ME ASUSTASTE MUCHISIMO

2138 Palabras
NARRA SANDY Me quedé súper sorprendida ante lo que me acaba de contar. No sabía que en esta familia hubiera hasta agentes secretos. No me extraña porque la señora Jimena es tan misteriosa y hace muchas cosas a la velocidad de la luz. —Parece que mi trabajo te impresionó. — comenta David y puedo ver un poco de decepción en sus ojos. —¡No! No, para nada. Si impresiona, pero no creo que sea algo del otro mundo. Literalmente es como que me digas que eres un policía sin llevar uniforme. — digo algo ansiosa. Él me regala una sonrisa y levantó su mano para tocar ligeramente mi mejilla. No pude evitar cerrar los ojos ante tal gesto. —¿Entonces, está bien para ti que sea un agente secreto? — me pregunta haciendo que abra los ojos de golpe. —Es tu trabajo y si te gusta lo qué haces está muy bien. Claro que, me imagino que en muchas ocasiones corres peligro de que algo malo te pase, ¿No es así? — le dije algo preocupada. El no deja de verme con una sonrisa. La cual ya me está intimidando por la intensidad que puedo ver en sus ojos al mismo tiempo. —Si, si se corren riesgos, pero no son todas las veces y también depende muchísimo de la misión. — me confesó y eso no deja de ser peligroso. —Entonces, ¿Estudias pediatría? — me pregunta al ver que de nuevo me perdí en mí misma. —Si, me hace falta un año de estudio en la facultad de medicina y tres años para especializarme. — le digo con orgullo y una gran sonrisa. La lluvia que caía ya había parado así que, aproveché eso para poder salir del refugio que nos daba el árbol. Estaba por dar un paso para subirme a un pequeño muro que dividía el área verde del concreto y debido a lo mojado que estaba, me deslicé hacia atrás. Esperaba caer al suelo, pero pegué en el fuerte pecho de David y él me tomó en sus brazos. —Debes tener cuidado el suelo está húmedo y tus zapatos no ayudan en este clima. — me dice riéndose. Mis mejillas queman de la vergüenza que siento en este momento. —Vamos, caminemos un poco más y luego iremos a otro lugar para almorzar. — me dice y yo abrí mis ojos en sorpresa. —Prometí mostrarte la ciudad y eso haré. ¿Vamos? — mencionó acercando su rostro a el mío. Asentí y él se separó de mí, pero hizo algo que me sorprendió por completo. Me ofreció su mano y comenzó a caminar aún sin poderla soltar. Diría que me molestaba, pero no. Todo lo contrario, estaba que gritaba de la emoción. Caminamos por la bahía, comimos algodón de azúcar y para mi mala suerte elegí el color azul, por lo que podría jurar que tenía toda mi boca llena del colorante azul. Llegamos hasta un restaurante de mariscos que había por esa misma área. —¿Eres alérgica a algo? — me pregunta y yo me encogí de hombros. —He comido pescado, camarones, tuna y creo que solo eso. — le dejé saber y el asiente. —¿En tu comunidad había electricidad y esas cosas? —cuestiona y yo negué. —Eso es muy extraño, ahora son muy pocos los grupos Amish que viven de esa manera. En una misión me tocó ir a una comunidad en Ohio y ellos tenían generadores de energía eléctrica natural, paneles solares. Puedo decirte que hasta comían hamburguesas en restaurante de comida rápida. Pueda que sus creencias o costumbres han cambiado o sus líderes han implementado cambios positivos. Eso si internet y celulares no había, pero de lo demás me pareció algo muy normal. — me comentó y me sorprendí —¿De verdad? — le pregunté anonadada. —Si, no tendría por qué mentirte. — me dice tomando un poco del agua que acaban de servir frente a nosotros. —Me imagino que han dejado de ser más estrictos. En lo personal odiaba usar el bonete n***o. — comenté recordando el bonete que me pesaba al tener que cubrir mi cabello. Las solteras debíamos llevar uno de color n***o y las mujeres casadas tenían que