Capitulo 8

2129 Palabras
Los últimos dos días transcurrieron en un borrón de inactividad. Durante el día leía, hacia ejercicio, pateaba mi cabeza con ideas sin fin. Oh, comía también. No sabía cómo, pero Florencia hacia que a diario llegará comida, tenía que ser ella. En las noches, incluso mientras dormía pensaba locuras. Antes no tenía estos sueños, pero ahora sí. El hombre al que estaba cazando, se había esfumado, como si nunca hubiera existido. La Princesa Sophie lloraba cada noche antes de finalmente quedarse dormida, era algo triste de ver. Creo que, ella ama a él caballero que trabaja para Cameron. Investigue más sobre aquella palabra, Florencia estaba en lo correcto, era peligroso. Observando el estado en el que se encontraba Sophie, confirmaba mis sospechas. El amor era peligroso, en sus tres formas. Ágape. Philial. Y Eros... ¿Cómo es que el mundo fuera de estos muros no había colapsado con tantas cosas que procesar? Yo estaba por derrumbarme con tanta información. Podría ser porque a mí me la habían suministrado toda en un poco tiempo. Mientras los demás, crecían aprendiendo todo esto. Estos últimos días, imaginaba como sería mi regreso al mundo "normal" y al final de cada fantasía, era el mismo. Terminaba desmayada en pleno público siendo devorada por humanos. No era un pensamiento optimista, mucho menos teniendo en cuenta que en las noches debía esperar para enfrentarme a un desconocido. Y si, ahora me refería a enfrentarme a él, pues no sabía que me deparaba en ese encuentro. No había visto a Cameron o a Florencia, desde que recibí las órdenes de matar a su compañero. Afectada, decidí que, lo mejor sería actuando como si nada sucediera, hasta que esa mentira, se volviera verdad. Todo en El Palacio seguía su curso, las reparaciones marchaban bien según Aídan, no habían nuevas novedades, salvó que, habían pintado y redecorado algunas áreas de El Palacio. Lo que hacía que, Aídan estuviera más que satisfecho. -"Y no encuentro las palabras, que lo logren definir... Pero lo único que entiendo es que yo... Muero por ti..." Me vestía con pasirmonia, tarareando la bonita melodía que había cantando Florencia aquella última noche, que se sentía tan lejana. Guiada por el color que mostrará el cielo, caminé lentamente, dispuesta a tomar mi lugar en la habitación de La Princesa Sophie. Está era la tercera noche, si hoy no sucedía nada, olvidaría todo lo que había sucedido con Cameron Joseph Kane. Me detuve a mitad del pasillo. Si, ahí estaba nuevamente. En cuanto el pensamiento de olvidar a Cameron cruzaba por mi mente, aparecía una punzada aguada en mi pecho. ¿Estaría enfermando? Era una posibilidad. Sacudí mi cabeza, no podía perder tiempo en tonterías, concéntrate, Mía. Entre a la bonita y limpia recamara de Sophie, aquí siempre olia a flores. Me senté tras su cama, como había hecho los últimos días, saque el cuchillo y comencé a hacer garabatos en el piso de madera, bostezando pues las últimas noches, no había dormido bien. Luego de un rato, tirando el cuchillo hacia arriba y atrapandolo al bajar, escuché pasos. Estirando los músculos, me dirigía hacia la puerta cuando noté que el sonido era diferente, estas pisadas se escuchaban firmes, pesadas y apresuradas. Alertada, me oculte tras la puerta, separé mis piernas y sujete con fuerza el arma. Los pasos se detuvieron frente a la puerta, mi respiración se había acelerado. Tenía los ojos fijos en el pomo de la puerta, que comenzó a girar con una lentitud insoportable. La puerta se abrió, la tenue luz de el pasillo colándose en la habitación a oscuras. Era un hombre, la sombra lo delataba. Esperaba a que entrara a la habitación, estaba lista para abrirle el cuello. Él entró. Tome una larga y silenciosa respiración, apreté el arma y comencé a acercarme... Esperen... Ese olor... No. Maldito sea. -¿Que coño estás haciendo tu aquí? -Nos vamos, ahora. Cameron estaba vestido de traje, esmoquin n***o, camisa blanca, sin corbata. Sencillo y elegante, parecía mayor... -¿De que estás hablando, Cameron? Me dejaste, sin explicaciónes solo te desvanecíste. -Mia, tenemos que irnos ahora. Florencia ya debe estar esperando por