No recordaba exactamente cómo había llegado hasta la habitación después que la funcionaria pronunciara aquella sentencia mortal… pero sí recordaba la sensación: como si me hubiesen arrancado el alma con las manos y luego me hubiesen dejado caer desde un precipicio. Solo pensaba en Lily. Esa mujer… ese informe… ese registro maldito. La palabra alejada se repetía en mi cabeza como un eco interminable, desgarrándome por dentro. Mis piernas se doblaron apenas crucé el umbral. El temblor había regresado con más fuerza. Yo sabía que era la abstinencia, el castigo químico de mi propio cuerpo… pero también era miedo. Miedo puro. Miedo verdadero. El tipo de miedo que te arranca la respiración y te deja sin voz. Me dejé caer en la orilla de la cama y traté de inhalar, pero mis pulmones parecían

