Capitulo 5, Parte 3

752 Palabras
Me despedí de Megan rápido y salí corriendo hacia el estacionamiento seguida por mi hermano. Él ni siquiera sabía que íbamos a hacer, pero igual no le importaba. Desde las cuatro y media de la tarde hasta las nueve de la noche estuvimos visitando tiendas y más tiendas para comprar todo lo requerido. La lista no era larga, pero sì fuera de lo común. Dos botellas de vino espumoso de una marca en particular, toallas color beige, aceitunas rellenas de queso crema, nueces de la India, etc, etc. Vaya que los chicos estaban viviendo el sueño y ni modo, por nuestra parte tocaba complacerlo porque al fin de cuentas nos acercarían a mucha gente. Casi a las once de la noche, aún en el centro de la ciudad, nos dimos cuenta de que no encontraríamos todo y el único producto que faltaba estaba a una ciudad de distancia, en un local a donde nos tomaba casi dos horas en llegar y que abría hasta las nueve del día siguiente. Le marquè a mi padre para decirle que esa noche me quedaría con Megan, después de que confirme que él ya estaba en casa, y que mi hermano estaría en la oficina. La realidad es que nos iríamos a ese lugar, estaríamos ahí toda la noche y volveríamos temprano para poder cumplir con todo. Èl pareció no darle importancia y nos fuimos. En el trayecto llamè a Megan para avisarle y ella risueña me dijo que no había problema, incluso me animò a disfrutar la noche, pero algo llamó mi atención. - Ay, y yo que quería bañarme.- Dijo distraída.- Bueno, mañana nos vemos. ¿Llegas a mi departamento? Le confirmé y colgué. Yo sabía por qué no podría bañarse. No iba a entrar a su cuarto de baño porque si lo hacía mi padre vería que estaba sola y ya él estaba acostumbrado a disfrutar por la cámara el espectáculo lésbico. De todo, solo esperaba que no pasara nada malo. ... Al llegar a la ciudad todo estaba cerrado, era casi la una de la madrugada y de hecho estábamos agitados. Le dije a mi hermano que llegara al primer motel que hubiera disponible y así lo hizo. El lugar era malo, feo, sin gracia y parecía más bien un tugurio. Llamamos en la recepción y un hombre gordo, calvo y desaliñado nos recibió. - Una habitación, por favor.- Le dijo amablemente. - Identificaciones.- Respondió tosco. - Mmm. Aquí está la mía, ella no tiene aún, es mi hermana. - No puedo dejarlos pasar.- Respondió regresando la licencia de conducir. - ¿Por qué? ¿Qué pasa? - Preguntè algo alterada. - No aceptamos menores de edad acompañados de adultos que no sean sus padres. Lo que dijo nos sacó de lugar, pero tenía razón. Últimamente los hoteles, hostales e incluso los Airbnb estaban siendo usados por pederastas para cometer sus fechorías y no había mucho que hacer. Salimos y le dije a mi hermano que nos quedaríamos en la camioneta, que buscará algún estacionamiento y listo. Solo serìan seis o siete horas hasta que amaneciera. Después de manejar un rato encontró un lugar y aparcó. El silencio hizo presencia. - ¿Ya te disté cuenta de que siempre pasa algo? - Me preguntò con desagrado - Sí, lo he notado jajaja.- Respondí divertida. - A mí me desespera, la verdad. Cuando me dijo eso sentí una ligera pena y me acerqué a él para abrazarlo. Lo besé del cuello y fui avanzando hasta encontrar su vista. Así estuvimos unos minutos y después bajè mi cabeza para darle un premio de consolación. Le hice un sexo oral como el que nunca había sentido. Me di cuenta de ello por sus gemidos y la forma en que se corrió en mi boca apenas pasados cinco minutos. Cuando me acomodé en mi asiento me quedé dormida de inmediato y èl también. ... Aún era de noche cuando un sonido de radio me despertó. Abrí los ojos y seguido una lámpara apuntò hacia mi rostro, no podía creer que nos pasara de nuevo. Mi hermano estaba muy asustado y cuando nos ordenaron bajar lo hicimos sin chistar. - Nos reportaron un vehículo como el suyo con dos chicos que buscaban un lugar para pasar la noche. Muestren sus identificaciones. "Carajo", pensé, el imbécil del hostal nos denunció. Volvió el diálogo de hacìa unas horas solo que ahora estábamos tratando de demostrar que no pasaba nada malo. - Tienen un problema, chicos. Llamen a sus padres.
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