nosotros, por favor vámonos. -No, no hasta que me expliques que sucede aquí. -Confia en mi. Esto era adsurdo. -No confió ni siquiera en mi propia sombra, señor Kane. Pues en cuanto se oculta el sol, hasta ella me abandona. Ahora, dígame. ¿Que pasa aquí? -Yo puedo explicártelo, querida Mía. Mierda. Maldición, carajo. Toda la habitación pareció cubrirse de hielo, mi piel se cubrió de escalofríos, mis manos temblaban y quería vomitar. Era como enfermarse en un segundo, tan rápido que, no había tiempo de impedirlo. Aídan estaba aquí y no estaba solo. En cuanto ví como arrastraba a Florencia, que estaba magullada y sollozante temblé de miedo, él encendió la luz. Las Princesas nunca lloran, me repetí una y otra vez, no llores, no llores. Tú no eres una Princesa. Jodida voz y sus comentarios. Arrojó el cuerpo de Florencia sobre la cama de Sophie, él se puso de espaldas a ella y de frente a nosotros. -Ya conozco está historia. Pero, como mi querida Mía, no conoce mucho de literatura debemos ilustrarla. ¿Estas de acuerdo, Kane? -Aidan, detente.-ordenó Cameron, no podía dejar de mirar entre Aídan y yo. -Oh, no quiero. Temo que, la ocasión lo amerita. Verás querida Mía, todo sucedió hace muchos atrás. Mi padre, un británico brillante decidió rechazar a una poderosa mujer, mi madre. Ella, era una mujer encantadora, sin duda, pero muy peligrosa. Su familia, era dueña de un imperio, necesitaban a alguien como mi padre, pero el muy cabrón en cuanto se enteró de la naturaleza real de la familia de su "novia" la abandonó. -Ya basta, Aídan. Podemos llegar a una solución, lo sabes. Él sacó un arma de su pantalón, la sostuvo de manera relajada contra su pierna, mientras proseguía con su relato. -Huyo hacia sudamérica. Recorrió México, Colombia y decidió trabajar durante un tiempo en Venezuela, el país del oro n***o. Allí, conoció a una joven mujer... María. Se casaron, fueron muy felices, engendraron a una hija. Y fin. Tenía el corazón acelerado, ¿En qué se relacionaba todo aquello conmigo, y como es que ese había sido él final? -Imagino, Mía, que te preguntarás, ¿Por qué ese fue el final? Verás, el comienzo de tu historia mi madre y yo lo acabamos. Mientras tú ibas creciendo con el amor de tus padres, yo fui el bastardo de una madre poderosa, que se negó a reconocer la derrota. Compartíamos el mismo padre... Según lo que había aprendido, eso nos convertía en hermanos. Nuestra sangre era la misma... O al menos una parte. -El final de está historia, solo yo lo conozco. Levantó el arma y apunto hacia Cameron, pero él en cuestión de segundos le correspondió. Ambos frente a frente, apuntandose. Aídan sonrió, inclinando la cabeza hacia un lado en actitud desafiante. -¿Vas a disparar, Kane? Has tenido muchas oportunidades de liquidarme. No me equivoco al afirmar que, mi padre te pidió que no me atacaras. Él viejo siempre fue listo, admito que, recibió ayuda. Deje pistas que le ayudarán a descubrir mi identidad. -¡Es tu hermana, hijo de puta! ¡Es tu hermana y la has acabado! Aídan me observo. ¿Por qué no había huido? ¿Por qué seguía paralizada? -Es lo único bueno que hay de mi. -¡Ella no es parte de ti! Florencia se quejó, me dirigí hacia ella por instinto, lo que fuera con tal de ignorar lo que sucedía entre estos dos hombres. Tenía el labio roto, los pómulos color rojo y unas manos marcadas en sus brazos. -Florencia... Despierta, por favor. Te pondrás bien, te pondrás bien... Sus ojos lloraban. Oh maldición, no no. Las Princesas no lloran... -No llores...-susurré de manera entrecortada-.Las princesas... Las Princesas no... Maldición, ahora yo lloraba. ¿Esto que era? No quería llorar, mi nariz goteaba y no podía respirar con normalidad. -La amas...