(40)

1963 Palabras

No dormí. No podía. Cada vez que cerraba los ojos, el recuerdo del despacho me atravesaba como un latigazo. Su respiración sobre mi piel. Su cuerpo contra el mío. Sus manos sujetándome como si quisiera romperme y devorarme a la vez; y después… Su voz helada, arrancándome el aire, la dignidad y la esperanza con una sola frase. «No eres nada para mí» Esa sentencia no dejaba de repetirse en mi cabeza, como si mi memoria disfrutara torturarme. Salí del despacho sin mirarlo. Sin dignidad tampoco, pero con el poco orgullo que me quedaba sostenido en las uñas. Crucé el pasillo de la casa de mi padre sin sentir mis piernas. Caminé como un fantasma hasta mi habitación y allí me dejé caer en la cama, abrazada a la almohada para ahogar cualquier gemido que amenazara salir de mi pecho. No lloré.

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR