No recuerdo en qué momento exacto dejé de sentir hambre. Solo sé que el silencio empezó a pesar más que cualquier vacío físico. La casa funcionaba como si todo marchara con normalidad. Los relojes marcaban la hora correcta, los pasillos estaban limpios, el aire acondicionado mantenía una temperatura perfecta. Todo estaba en su sitio… excepto yo. Los picos empleados hacían su trabajo, me saludaban apenas con naturalidad y hasta Onilda y Lily actuaban como si nada sucediera. Sentía que yo era la única pieza fuera de lugar, el error que nadie se molestaba ya en corregir. Esa noche Davide se fue con ellas, con Lily y Onilda a llevarlas a la casa de Nicola. Me sentí vacía apenas se fueron. Las horas pasaron y él no regresó. Dormí una hora y al despertar el vacío fue superior. Fui a la cocina