-murmuro Aídan, voltee a verlos, creí que me hablaba a mi, pero tenía la mirada en Cameron. -¿Estás enamorado del fruto del amor, robado por el odio y poseído por la lujuria, Kane? -No. Estoy enamorado de Maia. -¡ELLA ES MÍA! Luego de ese rugido los disparos iniciaron. Tome a Florencia y la arrastre contra mi, arrojandonos al suelo. Los adornos se partían, la ventana exploto regando vidrios por doquier. Debíamos salir de aquí, ¿Por qué nadie había venido a intervenir? Tenían que escuchar los disparos. -¡Mia! ¡Debes salir de aquí, ahora! ¡Este lugar arderá en llamas! Lo que faltaba. ¿Quien había organizado este plan? -Florencia, venga. Ponte de pie, ¿Que te hizo ese hombre? En cuanto los disparos cesaron, el sonido de la piel siendo desgarrada por los golpes se hizo oír. Está era nuestra oportunidad. Levanté a Florencia y comenzamos a caminar. La habitación, se estaba llenando de humo y el pasillo ya estaba inundado de el. -Vuelve... Vuelve por Cam... Mía, vuelve por Cam. -No, antes te pondré a salvó. Ella se soltó de mi, se apoyo en las paredes haciéndome gestos de que regresará por Cameron. Maldición, no quería regresar a esa habitación. -Ve por él, Mía. Yo saldré de aquí, tú debes ayudarlo o terminarán atrapados. El humo comenzaba a incomodar mis pulmones. Respiraba de manera entrecortada, el miedo se había quedado atrás, ahora simplemente sentía pánico. Me convencí de que Florencia estaría bien y regrese hacia la habitación, Cameron estaba extendido en el suelo y Aídan se incorporaba encima de él. Iba a enfrentarme a mi maestro, a mi dueño. Aún sentía miedo de él, pero si iba a morir aquí, ahogada por el humo o las llamas, no lo haría como una cobarde. Eche a correr y con todas mis fuerzas lance una patada en el medio de su espalda, lo que hizo que perdiera el equilibrio, cayendo de rodillas. Sin perder el tiempo, me posicione encima de él. Golpee su rostro y sujete su cabeza, estaba dispuesta a acabar con él de un solo movimiento. Él escupió sangre, mientras me dió una sonrisa escalofriante. -Hazlo, hermanita. Acaba conmigo, huye con tu precioso salvador.-tosio, chispeando mi suéter de sangre-.Pero, que te quede una cosa clara, siempre serás un ser humano incompleto. Eres una asesina, una prostituta... La sociedad va a devorarte viva. Temblé, él estaba diciendo la verdad. -¡Mía, no! ¡No le hagas daño! ¡Tú no eres él! Cameron se había levantado, venía hacia nosotros. El tiempo se agota, susurro la voz... -No, no soy él. Soy mucho peor. Iba a partirle el maldito cuello de una vez por todas, cuando lo sentí. Un dolor lacerante me atravesaba el costado, quemaba y dolía muchísimo. -Si muero, te vas conmigo mascota. Caí fuera de su regazo, obseve mi costado, allí estaba mi cuchillo. Debí soltarlo en medio del fuego cruzado... Que curioso, moría a manos de mi propia arma. Todo comenzó a avanzar de una manera diferente, mucho más lenta. Cameron accionó un arma, nuevamente los cristales de vidrios relucieron al ser explotados, ellos caían como copos de nieve sobre mi rostro, cortaban mi piel, pero el dolor ya no me afectaba. Finalmente, pensé. Después de tanto... Ya no sentia dolor. La muerte era fría, pero dulce. Abrí los ojos, pesaban mucho y ahí estaba él, un desconocido que había librado mi cuerpo de su sufrimiento y mi mente de su jaula. Lo último que haría sería ver aquellas gemas que él tenía por ojos. -Mia, no puedes dejarme. Maldición, no puedes dejarme tu también. Un espasmo me recorrió, cuando saco el cuchillo. En un segundo, estuve entre sus brazos, observando aquellas paredes familiares que se vestían con el sol... Sabía que Cameron corría, pero ya no sentia que era él quien sujetaba mi cuerpo. Algo más se estaba apoderando de él, se sentían como unas manos enormes que podían sujetar todo mi cuerpo. ¿En qué momento cerré los ojos? Estábamos en el exterior. Un cielo estrellado era testigo de como El Palacio era consumido por las llamas... Me llevaban hacia una extraña cabina blanca, una vez dentro de ella, muchos rostros se distorsionaban frente a mi. Busque a Cameron, intentaba tomar su mano... ¿Dónde estás? -Mia, estoy aquí... Estoy aquí, Mía. Seguí su voz, memorice cada aspecto de él, desde lo lasio de su cabello, hasta lo rosados que eran sus labios. Contuve la respiración, esperaba que, de alguna forma esto hiciera que este instante durará un poco más, aunque sentía que no sería suficiente. Nunca lo sería. -A... A muerte... Cam... A muerte. Primero ví muchas luces, brillantes... Cómo si se tratasen de reflectores. Después, la oscuridad lo envolvió todo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR