(77)

1876 Palabras

La casa se me volvió un animal muerto. No olía a abandono —eso habría sido demasiado evidente—, olía a nada. A superficies limpias, a decisiones frías, a una ausencia que no pedía permiso. Caminaba por los pasillos con la camisa arrugada, los botones mal cerrados, la barba creciendo sin orden, como si mi propio cuerpo se negara a seguir representando al hombre que siempre fui. Las semanas pasaban y Allysel no aparecía. No dejaba rastro. No cometía errores como lo había previsto. Eso era lo que más me enfurecía. El despacho estaba en penumbra cuando entró Marco. Traía el mismo gesto de los últimos días: la mandíbula tensa, los hombros rígidos, el miedo mal disimulado bajo la obediencia. —¿Y bien? —pregunté sin levantar la vista del vaso. —Nada nuevo, jefe. Cruzamos hospitales, alberg

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR