NOS VEMOS, PEQUEÑA

1877 Palabras
NARRA DAVID Haberla visto de esa manera me dio mucho miedo. Había tenido muchas experiencias en misiones donde mis compañeros se han visto heridos y no me han causado la misma angustia que sentí hoy. Esa pequeña con larga cabellera me estaba volviendo loco. Eso no era nada malo, lo malo es que en un solo día puso todo mi interior de cabeza. —¿Como está? — me pregunta mi hermano Ángel golpeando mi hombro. —Está bien, aún tiene marcas en su cuerpo. — le dije mientras me sentaba en una silla frente a la habitación. Me sentía verdaderamente culpable por lo que le pasó. No debí haber pedido algo que no había probado. “Actuaste muy irresponsable”. Me regaño a mí mismo. —Lo importante es que está bien. Me imagino que no está molesta contigo ni nada. — menciona y eso es algo que me merezco de su parte, pero no ella fue tan linda y comprensible. —Ella está de lo más tranquila. Podría decirte que soy yo el que está frustrado, mejor dicho, enojado. Si le hubiera pasado algo más te juro que no me lo hubiera perdonado. — le digo y él se sienta a mi lado. —Pero eso no pasó así que despreocúpate por eso, Sandy es una chica que en mi opinión parece débil y delicada pero no lo es. Más de alguna vez se ha ido encima de mi con regaños porque hacía llorar a mi diosa, cuando ella estaba embarazada de Ariana. Solo porque no le había comprado un helado más, cuando se acababa de comer todo un tarro. Sin mencionar su historia, me imagino que ya te contó un poco. — comenta y es que es algo retorcido, porque ya por la hora, hablamos de que ayer me estaba imaginando muchas cosas con esa pequeña. No es posible que esté perdiendo la cordura por querer besarla, abrazarla y jamás dejarla ir. —¿David? — me mueve Ángel por el hombro pues me he perdido en mis propios pensamientos. —Si hermano, lo siento estoy algo impresionado. — le digo excusándome por no prestarle atención. Clara sale de la habitación y camina hacia nosotros. —Lo siento, si fui algo dura ahí dentro. Se me subió mi instinto materno a la cabeza. Sandy se puede mostrar que puede con todo, pero es una persona muy sensible también. Si estás interesado en ella que no sea solo para lo que tú ya sabes. Ella no es de ese tipo de chicas. Ella una vez que entrega su amor y cariño a una persona, espera que sea para siempre. Por eso es bien selectiva con las personas que deja entrar en su vida. Que te haya aceptado en una cita o tan siquiera el hablar contigo ya es ganancia porque jamás había tenido interacción con ningún chico que no hayan sido sus hermanos o Ángel. Siéntete privilegiado de estar con una mujer como ella. Ya me extendí mucho, nuevamente se me salió lo mamá, pero solo quiero decir que no vayas a jugar con ella David o te juro que te las verás conmigo y tú también así que aconseja bien. — nos dice a ambos apuntándonos con el dedo. —Si, señora. — decimos ambos, provocando una carcajada de parte de Clara. —Bueno, ya nos vamos. Me imagino que la dejarán toda la noche. Le traeré ropa, llama si necesitan algo más. — Me dice y asentí en respuesta. Nos despedimos e hice nota mental que necesitaba saber su lista de alergias. Recuerdo haberle preguntado antes de entrar al restaurante si era alérgica a algo y no me supo dar respuesta. Recordé que no había ido por su agua así que fui casi corriendo a una máquina dispensadora a buscar unas botellas. Entré nuevamente a la habitación, ella estaba recostada de lado viendo hacia la ventana. —¿Te sientes mejor? — pregunté y ella se dio la vuelta rápidamente. —Creí que te habías ido. — dice y me miró con sus ojitos tristes y sentí como si me perforaban el corazón. —No me iba a ir sin ti de este hospital. Estaré aquí hasta que diga el doctor que te puedes ir. — confesé y una sonrisa se dibujó en su dulce y delicado rostro. Me acerqué hasta donde estaba sentado anteriormente, le ofrecí una de las botellas de agua que llevaba, la tomó y bebió toda el agua en ella. —Gracias por eso. — me dice más animada. —Aprovecha a descansar. Yo estaré aquí asegurándome que descanses. — le dije y por un momento hasta yo me sorprendí de mis palabras. Sus mejillas se ruborizan y se acomodó de nuevo en la cama. Mi miró y extendió su mano dejándola casi enfrente de mí. Observé su mano por un segundo y no dudé en tomarla. Ella sonrió y cerró sus ojos. El sol salió nuevamente y no supe en qué momento terminé recostando mi cabeza sobre la camilla especialmente sobre su brazo. Lo que me despertó fueron ligeros toques en mi cabello. Comencé a moverme y dejó de acariciar mi cabello. Levanté mi cabeza y pude ver sus mejillas ruborizadas. —Buenos días, ¿Dormiste bien? — le pregunté y ella asintió. —Si, me siento mucho mejor. — me levanté y observé su cuello y pude ver que ya solo quedaba la irritación en la zona donde se rascó con bastante intensidad. Me sentí mal al ver esa marca en su piel, pero me confortaba que las demás ya habían desaparecido. —Ya no se ven las marcas rojas. — comenté y ella solo asintió. —Qué bueno, la verdad que mi piel es super sensible. Creo que es una de las cosas que no me gusta. Soy tan blanca como el pan. — dice y me reí ante su comparación. —No te rías es la verdad. — menciona y no pude evitar pensar en una estupidez y fue tan estúpida que me hizo disculparme y decirle que tenía que ir al baño. Caminé rápidamente hasta el baño. Cerré la puerta y comencé a auto regañarme. “Tú no eres así idiota. ¿Como te pudiste calentar al imaginar su piel roja por tus toques y apretones?” Por un momento pensé en que necesitaba estar un momento lejos de ella. Como si el cielo quisiera ayudarme, una llamada entró a mi segundo teléfono. —Halcón. — contesté y era Mario. —Tengo una misión para ti. — comenzamos a discutir los detalles sobre de que, donde y a quienes involucra. Que debía salir mañana y que ya todo está arreglado solo tenía que ser el contacto de confianza de la operación. Salí del baño después de hacer el procedimiento necesario. —¿Estas bien? — me pregunta algo preocupada. —No, me entró una llamada y la conteste por eso me tardé un poco en salir. — confesé y ella se vio como más aliviada. —Lo siento, es que, por un momento pensé que lo que dije sobre mi piel te había molestado. — negué ante su comentario. —No, te confieso que me llamaron a decir que tengo que ir a una misión mañana. — ella se sorprende ante lo que le acabo de mencionar. —¿De verdad? ¿Vas a estar bien verdad? ¿Qué tan arriesgado va a ser? — dijo y me hizo mucha gracia y a la misma vez me encantaba su interés en mi seguridad. —Si, estaré bien, no te preocupes. — aseguré y ella apretó su labio, estaba apenada y preocupada. —Cuando vuelva debes estar recuperada así te podré llevar a nuestra segunda cita. — comenté para tratar de animarla y eso pareció hacer efecto. Se sonrojó y asintió regalándome una leve sonrisa. —Aunque podríamos ir a nuestra segunda cita cuando salga de aquí. — me dice y la verdad que no es mala idea. Tenía pensado ir con ella a un lugar especial, al que iba con mi padre. —No quiero que te esfuerces, después de lo que pasaste ayer lo más prudente es que descanses. — ella negó. —Estoy bien, no necesito más descanso. Después de un ataque como el que tuve en menos de 12 horas estoy como nueva por el tratamiento que me dieron. Le recuerdo señor Galeano que soy casi doctora y sé un poco de estas cosas. No me quiero imponer a nada, si no se puede, te juro que no me enojaré. Esperaré a que vengas y me lleves a esa cita. — me dice y puedo ver como se desanimó al mencionar esto último. —Lo sé y la verdad es que necesito arreglar unas cosas antes de salir mañana. Volveré y espero que estés lista porque caminaremos mucho. — mencioné y ella asintió. El doctor entró junto con una enfermera y detrás de ellos Clara y Ángel. Le dieron el alta así que no pasó mucho tiempo hasta que nos fuimos a la casa de Clara. —Me imagino que no puedo decirle a nadie de a donde iras. — comentó cuando nos estábamos despidiendo cerca de mi auto. —No, prometo que volveré pronto. Sería mentirte si te digo que en uno o dos días. — le confesé pues sabía que era un procedimiento de como mínimo una semana. —Está bien. Ojalá no encuentres una chica en tu misión y te olvides de mí. — dijo y se tapó la boca con ambas manos. Como si hubiera cometido un error, lo cual podía entender. No sé si es su inocencia la que me atrae aún más. Extendí mis manos pidiendo las suyas. Ella un poco apenada y dudosa me las da. —No creo que eso suceda. Porque puedo decir que ya encontré a la chica que quiero para mí. — Traje sus manos hasta mis labios y dejé un beso en ambas. Ella se soltó y me abrazó. La recibí y correspondí de inmediato. Deje un beso en la coronilla de su cabeza. —Nos vemos, pequeña. — le dije y ella asintió y me dio un beso rápido en la mejilla. —Cuídate mucho, David. — Mencionó. Después de darle un beso en su frente me alejé para ir hasta la puerta de mi auto. —¡David! — la escuché gritar y la vi correr hasta mí. —Lo siento, pero no puedes irte sin esto. — rodeo mi cuello con sus manos y me hizo inclinarme hacia ella. Nos miramos a los ojos por un momento, luego ella miró mis labios y yo mandé todo al diablo. Rodeé su pequeño cuerpo con mis brazos y la levanté para que nuestros rostros quedaran a la misma altura. Pegué mis labios a los suyos y devoré uno a uno, marcando el ritmo hasta que ella comenzó a hacer lo mismo con los míos. El dulce sabor de sus labios estaba activando otras partes de mi cuerpo y no me sorprendía en lo absoluto, porque Sandy acababa de hacerme sentir mucho más que nadie en un solo beso. ---------------------------------------------- Copyright © 2023 Valery Archaga Todos los derechos reservados. Obra protegida por Safe Creative bajo el número 2303273877835
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR