Al llegar a la oficina el lunes por la mañana todo se veía en calma. Nunca había llegado tan temprano, pero aprovechamos bien el tiempo para organizar los últimos pendientes. Mi padre que hacía mucho que no interrumpía sus visitas a Megan por la mañana, llegó alegre y ansioso saludándonos. Cuando lo hizo conmigo pude notar en su abrazo un interés especial, me apretó con más fuerza de la que acostumbraba y dijo que me había extrañado.
Los siguientes días se marcharon rápido, más de lo que quisiera y esperaba, pero no había de otra. Cuando menos me di cuenta ya faltaban dos días para lanzar mis productos y por supuesto tenía que ser un evento único y dirigido a mi generación. En este punto debo reconocer que todo lo que se planeó y sucedió fue gracias a Megan. Ella, que había pasado hace algunos ayeres el promedio de edad de mi generación y que vivió otras cosas, estaba al tanto de lo que se necesitaba para que fuera un éxito. Yo, que apenas entraba con nuevos aires al mundo real aún estaba en pañales y si bien las dos pusimos nuestro mejor esfuerzo, sin su voluntad nada podría haber pasado.
Ya estaba todo listo, desde la publicidad en r************* hasta la logística del lugar del evento, pero faltaba el ingrediente principal y lo que haría reventar el lugar y se trataba de un grupo de moda que estaba pegando durísimo en el país. Por más que intentaba hacer contacto, habían pasado dos semanas desde la última vez que me respondieron. Si bien ya estaba todo confirmado y su presencia estaba asegurada, me hacía falta conocer algunos detalles que habían pedido para su comodidad. Quería que todo marchara a la perfección.
Apenas un día antes del evento, revisé mi bandeja de correo para darme cuenta de que efectivamente todos mis correos habían sido respondidos, pero se habían dirigido a la bandeja de spam. "Puta", gritè frente al monitor y Megan se asustó tanto que dio un brinco. Preguntò qué pasaba y le dije. Ella que también estaba estresada con el tema sacò la chequera de su cajón y firmò uno con la cantidad suficiente para ocuparme de todo. Lo extendió a mi nombre y marcò a James para pedirle que me llevara a donde fuera necesario. Lamentablemente, el joven-señor estaba en una reunión familiar y no estaba dispuesto. Ella no podía dejar la oficina y mi padre ni pensarlo, él no se metía en esas cosas. La única salida era mi hermano, pero desde el asunto del video le habían quitado tanto la licencia como las llaves del vehículo
- Papi, por favor. Necesitamos que lo dejes acompañarme.- Le rogué desde el inicio para suavizarlo, sentada en sus piernas.
- Sí, Amor, te entiendo, pero ese cabròn está fuera de la raya y cualquier libertad que le dé va a aprovecharla para hacer su desmadre.
- Àndale, solo esta vez, ¿sí? - Hice un puchero y sin intención de provocarlo, pero por instinto meneé mis nalgas encima de su pantalón, a la altura de su m*****o, lo que hizo efecto inmediato.
- Ojalá. Ten.- Me dijo balbuceando mientras abría un cajón en donde tenía bajo llave las cosas de William.
- ¡Gracias, papi! - Le dije y plantè un beso en sus labios que lo saco de lugar.
No lo esperaba. Habían pasado muchos años desde que lo hice por última vez, cuando era una niña que crecía y mi madre me lo prohibió. Esta vez al despedirse no se levantó para abrazarme y aunque alegó prisa y ocupación yo sabía que era más bien porque la tenía durísima.
...
- Mira, hermanito.- Le dije mostrándole su licencia de conducir y las llaves.- Hoy serás mi esclavo. ¿Còmo ves?
En su mirada se notaba nada más que perversión y después de echarme la mirada por todo mi cuerpo me dijo
- Lo que órdenes.