utilizar uno blanco. Todas usábamos en blanco únicamente para ir a la iglesia. —Esa es otra pregunta. ¿Jamás te has cortado el cabello? — me cuestiona viendo mi cabello, negué ante su pregunta. —A las mujeres Amish se les prohíbe cortarse el cabello eso no me molestaba en lo absoluto. De hecho, me encanta mi cabello. — Concluí acariciando un poco mi cabello. —Es muy bello, me gusta, me gusta muchísimo. — me responde y sus ojos cambiaron, brillaban de una manera muy diferente. Comenzó a pedir unas ostras, calamar frito y otros aperitivos que jamás había probado. Lo primero en llegar fueron las ostras y me dio mucha impresión al ver cómo la ostra se retorcía ante el contacto con el limón. Tomé la que David había preparado para mí. La miré con un poco de duda, pero no podía echarme para atrás ya la había agarrado. La llevé hasta mi boca y comí, tal como lo había visto a él hacerlo. El sabor no me pareció desagradable, de hecho, que fue muy bueno. —¿Bueno? — cuestionó y yo asentí. —Si, la verdad que saben bien. — Respondí. Seguimos platicando por unos minutos y no me gustó que comenzara a sentir un poco de comezón por mi cuello y detrás de mis orejas. Al mismo tiempo que sentía mi lengua adormecida. Mi mente de doctora reaccionó de inmediato, estoy teniendo una reacción alérgica. Traté de disimular para no arruinar el momento, pero cuando sentí que me faltaba un poco el aire, ya no podía disimular, tenía que ir a un hospital. —David, lo siento, pero creo que necesito ir a un hospital. — comenté a como la tos me lo permitió. Él se pone de pie y viene a mi lado quedando a mí misma altura. Quita mi mano del lugar donde me estoy rascando. —¡Ay, Sandy! ¡Maldición! Ven, vamos. — exclama preocupado tomándome en sus brazos. No podía decir nada la verdad es que si me estaba sintiendo bien mal. Lo escuché a él hablar con alguien, pero mentiría si dijera que entendí. Estaba hiperventilando y eso pareció preocuparlo más. Sentía que no podía respirar, miraba a David con desesperación. No me había percatado que ya el auto estaba en movimiento. —Calma, nena. Todo estará bien. — me dice ansioso y mis ojos van hasta nuestras manos las cuales van sujetas tal como cuando caminamos en el parque. La comezón se extendió por casi todo mi cuerpo. Justo cuando sentía ya mi pecho doler ante la falta de oxígeno David me sacó del auto. —¡Ayuda! ¡Tiene una reacción alérgica! — gritó al no más entrar conmigo. —Tráigala por aquí joven. — escucho que alguien le dice. Cerré mis ojos por un momento, no podía creer lo que me estaba pasando. Me estaban revisando la garganta y un doctor comenzó a gritar instrucciones, sobre el procedimiento y tratamiento que recibiré, pero la verdad que no estaba poniendo atención. Era divertido para mí, porque no es lo mismo vivirlo que atenderlo. Me pusieron una intravenosa y me quedé dormida casi de inmediato después de un medicamento que inyectaron a través de ella. Sentía la garganta reseca y dolor de cabeza. Me ardía un poco la piel a un lado de mi cuello y creo que fue porque me lastimé. Abrí mis ojos y miré hacia mi lado izquierdo y pude ver a David con sus ojos cerrados y sus brazos cruzados. No quería despertarlo, pero tuve que toser ante la extraña sensación en mi garganta. El abrió sus ojos en sorpresa y rápidamente se acercó hasta mí. —¿Estas bien? — me pregunta y ahora que puedo verlo sin tantas sensaciones en mi cuerpo. Me sorprendo al ver lo sensible que un hombre como él puede llegar a ser. —Estoy bien, no morí. — le digo para según yo, causar un momento divertido y me gané su mirada reprobando mi comentario. —No lo digas ni de broma, me siento horrible y si te hubiera pasado algo no me lo hubiera perdonado. Fui yo quien pidió eso y fui yo quien te hizo comer eso. — dice desanimado. Quería