No recuerdo en qué momento exacto dejé de temblar. Tal vez fue cuando Lara cerró la puerta tras de sí y el ruido seco me recordó que aún existían límites físicos. O quizá fue antes, cuando me miró sin lástima —eso fue lo que más dolió— y me dijo lo que nunca se había atrevido a decirme en años y con tanta crudeza. —Te has destruido sola durante demasiado tiempo, Allysel —dijo, cruzada de brazos, con esa dureza que solo tienen quienes alguna vez te quisieron—. Y aun así… esto ya no es solo culpa tuya. Es hora de cambiar, o terminaras muerta antes de la víspera. Así de simple. No respondió a mi silencio. Nunca lo hacía. Lara siempre hablaba como si el tiempo fuera un animal que te muerde si dudas. —Me sorprendí cuando me contaron lo del instituto —continuó—. Lo de Abraham. Y luego su des

