombre de unos años mayor le dijo que me enseñaran a no volverme a meter donde no me habían invitado. Que a lo mejor yo estaba ahí para raptar a alguna jovencita y que eso no lo podían permitir. Me golpearon hasta dejarme casi muerto. Recuerdo que lo último que escuché de uno de ellos es que, Dios los iba a castigar por haber hecho eso. Aproveché ese momento de debilidad para pedirles ayuda. Uno de ellos quitó el hierro que atravesó mi pie y el otro me ayudó a llegar hasta la carretera. Tristemente un hombre se asustó mucho al verme de esa manera en la carretera y me golpeó con su auto dañando mi columna permanentemente. He pasado los últimos 25 años de mi vida en esta silla. Ayudando a mi hermana a mantener esta casa vendiendo mis pinturas y algunas piezas de cerámica que me compran las tiendas locales. No volví a buscar a Cassandra porque, ¿Que le podría ofrecer un hombre como yo en esta situación? Más que todo mi amor, pero no solo de amor se puede vivir. Hace 3 años Pamela me mostró una foto tuya, su alumna preferida. La cual la hizo amar aún más su profesión como maestra. Fue como ver a mi Cassie a través de tu foto. Tus ojos son la vasta prueba de que tú eres ese bebé que mi Cassie y yo íbamos a tener. — concluye y yo siento como si mi corazón está por salirse de mi pecho. Me pongo de pie y comienzo a caminar de un lado a otro. Siento un calor recorrer mi cuerpo. Recuerdos de los tratos tan horribles que recibía de mi padre. El diario de mi madre, ¿Por qué no decía nada sobre esa posibilidad? —¡Dios mío! — dije y me senté cubriendo mi rostro con mis manos. Lloré al pensar en todo el infierno que mi pobre madre tuvo que vivir. Ahora entiendo por qué y cómo la obligaron a casarse con el hombre al que creí todo este tiempo era mi padre. —Siento mucho en que te enteraras así de esta verdad y más cuando me has dicho que te sientes atribulada con problemas en tu mente y corazón. — mencionó mi tía Pamela. Reí con ironía. —¿Por eso me pediste que dejara de llamarte, señora, y que te llamara, tía? — cuestioné con cierta molestia. Ella bajó su cabeza y asintió. —Esto es mucho para mí en este momento, mucho que asimilar. — dije limpiando las lágrimas de mis mejillas. Mis ojos van hasta el señor frente a mí, se me rompe el corazón al imaginarme también lo difícil que fue para él todo esto. Estar en esta situación y limitarse al tener que vivir en una silla de ruedas desde hace 25 años. Dejar ir su amor y todo, por no tener que ofrecerles o mejor dicho ofrecernos. Me acerqué a él y tomé sus manos. —Esto no es sencillo de asimilar, pido tiempo para poder procesar toda esta nueva información en mi cabeza. Volveré a visitarlos los fines de semana, si necesitan algo. Solo me llaman, tengo que irme. — digo poniéndome de pie y soltando sus manos, pero el no lo permitió. —No te vayas así, hija, por favor. Estás muy alterada, no puedes irte y manejar esa carretera en este estado. — Esa manera de decir hija tan genuina, con tanta preocupación que salió de boca, me hizo romperme en mil pedazos. Hubiera preferido mil veces crecer con un padre preocupado que me quisiera y se preocupara por mí, que al que la vida puso en mi camino. Me rompí en llanto sentándome de nuevo frente a él. Me recosté en el hombre de mi tía Pamela y tomé con fuerza las manos de mi padre. —Llora cariño, saca todo ese dolor que te está obstruyendo de ser feliz. — dijo mi padre acariciando mi cabello. No me sentía así desde la última vez que estuve en los brazos de mi madre en el día que nos despedimos. Los días fueron pasando rápidamente. En un abrir y cerrar de ojos ya habían pasado casi 3 semanas desde que me enteré de que tenía un verdadero padre y que había dejado a David como un criminal. La semana pasada Phil me contó sobre el secuestro de Esmeralda. Me sentí tan triste que estallé en llanto de inmediato, por Esmeralda y su bebé. Una pequeña a la que todavía no había podido conocer, pero que también la mimé en el vientre de su madre. Pedía por ellas todas las noches desde el incidente para qué volverán con bien a lado de su familia. Alan seguía sin despertar y todo se iba acumulando. No podía evitar pensar en lo mal que la deben estar pasando ellos, en especial David y la señora Jimena. Mientras tanto, yo aquí estoy esperando a la encargada del laboratorio que traiga los resultados de una prueba que me debatí en hacerme desde hace unos días. Paso muy cansada, me duermo en todas partes y con una facilidad increíble. Quiero comer todo a mi paso, más no tengo náuseas o vómitos. El retraso de una semana me fue suficiente para recordar que David no se había cuidado en todas las veces que estuvimos juntos y yo había dejado de ponerme la inyección. Lo más seguro y probable es que tengo a un pequeño Pegaso creciendo dentro de mí. Esto era algo que me daba mucha felicidad, pero miedo a la vez. —Sí, definitivamente estás embarazada. Solo que… — hizo una pausa entregándome el sobre. Yo la miré preocupada. —¿Qué pasó, algo anda mal? — pregunte ansiosa pensando desde ya en si mi bebé está bien. —Sí, tranquila. Solo que ¿Hace cuánto me dijiste que pudo haber sido la concepción? — me pregunta y la veo sin entender el porqué de esa pregunta. —Te pregunto, porque si tienes menos de un mes tu hormona HcG, está muy elevada. ¿Sabes lo que eso puede significar? — cuestiona y eso sí hizo que las piernas me temblaran. Sabía perfectamente lo que eso significaba, la posibilidad de tener dos o más bebés en mi vientre. Perdí la fuerza de mi cuerpo y no supe más de nada. Lo último que escuché fue el grito de Dalia pidiendo ayuda. ---------------------------------------------------- Por motivos de salud, no se publico el día de ayer. La Historia de Max y Esmeralda se actualizara hasta mañana miércoles. Gracias -------------------------------------------- Copyright © 2023 Valery Archaga Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2303273877835
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