confortarlo porque él no tuvo la culpa de esto, levanté mi mano y acaricié su mejilla. —No fue tu culpa, yo no sabía que las ostras me iban a causar una alergia y si ni yo lo sabía, tú mucho menos. No te sientas mal, estás cosas son más comunes de lo que parecen. Ahora por mi seguridad, si deseo probar más cosas deliciosas, debo tener un lápiz con una dosis de epinefrina conmigo. — él sonríe. —Lo mismo acaba de decir el doctor. Esas fueron exactamente sus palabras. — menciona y ambos sonreímos. —Estaré bien, no te preocupes. — aseguré y nuestros ojos se conectaron por unos segundo. Trajo la palma de su mano hacia mi rostro y con su pulgar acarició mi mejilla, mientras deslizaba el resto de la palma de su mano por mi cuello. Mentiría si les dijera que no sentí un escalofrió en todo mi cuerpo. Ese simple toque sumando todos los demás que he recibido de su parte a lo largo del día me hace sentir extraña. Todo esto es nuevo para mi y no se si tantas caricias en una primera cita son comunes. “Sandy, acabar en un hospital en una primera cita tampoco es tan común.” Me digo a mi misma. Sus ojos buscan los míos de nuevo. —Me asustaste muchísimo, al verte así de mal, sentí mucho miedo. — me dice tomando mi mano. —Nada mal para una primera cita. — comento y él niega. —Tengo que recompensarte por esto, ¿Que tal una segunda cita? — pregunta metiendo sus manos en sus bolsillos, dejando ver su reluciente sonrisa. —Claro que sí, aparte que no me terminaste de enseñar la ciudad. — le digo yo encogiendo mis hombros y haciendo un puchero. David se acerca hasta a mi y lo siguiente que hizo me sorprendió muchísimo. Sentí lo húmedo de sus labios sobre mi frente, mis manos temblaban y no eran producto de los medicamentos. Temblaba por su cercanía, su aroma y todo lo que él causaba en mí. Dejó mi frente, pero no se separó en ningún momento. Sus ojos miraban mis labios y yo miraba los suyos, se podía sentir que ambos teníamos una batalla en sobre si hacer lo que ambos queríamos era correcto. Era evidente que el quería besarme y yo que estaba ansiosa y deseosa por recibirlo. Mi corazón latió a mil por hora cuando su rostro comenzó a acercarse lentamente al mío. Inocentemente cerré mis ojos en espera de mi primer beso, pero nunca llego. —¡SANDRA KEPLER! — exclamo Clara al entrar por la puerta de la habitación. Provocando de David retrocediera del todo. “Nota mental, darle una muerte digna a tu mejor amiga por arruinar tu primer beso”. —Casi me da un infarto cuando David le dijo a Ángel que te había tenido que traer a el hospital porque casi te mueres. — comenta mi hada super molesta. —Debes tener mas cuidado sobre a donde la llevas a comer. — regaña a David. —Calma mamá osa. Estoy bien, ni yo sabia sobre mi alergia así que, él no tiene la culpa. Le avise a tiempo que me sentía mal, te recuerdo que soy casi doctora y se un poco de esto. — digo tratando de calmarla ya que esta muy molesta. Suspira y se acerca a mi. —Mira tu piel, esta roja. — me dice y ruedo los ojos. —Crema y medicamento me quitará las erupciones en mi piel, no hagamos de esto algo enorme. Fue una reacción alérgica, pero fue atendida a tiempo. Estoy viva que es lo mas importante. — les digo a ambos, pero ninguno dice nada. —¿Se te antoja un jugo de naranja? — me pregunta David. —Es alérgica a las naranjas. — —Soy alérgica a las naranjas. — decimos con Clara al mismo tiempo. —Te traeré agua. — menciona mientras avanza casi corriendo hasta la puerta de la habitación. Suspiro al verlo cerrar la puerta. —Sabes que cuando salga de aquí voy a matarte ¿Verdad? — ---------------------------------------------- Copyright © 2023 Valery Archaga Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2303273877835
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